lunes, 31 de diciembre de 2018

'Diario CONTEXTO': Trabajadoras sexuales en La Plata: el nuevo Código de Convivencia, el estigma y la marginación social

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lunes 31 de diciembre de 2018

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          SOCIEDAD            



Trabajadoras sexuales en La Plata: 

el nuevo Código de Convivencia

el estigma y la marginación social







Cuando en noviembre comenzó a discutirse el Código y la patrulla municipal, las organizaciones salieron a la calle. En la primera fila estaban las integrantes de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR): ven en la gestión de Julio Garro el viejo espíritu de los edictos policiales. ¿Quiénes son esas mujeres? ¿Cuál es su lucha? Una crónica para poner las luchas en contexto.
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Por      Agustina Tittarelli



Uvolkswagen frena en la esquina de 1 y 63 donde está parada Norma, quien trabaja allí hace más de veinte años. Viste calzas negras, una remera manga corta y zapatillas deportivas. Pocos minutos pasaron de las seis de la tarde. El conductor, un pelado de anteojos, baja el vidrio polarizado y pregunta por la tarifa. Por la vereda corren algunos de los nenes que acaban de salir del Jardín de Infantes que está a la vuelta, algunos van de la mano de sus padres y otros jugando. Ella intenta tocarle la cabeza a uno amorosamente, pero antes de poder hacerlo la madre se lo arrebata y se lo lleva caminando a pasos rápidos.

–   "La discriminación y el estigma está en todas partes."   –  afirma  –  "Eso duele. Y mucho."

Norma Polero es la secretaria del Departamento de Salud de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) y miembro fundador de la filial de La Plata. Tiene 56 años y llegó a la prostitución hace casi treinta, cuando se divorció, quedó sola con tres hijas pequeñas a cargo y con el trabajo de empleada doméstica no llegaba siquiera a cubrir las necesidades básicas.

Lleva pelo corto y renegrido, anillos que no llaman la atención y aritos de perlas. Lleva consigo a todos lados una mochila de cuerina negra, que tiene anudado un pañuelo verde y un pin de AMMAR, que tiene inscripta la consigna puta feminista.

“Cuando era joven paraba un patrullero y me metía adentro, no sabía que el trabajo sexual no era ilegal en la Argentina. Después empecé a conocer mis derechos y ya sabía. AMMAR significa eso para nosotras: la posibilidad de organizarnos y luchar por nuestros derechos como cualquier trabajador”, cuenta Norma.

La oficina de AMMAR funciona en la CTA (Central de Trabajadores Argentinos). Es una habitación bastante pequeña (4x4m) a la que se llega caminando hasta el final de un pasillo. Hay un mural con el rostro pintado de Sandra Cabrera, una trabajadora sexual asesinada en Rosario por denunciar el entramado de recaudación ilegal que la policía montaba a partir de la prostitución. Una mesa redonda ocupa gran parte del espacio, sobre ella están desparramados algunos papeles. Hay una maceta en el suelo con una plantita y un mueble que lo único que tiene encima es una pava eléctrica que no tiene agua.

La AMMAR nació como respuesta al constante asedio y violencia de la fuerza policial. Juntándose comprobaron que la organización es la fuerza y el motor para transformar sus realidades y luchar contra el estigma, la discriminación y el maltrato al que están sometidas desde tiempos inmemoriales por la sociedad en general.

Empezaron a reunirse a fines de 1994. En 1995 se sumaron a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), lo que hizo posible que abandonasen la automarginación al reconocerse ellas mismas como trabajadoras.

Desde 1997 integran la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex), que tiene como objetivo apoyar y fortalecer a las organizaciones de mujeres trabajadoras sexuales en la defensa y promoción de los derechos humanos. La Red está compuesta por quince países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay.

Eliana Quilla nació en Sucre pero a los tres años, junto a su familia, abandonó su Bolivia natal para irse a vivir a la costa argentina, a Ostende. Tiene pelo lacio, negro y largo. Es delgada y lleva puesto un top floreado. Pinturas y diseños que ella misma crea visten las paredes de su departamento, que se encuentra repleto de hojas canson, papel madera y tintas de diversos colores. A los dieciocho llegó a La Plata para estudiar Artes Plásticas en la Facultad de Bellas Artes. Desde entonces trabajó como niñera, ayudante de cocina y empleada doméstica. Después de haber trabajado muchas horas y cobrar poco, decidió ser trabajadora sexual. Fue el único trabajo que se ajustó a sus necesidades como estudiante y que le dejaba tiempo libre para estudiar y hacer sus proyectos.

“Puedo elegir mis horarios, tengo más independencia, manejo mis tarifas. No estoy en la calle, me manejo por Internet. Si veo que no hay clientes, bajo las tarifas, si veo que hay muchos, la subo. La demanda horaria es muy poca. En dos horas diarias puedo cubrir lo que antes eran dos días limpiando casas”, explica. Tiene veinticuatro y es secretaria general de la filial de AMMAR de la ciudad. Organiza junto a Norma y las demás militantes las actividades del sindicato: este mes tienen una mesa de incidencia política y en diciembre un plenario. Sus funciones como secretaria se basan en redactar documentos, firmar papeles, atender los problemas y las demandas del día a día de sus compañeras.

Hace poco más de un mes consiguieron que Nora Turconi (concejal de Unidad Ciudadana de Ensenada) les otorgue veinte salarios sociales complementarios cuya contraprestación es en un taller textil.

–   "Lo necesitamos para las chicas que alquilan, que están en situación de calle, para sus hijos. Está muy feo. Nos dieron veinte, pero estamos yendo por más. Las chicas no tienen que dejar la calle, pero saben que por mes tienen asegurados 5.500 pesos para su pieza, para pagar parte del alquiler, para la comida de sus hijos. Ya hicieron el taller de capacitación para coser con máquinas industriales.  "  –   cuenta Norma, con pesar. Les pesa, porque nunca habían tenido necesidad de pedir ayuda para poder comer.

También existen otras problemáticas a las que les gustaría abocarse a partir del próximo año. “Tenemos un grupo de WhatsApp donde están todas las chicas. Y tenemos que mandar audios porque hay algunas que no saben leer”, se lamenta Norma. Desde el Sindicato buscan poner una escuelita donde les enseñen a leer y a escribir. “También está el tema de la documentación."   –  agrega Eliana  –  "Hay compañeras migrantes y no migrantes que ni siquiera tienen el DNI. Tenemos ganas de resolver estas cosas”.

La filial de AMMAR de La Plata pasó por un proceso de desintegración. Estuvo un tiempo sin funcionar, recién el año pasado volvieron a reunirse para organizarse. Actualmente la asociación funciona como un sindicato con todas las letras. Los demás trabajadores de la CTA las saludan y mantienen un vínculo amigable. Se sienten cómodas, a pesar de la pequeñez de la oficina. Una puerta corrediza da al patio de la central de trabajadores, es la única ventilación que tienen. La plantita aprovecha las pocas horas de luz que entra por los vidrios de esa puerta.

“Queremos hacer un censo de trabajadoras sexuales, el que manejamos es del año 2009. Además de estar súper desactualizado, está hecho por el Ministerio de Salud, no está abordado desde una perspectiva social por ser una de las instituciones que más nos discrimina. También nos gustaría crear alianzas con otros sectores sociales, que se solidaricen con nosotras. Este año fuimos a dar charlas a algunas Facultades, empezamos un poco a trabajar eso. Pero hay que profundizarlo”, reconoce la joven.

Respecto al trabajo sexual, existen dos corrientes: la abolicionista y la regulacionista. Desde el año 1949 nuestro país adhiere a la línea denominada abolicionista. Es decir, que desde el Estado y los gobiernos se deben implementar políticas económicas y sociales con el objetivo de abolir las causas de fondo que provocan la prostitución, a diferencia de aquellos países que sustentan la línea regulacionista.

Pese a que la prostitución y la trata para explotación sexual son cuestiones vinculadas entre sí, claramente no toda prostitución es trata. El trabajo sexual es un trabajo como cualquier otro. “Si vos sos obrero en una fábrica, estás vendiendo tu fuerza de trabajo, estás explotando tus manos. Nosotras explotamos nuestra genitalidad”, explica Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR Nacional. Eliana, en esta línea, adhiere: “Cuando sacaron el rubro 59 en Capital y el Solos y Solas de acá de La Plata por la modificación de la Ley de Trata, perjudicaron a un montón de trabajadoras que se la rebuscaban de esta manera. Entonces empezaron a pegar los papelitos. La gente los saca pensando que hace un bien, que así combate la explotación sexual. Pero la realidad es que estamos quienes elegimos ser trabajadoras sexuales y nos perjudican”.

En los últimos años lo que dividió el feminismo de manera irreconciliable fue el debate entre las posturas abolicionista y regulacionista, que debaten la conceptualización del trabajo sexual.

El feminismo abolicionista postula que no existe la elección libre del ejercicio de la prostitución y que toda prostitución es trata. Apunta a su erradicación, ya que su existencia implica la mercantilización y objetualización del cuerpo y por ende es una forma de dominación patriarcal. El polo opuesto, el regulacionista, sostiene que la prostitución es un trabajo, quieren que se legalice y regule por parte del Estado para garantizar los derechos sociales que corresponden a todo trabajador, negociar los espacios públicos donde ejercerla, garantizar las condiciones sanitarias y lograr que sea un trabajo autónomo y voluntario. Creen que la legalización va a combatir la estigmatización, la explotación, la violencia y las mafias que operan en ella.

–   "Nosotras vamos a los Encuentros Nacionales de Mujeres, todos los años. Pero no somos bien recibidas por algunos sectores, algunas nos miran con desdén. Queremos que nos acepten."  – anhela Norma.

Las dificultades de ser trabajadoras sexuales en la ciudad son cada día más. El 17 de octubre, el Concejo Deliberante aprobó la creación de la Guardia Urbana de Prevención (GUP), una nueva fuerza de seguridad en la ciudad para el control de los espacios públicos y que va en línea con el nuevo Código de Convivencia que presentó el intendente Garro. Fue rechazado por organismos de derechos humanos y organizaciones sociales, ya que estipula multas que van desde 4.000 a 170.000 pesos y treinta días de arresto para quienes protesten y corten calles sin tener una autorización 48 horas previas, para quienes coloquen pasacalles, usen megáfonos u ofrezcan sus servicios en la vía pública.

–   "El problema no lo vamos a tener solamente nosotras, sino los que limpian vidrios, los vendedores ambulantes, los que reparten los panfletitos cuando el semáforo se pone en rojo. Se aprueba esto cuando hace tres meses conseguimos la derogación del artículo 68, que criminalizaba la prostitución."  –  se lamenta Norma.

Se multará a los dueños de animales domésticos “que perturben la vida de los vecinos”, se prohíbe el lavado de automóviles en la vía pública, y se sancionará también a quienes recolecten residuos para su venta, entre otros.

En una Argentina asediada hace tres años por el neoliberalismo, donde más de la mitad de los trabajadores cobran un salario por debajo de la línea de la pobreza, donde crece la precarización, el desempleo y las inversiones en desarrollo social y educación constituyen menos de la cuarta parte que durante el último gobierno, el gobierno municipal necesita de un nuevo Código que criminalice la protesta social y cualquier tipo de manifestación contra estas políticas. Además, apuesta a seguir marginalizando a quienes menos posibilidades tienen: trabajadoras sexuales, cartoneros, limpiavidrios.

En el hall de entrada del edificio de la CTA, en una de las paredes laterales, se encuentran colgadas todas las pecheras de las organizaciones y gremios que forman la Central de Trabajadores. La de AMMAR es blanca y sus siglas están en rosa. Le ataron debajo un pañuelo verde.

Son las compañeras de Johana Ramallo, desaparecida por una red de trata. Son las compañeras de Sandra Cabrera, asesinada por denunciar la recaudación ilegal de las fuerzas policiales. Son todas esas injusticias hechas carne. Son mujeres y son madres, abuelas, tías, amigas. Son sororas. Y ahora que sí las ven, van a ir por los derechos que les corresponden y que tarde o temprano serán una realidad.








Argentina, año verde

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SOCIEDAD



La fuerza verde que se transformó en protagonista




Argentina, año verde




En 2018, multitudes de pañuelos verdes inundaron las calles y las plazas del país. La lucha feminista se potenció hasta convertirse en protagonista innovadora de la política. El aborto legal, seguro y gratuito seguirá siendo bandera a la espera de la ley. Todes rompieron el silencio y el poder patriarcal empezó a desmoronarse.
Imagen: Bernardino Avila
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Dijimos que se iba a caer y aunque resiste, se escuchan los crujidos que preceden al derrumbe.

Dijimos “ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven, abajo el patriarcado se va a caer”  y   –  aunque esté lista para operar la fuerza restauradora  – vemos cómo se desploman enormes fragmentos de esas paredes que aseguraban el encierro y el silencio para proteger los pactos patriarcales. Lo que no se podía nombrar ahora se dice, lo que no se podía creer es palabra compartida, los mismos motivos de la vergüenza son el cuerpo que ponemos para la rebelión y el deseo. 

Sí, nosotres abortamos, y no como destino desgraciado si no por elección vital. Sí, todas sufrimos violencia sexual, todes. Y no somos solamente mujeres, somos gordes, travestis, lesbianas, indígenas, villeras, negras, niñes, adolescentes y viejas; todes, con e, en la cara de la Real Academia Española y de cada guardián o guardiana de la lengua pero tan poco de la libertad.  Demasiado tiempo creímos que hablar de las heridas de la violencia sexual era en términos de confidencia, como catarsis, en terapia, para explicar(nos) problemas individuales.  Pero ahora que “feminismo” es pertenencia orgullosa y rebelde, anda de boca en boca que la violencia sexual es un pacto entre machos que se potencian unos a otros para asegurar su jerarquía, para justificar eso del sexo fuerte, para disciplinar a las que ya no son débiles. Sin embargo las voces de unas potenciando a otras fueron la constatación colectiva de que esta violencia es sistémica, estructural, talla sobre los cuerpos feminizados la categoría de género que debemos habitar, señala cómo hacerlo y tiene su propio sistema de penalidades para las disidentes: Lucía Pérez, por ejemplo, no calificó para los guardianes del patriarcado como para considerar su muerte un femicidio. Tan de boca en boca andan esos conceptos que irrumpen en la televisión de la tarde, entre la publicidad del piojicida y el laxante, el estreno de la comedia y el olor a podrido que sale del mundo del espectáculo donde muy pocos resisten el archivo de la violencia de género.

¿Este fue el año feminista? ¿Y no lo fue 2015 con la instalación de la consigna  #Ni Una Menos, o 2016, con el Encuentro Nacional de Mujeres más masivo de la historia y el primer paro nacional por el femicidio de Lucía Perez? ¿O 2017 cuando por primera vez más de 50 países coordinaron un paro internacional de mujeres? si en este 2018 el ánimo de revuelta se siente en el cuerpo cansado de los últimos días del año es porque lo que hubo fue consolidación de décadas de tejidos feministas heterogéneos que cada vez más hacen red, dialogan de manera intergeneracional, interclasista, con las diferencias y discusiones territoriales e identitarias, pero en conversación. Por eso en 2018, el segundo paro internacional ya no fue de mujeres si no feminista e inauguró el año en nuestro país con la ocupación masiva de la calle. Sólo en Buenos Aires, 800 mil personas marcharon para denunciar la precariedad de la vida que es todavía más precaria para mujeres y lesbianas, travestis y trans, peor si estas identidades se cruzan -se interseccionan- con lo que significa ser migrante, o vivir en una villa, si la pobreza acecha, si la racialización condena al exotismo y también a la pobreza y la persecución, si el tamaño del cuerpo o la cantidad de años vividos expulsa del mercado del deseo. El paro como herramienta feminista se consolidó porque, justamente, cruza el mundo del trabajo y lo desborda: cuando paran las mujeres, cuando paran las identidades vulneradas por el patriarcado no para sólo la fábrica, el comercio o el transporte; para la vida cotidiana, para el trabajo de cuidado, para todo el trabajo no remunerado y ni siquiera reconocido como trabajo.  Cuando en un comedor villero las mujeres se preguntaron cómo parar si de ellas dependía que les pibes comieran, la respuesta fue contundente: “¡repartimos crudo!”, para sustraer parte de ese trabajo no remunerado, poniendo imaginación política al deseo de insumisión que arrancó el 8 de marzo o antes, con las asambleas multitudinarias en las que se gestó y fue una corriente que electrizó todo el año, con la demanda de aborto legal en primer plano.


Manadas



Con la séptima presentación del proyecto de ley de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, empezaron los martes verdes en la puerta del Congreso, una manera de vigilancia militante desde la calle de lo que sucedía. La discusión que iba a abrirse en el Palacio Legislativo, palacio que se pobló de los más diversos tonos de voces, multiplicó las adhesiones a un proyecto de ley que se sentía emancipador de las vidas de todas las personas con capacidad de gestar. Se perdió el pudor y decir “yo aborté”, o mejor, “nosotras abortamos” fue un aporte fundamental al debate, enunciado desde muchas formas de agrupamiento que, algunas, con el correr del año se transformaron en organización: los oficios, las profesiones, el lugar de nacimiento, el barrio o la provincia se convirtieron en voces colectivas para poner a circular la palabra pública que decía, como frente a la violencia machista, basta ya. Basta de decidir por nosotres, basta de imponernos un orden opresivo a fuerza de violencia.

A la lucha por el derecho al aborto legal, este año, se le puso el cuerpo. Con intensidad feminista,  gozando de inolvidables logros compartidos: para siempre en la memoria emocional la mañana del 15 de junio cuando después de un acampe de 20 horas frente al Congreso la ley de aborto legal, seguro y gratuito tuvo media sanción en la Cámara Baja. Y apenas dos días después, la sentencia por el travesticidio de la querida dirigente Diana Sacayán, recogió esa palabra reconociendo a la vez la lucha de la militancia lgbtiq, la identidad travesti y el odio particular contra las identidades de género disidentes. Este 2018 será recordado por estos hechos pero sobre todo porque fue un año en el que se masificó la noción de manada, una palabra transitada para quienes habitan (habitamos) los feminismos desde hace tiempo pero que este año fue como una llamada orgánica a sentirse parte y así, hacerse fuerte. Los pañuelos verdes que se masificaron como contraseña de la demanda del derecho a decidir sobre el cuerpo y la vida de cada quien son también el reconocimiento del deseo de exploración de una sexualidad que no sea penalizada por libre, por disidente, por contradictoria, por no querer más que placer compartido. Todo eso queda expuesto con el pañuelo verde y exponerse fue este año  –  y no deja de serlo  –  encontrar guiños cómplices en los medios de transporte, en las escuelas, en los lugares de trabajo, en las calles y en los barrios más empobrecidos. Porque en las villas y los asentamientos también se habló de aborto y de placer al mismo tiempo que del hambre y de la expropiación neoliberal que se agudizó en la segunda mitad del año sin necesidad de organizar jerarquías porque un deseo de emancipación empuja al otro. Los ejemplos sobran y seguramente es insuficiente mencionar tres: el pañuelazo verde en la Cumbre de Base de la organización La Poderosa  –  que discutió largamente su uso  –  las mujeres en la villa 21-24 que llegaron con voz propia al debate previo a la media sanción del aborto legal en el Congreso, las redes barriales en Moreno y San Miguel que se hicieron apretadas después de la explosión en la escuela 39 que mató a la subdirectora y a un auxiliar. Siempre mujeres sosteniendo las tramas y en esas tramas la palabra circula porque además de hacer manada, este año también fue el de la puesta en juego de la palabra feminista en el espacio y la agenda pública.


Derrota y resistencia



Lo que el debate público abierto en la Cámara Baja tuvo de extraordinario  -  por la diversidad de voces, porque hubo datos, historias, identidades trans, disputas, adolescentes que dieron cátedra de libertad en el palacio mientras en la calle su potencia se liberaba, afuera de todo clóset para sus prácticas sexo afectivas  -   la Cámara Alta se ocupó de domesticarlo, de limarle sus bordes y habilitar definiciones escandalosas como las de Abel Albino  –  quien todavía sigue recibiendo subsidios estatales para su fundación  –  como si no fueran únicamente terrorismo moral. Ni vale la pena repetirlas porque se pueden buscar en internet, igual que las declaraciones del presidente Mauricio Macri minimizándolas porque Albino sabe de nutrición  –  ¿y para qué habrá ido al Senado a hablar de aborto?  –.  Pero sí cabe recordar esas aberraciones porque son una muestra de cómo en el Senado se replegó lo que se había abierto con la media sanción, empujada sin duda por la militancia callejera y por la potencia de todos los sentidos que en torno al aborto se abrieron para el debate. La derrota estaba cantada antes de que empezara la sesión que condujo Gabriela Michetti con ansiedad confesa por terminar para “evitar la represión” y alivio expresado en voz alta cuando finalmente se rechazó el proyecto. El gobierno de Macri no movió ni un dedo para sostener un proyecto de ley que se supone habría auspiciado, como se jactó el presidente en la reunión previa al G-20, el Women-20, al contrario, si algo se había desestabilizado en la Cámara Baja con los acuerdos transversales entre legisladoras de todas las fuerzas para que el aborto fuera legal, en el Senado se reordenó conservadoramente para alegría de las mujeres más visibles del Pro como Elisa Carrió  –  que había montado su escandalete en junio, con la media sanción, diciendo en voz alta que a ella le habían asegurado que no iba a salir  –  o María Eugenia Vidal.  La presión de la Iglesia Católica se sintió fuerte, sobre todo sobre el interbloque del PJ que había asegurado que votaría completo a favor de la interrupción legal del embarazo pero tuvo defecciones. Y en los barrios, sobre todo en los más empobrecidos, los evangelismos se empoderaron, derramaron discurso y las disputas por la palabra vida y por las formas de vida que queremos también se hicieron cuerpo a cuerpo. Los fundamentalismos festejaron con fuegos artificiales del otro lado del vallado que montó el Gobierno de la Ciudad como una puesta en escena de la división entre bandos equivalentes. Del otro lado, en una calle ocupada por casi dos millones de personas, las lágrimas feministas se fundieron en la tormenta y secaron al día siguiente, con ley o sin ley, la marea verde del aborto legal había desafiado a las corridas cambiarias que teminarían sellando un acuerdo abusivo con el FMI reponiendo de manera feminista las nociones de autonomía, comunidad, resistencia, deseo. Y la agenda no iba a detenerse a pesar de las agresiones a las jóvenes que portan pañuelos verdes, los intentos por evitar los abortos no punibles en algunas provincias, las arremetidas contra la Educación Sexual Integral que había sido escudo contra la legalización del aborto y que después de agosto se convirtió en demonio para los fascistas antiderechos. En las semanas siguientes al 8A se multiplicaron en las redes los recursos para abortar de manera segura aun sin ley y aunque hubo que hacer duelo colectivo por las muertas que sigue dejando la clandestinidad, las feministas se preparaban para el 33 ENM en Trelew y para debatir con compañeras de distintas regiones en el Foro Feminista contra el G-20.


Plurinacionales contra el racismo



La marcha más multitudinaria de la que se tenga registro en la ciudad de Trelew cruzó sus calles y sus barrios periféricos al final del Encuentro Nacional de Mujeres que, desobediente, busca renombrarse a sí mismo como Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans. Esa multitud que bailaba con las consignas entreveradas que defendían el aborto legal con los derechos de las indígenas, contra el racismo y contra la represión, hicieron recordar a algunas mujeres emocionadas que sostenían pañuelos verdes en la puerta de sus casas a la revuelta popular después de la masacre de 1972 sobre los y las militantes guerrilleras que habían intentado fugarse del penal de Rawson. Ese cruce entre los feminismos, las luchas rebeldes y los derechos humanos estuvo presente en todo el ENM , sobre todo en las voces de las indígenas. El reconocimiento del racismo como práctica invisibilizada se instaló en todos los debates que también se toparon frente a frente con otras desobediencias: la militancia gorda, las travestis organizadas, las putas feministas que no van a dejar que se hable por ellas. Quedó en evidencia que la manada, aquella que las feministas nombran y buscan, también expulsa y que sin interseccionalidad no hay feminismos, o más bien, queda un feminismo liberal que se agota en una idea de igualdad que no puede ver la complejidad de las tramas de la violencia contra las mujeres, lesbianas, travestis y trans. Esa idea vacía que es la que se puso de manifiesto en las supuestas políticas de igualdad que se propusieron durante el G20 que hablan de mujeres sin describir qué mujeres o qué significa a la hora de pensar políticas ser villera, ser indígena, ser negra, ser migrante o ser profesional, trabajadora asalariada, de clase media, blanca y heterosexual. De estas tramas también discutió el feminismo organizado, porque cuando se habla de que las mujeres pobres son las que mueren por los abortos clandestinos son estos sentidos los que aparecen detrás.



Polifonías rebeldes



Para el año que viene, año electoral, como nunca antes las feministas tendrán protagonismo en las listas. Algunas ya se perfilaron, como Ofelia Fernández, la candidata más joven de la historia. La voz de las adolescentes, incluso les niñes en las escuelas haciéndose preguntas sobre el lenguaje, los relatos que les cuentan, los juegos que organizan, son enormes ganancias que acumulan los feminismos en este año que ni siquiera termina. Los debates, de todos modos, están abiertos, sobre todo después de que la principal candidata de la oposición, Cristina Fernández de Kirchner, dijera que en su fuerza política tendrán que convivir “los pañuelos celestes con los pañuelos verdes” como si sólo fueran bandos enfrentados por nimiedades cuando lo que se propone desde ese sector caracterizado con el celeste es la negación de derechos, la demonización de la perspectiva de género como una herramienta imprescindible en todos los ámbitos y el deseo fascista de exterminio de todas las identidades no normativas.  Pero al mismo tiempo que estas discusiones se planteaban, el movimiento feminista, con la pluralidad ya expuesta, mantuvo su fuerza inapropiable: cuando terminaba noviembre, la sentencia absolutoria por el femicidio de Lucía Pérez, puso la rabia en la calle otra vez. En menos de una semana se organizó un paro feminista que se desplegó en todo el país con diferentes modalidades. Las movilizaciones fueron masivas, la sentencia fue calificada como un pacto patriarcal que venía a responder al paro nacional de mujeres de octubre de 2016. Lucía Pérez aparecía estigmatizada por hablar de su sexualidad en chats con amigues, las razones de la absolución eran tan absurdas como que el mismo tipo adulto que tuvo sexo con ella, una adolescente de 16  –  “un poco violento”, según su propia declaración  –  no podía tener malas intenciones si había comprado “Cindor y facturas” antes de captarla frente a la escuela. Sin dudas, hubo una resonancia de la historia de Lucía en la voz de Thelma Fardín cuando relató el abuso que sufrió por parte de Juan Darthés. Porque a lo que se jaqueó con esa denuncia penal pero sobre todo pública fue a la culpabilización de las víctimas, una estrategia tan común, tan habitual, tan refrendada por la justicia y por el sentido común que ordena el patriarcado que tiene  –  ¿tenía?  –  la capacidad de generar silencio, de mantener a la fuerza en la complicidad del encubrimiento al agresor con su víctima. Una estrategia, además, que no reconoce fronteras. Esa acción pública que el colectivo Actrices Argentinas realizó para sostener la credibilidad del relato de Thelma, para apoyarla denunciando a la vez las condiciones en las que se forman, estudian  –  las actrices, pero evidentemente todas  –   y trabajan y que son propicias para que cualquiera pueda ser abusada, fue un sismo cuyas réplicas todavía se sienten y se seguirán sintiendo. Porque a esa denuncia siguieron otras: en partidos políticos, en los sindicatos, dentro de las cámaras legislativas, en lugares de estudio; en las redes sociales y en todos lados. El muro del silencio se derrumbó de golpe y todavía sobre la tierra que tiembla se buscan organizar las voces que no quieren callar. El miedo cambió de bando, lo no dicho encontró palabras. En este desborde los debates se abren otra vez sobre los sentidos de las denuncias públicas, de los escraches, la necesidad de encontrar estrategias colectivas frente a la violencia sexual y la violencia machista que no necesariamente tengan que terminar de dirimirse en los estrados de la Justicia (patriarcal).  Son debates abiertos y necesarios que no borran la enorme potencia de haber puesto a circular la palabra, habilitarla: fuimos víctimas, estamos hartas, basta de andar a solas sosteniendo el pacto patriarcal con nuestro silencio. Es la puesta en común lo que resquebraja aquello que nunca termina de caer pero tiembla por el empuje de todos los cuerpos que estuvieron el año entero en la calle, reclamando, doliéndose y festejando y que reclaman (reclamamos) para sí el aborto legal y los talles triple x, la educación sexual integral y el fin de la justicia patriarcal, la fiesta y el reconocimiento de los trabajos de cuidado y reproductivos, la paridad en los espacios de decisión y los orgasmos. Y a todas esas demandas hay que sumarles dos palabras: organización y feminismo. Porque la puesta en común es organizada y porque feminismo es deseo de transformación y fuerza revolucionaria.








domingo, 30 de diciembre de 2018

'InfoBaires24': Murió Héctor Timerman

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domingo 30 de diciembre 2018

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            POLÍTICA              




Murió Héctor Timerman

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Por            Claudio Siniscalco





Héctor Timerman murió hoy a las 65 años como consecuencia del cáncer que lo aquejaba. El ex canciller fue uno de los funcionarios del gobierno de Cristina Kirchner perseguidos por el régimen de Cambiemos. Había viajado a Nueva York para someterse a un tratamiento en marzo, cuando en realidad debía hacerlo en enero, pero Estados Unidos le había suspendido la visa de ingreso porque Timerman cumplía prisión preventiva ordenada por Claudio Bonadío.


En julio pasado le tomaron declaración indagatoria en la causa por la firma del memorándum de entendimiento con Irán, en la que estaba acusado por encubrimiento del atentado a la AMIA. “La presidenta Cristina jamás me dio una orden que sea contraria a la ley y yo jamás la hubiera cumplido”, dijo el ex canciller.

Por el avanzado estado de su enfermedad, Timerman había declarado de manera anticipada desde su casa aunque con complicaciones, con una voz pausada. “Lo lamento, pero es día a día. Además de cáncer tengo otras enfermedades”, había expresado Timerman aquel 13 de julio. “Cada vez tengo menos fuerzas y quiero demostrar quién miente y quién dice la verdad”, publicó un día antes en su cuenta de Twitter.

El ex ministro de Relaciones Exteriores  -  entre junio de 2010 y diciembre de 2015  -  había viajado a Estados Unidos en marzo para someterse a un tratamiento experimental. Timerman no había podido viajar antes debido a la causa que afrontaba, pero finalmente obtuvo un permiso especial para ingresar a Estados Unidos.

El ex canciller tenía previsto viajar a Nueva York el 9 de enero, pero Estados Unidos le había suspendido la visa de ingreso a ese país. Por entonces, Timerman cumplía prisión preventiva en su domicilio, tal como había ordenado el juez Claudio Bonadío. Durante la feria judicial, le otorgaron la excarcelación.


Mientras se tramitaba la aprobación de la visa, el 23 de enero pasado el ex funcionario fue sometido a una operación pulmonar, vinculada con el cáncer avanzado.

Timerman relataba en sus redes sociales cuál era su estado de salud: “No sé qué me duele más, si saber del cáncer o la ofensa escuálida de la acusación. Duele, todo duele demasiado”, publicó en relación a la causa que afrontaba.

En su declaración, Timerman defendió la firma del memorándum de entendimiento con Irán y la actuación de la ex presidente Cristina Kirchner, y dijo que la causa es una “gran persecución”.

“No hice nada que interfiera con la Justicia. Si tuviera alguna duda no hubiese firmado el memorándum”, agregó Timerman ante las preguntas de los jueces y el fiscal. También defendió a Cristina Kirchner: “La presidenta Cristina jamás me dio una orden que sea contraria a la ley y yo jamás la hubiera cumplido. Pero nunca la recibí. Ella estaba muy interesada en resolver este caso y resolverlo bajo su presidencia. Quiero dejar en claro esto porque parece que el tema del memorándum lo están usando para atacarla”.









'LaPolíticaOnline': La dimensión ética en toda práctica jurídica

LaPolíticaOnline
domingo 30 de diciembre de 2018


JUSTICIA


La dimensión ética en toda práctica jurídica


En el Encuentro Nacional de Ética, los operadores jurídicos podrán repensar las demandas de la comunidad a la justicia
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Por       Nicolás Galvagni






































El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación  -  desde el programa Justicia 2020  -  nos invita a reflexionar sobre el rol de la ética profesional, un potente motor para repensar los marcos de acción y los itinerarios formativos de los profesionales del Derecho. El impulso a la creación de ámbitos de encuentro y debate materializó numerosas iniciativas que apuntan a poner en la agenda académica, pública y parlamentaria la necesidad de contar con operadores jurídicos al servicio de sociedades más justas y democráticas.


La diversidad de roles y ámbitos de práctica que habilita el campo de las ciencias jurídicas no debe ser un impedimento para pensar los problemas y desafíos comunes que impone nuestro tiempo. Sumar nuestras voces y voluntades en torno a la discusión de las destrezas y habilidades requeridas para mejorar el estado del Derecho es un compromiso ético, profesional y político que no podemos desconocer, mucho menos, todos aquellos que ejercemos la función pública.


Reconocer que existe cierta molestia y desconfianza ciudadana sobre el accionar de los poderes públicos es el punto de partida para responder de modo satisfactorio a las demandas de la comunidad  -  por cierto válidas y legítimas  -   de contar con instituciones cercanas, modernas, comprensibles, transparentes e independientes. Mejorar su desempeño democrático debe seguir siendo una experiencia viva y exigente en la cual tenemos que enfocar nuestros mayores esfuerzos.


En este camino se encuentra la provincia de Buenos Aires, preparada para recibir en la ciudad de La Plata el 2do Encuentro Nacional de Ética: "La ética como pilar en la formación y práctica de las profesiones jurídicas", a realizarse el próximo viernes 14 de diciembre en el Anexo del Honorable Senado bonaerense. Participar de la organización junto con las autoridades del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación es un gran desafío porque demuestra cuán enraizada está la temática en la agenda gubernamental.


Juristas, magistrados, funcionarios públicos, abogados e instituciones profesionales debatirán sobre la ética judicial, la ética en el ejercicio de la abogacía, el rol de los Tribunales de Disciplina de los Colegios de Abogados y la ética de la función pública. Estos ejes serán disparadores para construir de forma colectiva ideas y estrategias para perfeccionar una profesión de interés público que, sin dudas, cumple un rol institucional fundamental para la democracia constitucional y la persecución del bien común.


Contar con un espacio para abordar críticamente los dilemas éticos que nos plantea el ejercicio de nuestra profesión es una oportunidad para poner en común aquellas situaciones que pueden suscitar algún tipo de duda sobre su legalidad, desatar conflictos de intereses o configurar delitos.


Pero también es fundamental comprender que la existencia de leyes y códigos de ética no garantizan, por sí solos, la erradicación de comportamientos antiéticos. El comportamiento ético, en esencia, interpela a los individuos a hacer lo correcto, lo esperado, lo que se supone que está bien y deposita en cada uno de nosotros la responsabilidad de decidir actuar con probidad o no.


Esa elección no se toma libre de ataduras sino que operan condicionamientos institucionales, sociales, políticos y culturales marcados por cada momento histórico. No obstante, mucho puede aportar la existencia o no de un clima ético, de programas de cumplimiento (o de compliance) y de organismos de juzgamiento disciplinar que tracen las coordenadas de actuación posibles y esperadas.


Hilvanar las ideas, propuestas, acciones y experiencias de los operadores jurídicos nos ayudará a vislumbrar el Derecho como un campo de intervención crítico del cual esperar profesionales más confiables y comprometidos. Ojalá que el 2do Encuentro Nacional de Ética nos brinde una hoja de ruta para arribar a este objetivo.