sábado, 3 de marzo de 2018

El hit del verano argentino y la salud mental del gobierno

El hit del verano argentino
y la salud mental del gobierno



Los gobiernos argentinos de distinto color parecen acosados por un mal repetido y de una 

voracidad terminal: es el momento en que pierden contacto con la realidad. 


A algunos les llega por encerronas exteriores o por errores propios que sus decisiones

acompañan o propician; a veces ocurre por el desgaste de la misma gestión. 


A algunos les llega más tarde, a otros, más temprano. 


Es un momento aciago para la sociedad y los gobernados, porque en esa instancia 

ya no hay comunicación; más allá de cualquier lineamiento político, el gobernante 

sólo se escucha a sí mismo, a lo que se llama su círculo de confianza.


En esa situación suceden cosas de un nivel de delirio inusitado, se toman decisiones 

que van en la única dirección de radicalizar las anteriores.  


Cuando el gobernante habla, en esos momentos, trata de hacerle ver a sus gobernados 

lo que le dicen que existe y en lo que él cree sinceramente. 


En esos momentos, creo que el gobernante deja de engañar porque sencillamente vive 

en el engaño, ya que para engañar hace falta percatarse de que lo que se quiere hacer 

creer no es lo que sucede. 


Ya no es cinismo, en el caso de gobernantes afectos a engañar, sino lisa y llanamente

pérdida de contacto con la realidad e incapacidad de interacción (inter)subjetiva.


Con todas las diferencias del caso, una pérdida de contacto tal es la que pudo haberle 

sucedido a Yrigoyen con su famoso diario; y más acá al alfonsismo encerrado entre las 

cuatro paredes de la arrogante Coordinadora; y luego a Menem gobernando con sus

hombres de confianza, el hermano Eduardo, Corach marcando la agenda diaria en la 

conferencia de prensa callejera en el zaguán de su edificio, el asesoramiento de Kohan, 

todos dentro de la gran ficción cavallesca del 1 a 1. 


Menem debe vivir aún en ese estado a juzgar por sus recientes declaraciones, 

olvidadizas de las dos condenas que pesan sobre él, cuando sostuvo que sus

gobiernos fueron la excepción a la corrupción generalizada de los mandatarios argentinos. 


También le sucedió, en una versión payasesca difícil de igualar, a De la Rúa, cuando le 

hizo lugar entre sus influencias a uno de sus vástagos enamorado de una cantante 

colombiana (la cual, para su propio bien, quizá, se mudó a Barcelona). 


En otro sentido, pero exhibiendo también el común denominador de ser incapaz de 

corregir errores (a fuerza de insistir en la misma dirección y con las mismas herramientas), 

le sucedió al segundo gobierno de Cristina, que no supo integrar la variedad de las 

fuerzas peronistas,  encerrándose en un reducto de valiosos jóvenes camporistas y otros 

jóvenes nomás, algunos de los cuales no bien cambió el gobierno se pasaron a un opo-

oficialismo... mostrando así su genuina naturaleza e intereses.


En el caso del momento del actual gobierno, mientras diariamente ocurren sucesos 

políticos, sociales, económicos de una gravedad que sólo un mecanismo de tenaz 

negación informativa (como aquel en el que vivimos los gobernados) puede obliterar, 

observo que en las últimas semanas se ha entrado ya en ese callejón del cual, al menos 

yo, nunca vi retorno. 


El 21F, con unos 300 mil en la 9 de Julio, el presidente arengando en Entre Ríos 

que hemos crecido económicamente como nunca en 100 años, muestra ya una

afección al retruco, pues duplica el cálculo inicial más modesto del mejor equipo de 

los últimos 50 años. 


El jefe de gabinete y cerebrito Marcos Peña, en un aquiescente show televisivo (donde

sólo el denostado Guillermo Moreno supo estar a la altura de las circunstancias ridiculizando 

a su fanfarrón conductor),  declarando que al ministro que endeuda al país y en favor de 

sus propias consultoras a un nivel que hasta le hace levantar las cejas a The Economist, al 

querido Toto Caputo, le tenemos que hacer un monumento, porque es un orgullo nacional, 

un genio de las finanzas, un global player que, con la humildad de una carmelita descalza, 

ha retornado, cual iluminado a la Caverna, desde su desempeño coronado en la Champions 

League para jugar en la segunda división de estas pampas, deponiendo sus propios

negocios sólo para servir a la Patria.


Insisto, no creo que esta gente busque engañarnos; ni eso. 


Ha entrado en un proceso psicológicamente similar al aludido en los casos anteriores,

y nada indica que algo les hará torcer el rumbo, sencillamente porque hay un momento 

en que, para todo gobierno nacional, las palabras y las creencias del gobernante tienen 

la fuerza de construir realmente el mundo, un momento en el que no hay distinción entre 

realidad y ficción.


Sin embargo, las acciones del actual gobierno en tal instancia no están privadas de fuerza 

normativa con respecto a lo aceptable, no por ser real, sino por ser conforme a sus creencias, 

que son lo único que cuenta. 


En este aspecto, la más pura cepa de este gobierno encuentra en la instancia terminal en

la que ha entrado su propia realización, ya que si hay algo intrínseco a los más connotados 

miembros del actual gobierno, eso es, precisamente, el hacer del mundo algo conforme a 

su propio deseo. 


Por eso, no es que nos engañen, es algo mucho más atroz: para gente como ésta no 

podemos ser otra cosa más que piezas dentro de su propio deseo y creencia. 


De allí la tendencia a patologizar al gobernado rebelde; éste no es alguien que expresa 

una antítesis, sino alguien engañado, en el más común de los casos, por el populismo de 

la pesada herencia. 


De allí que la terapia que nos aplica este gobierno sea la de abrirnos los ojos, no la de 

disputar creencias. 


Por eso no argumentan, el comportamiento polémico y la disputa argumentativa son 

prácticas políticas naturalmente extrañas a personas cuyo hacer no se apoya en 

perseguir una idea o examinar un problema. 


De allí que la terapia que nos aplican sea irracionalmente emocional: abandonar 

completamente las ideas que los gobernados tenían, y que recibieron de su sociedad, 

como la salud y educación pública, el sistema jubilatorio solidario, la justicia social, pero 

no porque éstos sean intrínsecamente malos o incoherentes con las ideas de este 

gobierno (puede haber peronistas y socialistas que incluso los defiendan, moderadamente, 

dentro de su gabinete), sino porque formaron parte de un engaño histórico, del cual la Misión 

del actual gobierno es la de despertarnos, alejarnos y finalmente salvarnos. 


Se trata de un gobierno cuyos cónclaves y actos se parecen bastante, por esto mismo, a 

esas misas evangélicas de sanación con la ideología de la auto-ayuda. Un lema central 

de su acción de gobierno es: sacar una traba, arreglar la cancha para que jueguen los 

jugadores, como describió el Sr. Presidente su futura acción de gobierno una vez en el 

coloquio de IDEA.


Cambiemos vino para cambiar las cosas para que nada cambie.


El hit del verano futbolístico (que se oye en canchas pero también en otros espacios) no 

puede confundirse con una detestable expresión racista de algunas hinchadas. Por eso 

no debe ser prohibido alegando esa razón.  


Se trata más bien de un grito masivo de los gobernados, de aún vaga dirección (a pesar

del nombre propio) y de aún más incierto alcance. Pero un grito de los gobernados rebeldes, 

al fin. 


No la expresión más pulida de un paro gremial, sino la más tosca, pero no menos fuerte y

clara manera de decir: No, así no.


El gobierno, encerrado en su mundo de creencias, querrá seguramente explicar el hit por 

el mal uso del VAR o por la omnipresente politización que el peronismo hace de la vida civil

argentina.  


Y en otro retiro en Chapadmalal algún funcionario ofrecerá algún rito para que pronto pase 

el verano.




Fabián Mié
CONICET

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