martes, 13 de marzo de 2018

'​ElBarullo': Continuidades en la Plaza


ElBarullo   


de  Conrado Yasenza



Apuntes críticos y no tanto





martes 13 de marzo de 2018






Continuidades en la Plaza






La marcha y el silencio





La marcha del 18 de febrero, denominada 18F o "Marcha del silencio" (ya casi como apelación reiterativa a la sigla o el slogan nominativo luego del 11S) fue multitudinaria y su composición barruntó una mayoritaria presencia de clase media con escasa presencia de jóvenes. Un dato para el análisis sociológico: Esos jóvenes no orgánicos ¿desde qué estructura partidaria pueden ser convocados? ¿a través de qué organización política pueden canalizar sus expectativas de cambio? Sabemos que ni el trotskismo ni el kirchnerismo convocaron o adhirieron a la marcha, y la mención nos es caprichosa sino que allí puede hallarse una explicación ya que estas plataformas políticas están conformadas por un fuerte componente juvenil.























El fiscal Alberto Nisman no es un héroe social ni colectivo como se pretende desde los discursos de los grandes medios sino un fiscal que coqueteó con el poder de los espías locales e internacionales (CIA y MOSSAD) y que presentó una denuncia insostenible de la cual ya casi ningún sector de la oposición política habla, y menos defiende o levanta como estandarte. Aún menos, luego de las deconstrucciones jurídicas que amplios sectores del campo judicial realizaron, entre ellos, el ex fiscal Luis Moreno Ocampo. En ese sentido es que las declaraciones realizadas por el presidente de la Auditoría General de la Nación, Leandro Despouy, constituyen un grave hecho institucional. Despouy comparó la realidad política de la Argentina del 73, sociedad convulsionada por el dramático clima de violencia política producto de la irrupción de la "Revolución Libertadora"  en 1955, que durante dieciocho años  proscribió al peronismo, generando esta proscripción tensiones que se evidenciaron hacia el interior del movimiento. Despouy provoca desde el embuste. Se utiliza así la muerte de un fiscal en la elaboración de un capítulo más del proceso que intenta desestabilizar a un espacio político que lleva tres gobiernos ejercidos por mandato popular. Las declaraciones de Despouy coronaron ese ciclo de aprovechamiento político irresponsable que es atendible considerar como deseo desesperado de hacer real el fin de ciclo. Nisman no es un héroe social, menos político en el sentido de una vasta trayectoria militante; tampoco es comparable con Rodolfo Ortega Peña: Su muerte sí fue la de un militante y sí fue un asesinato político que se produjo en otro tiempo histórico para nada equiparable al actual. Las falacias de Despouy  emanan un ¿aroma? ¿hedor? que sí es comparable con la perpetración de un estado de conspiraciones, con clara participación de los EE.UU, direccionado a alterar el ciclo natural del proceso democrático a ocho meses de las elecciones presidenciales.











* Periodista. Director de la Revista de Cultura y Política,  La Tecl@ Eñe








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