jueves, 1 de junio de 2017

'REBELIÓN': "Criminalizando la protesta social: Fabriquemos un delito"

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jueves 1º de junio de 2017




Carta abierta a los Poderes





Criminalizando la protesta social: Fabriquemos un delito


Por            Luis Böhm

Rebelión



"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, pero para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada." 

Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller (1892-1984) 




    

A raíz del Paro General y la movilización que se produjo en Mendoza el día 6 de Abril del presente, fueron imputados varios ciudadanos por "impedimento del normal funcionamiento de los transportes por tierra" previsto en articulo 194 del Código Penal. 

Este método es una decisión política de criminalizar la protesta y el ejercicio del derecho a la libre expresión. El fundamento es que el Código Penal fue hecho con posterioridad a la constitución, y en ella se defiende como un pilar básico de una democracia el derecho a la libertad, a la libertad de expresión y a peticionar a las autoridades (arts 14, 32 y 43 CN). 

El artículo 194 sería aplicable si existiese daño a la propiedad o lesiones u otros delitos contra las personas. Claramente no se trata de este caso que fue una marcha pacífica y en el marco de un Paro General Nacional, donde además estaba anunciado el desplazamiento y puntos de concentración de tal modo que la autoridad administrativa podía prever las molestias a terceros que esto podía acarrear y debió tomar las medidas del caso. 

Distintos fallos y jurisprudencia sostienen afirmaciones muy interesantes sobre el exceso de aplicar este artículo a las protestas sociales pues debilitan el sentido profundo de una democracia: "las protestas sociales que toman el espacio público con el único fin de dirigir y hacer oír sus reclamos no deberían ser sujetas a medidas gravosas e intensas como su criminalización, porque ello conduciría a la penalización de manifestaciones sociales pacíficas que no encajan exactamente en las normas penales y que son desarrolladas en ejercicio de derechos de jerarquía superior". 

Existe una clara discriminación en los comunicadores sociales y en dirigentes políticos que segregan y estigmatizan este tipo de manifestaciones de aquellas en las que tienen algún interés: ahorristas estafados, ambientalistas, feligreses, maratonistas, etc. Las meras molestias que pudiera ocasionar un marcha o corte por protesta social no puede considerarse "peligro" a los fines del capítulo II del Código Penal, que habilita a colocar castigo a conductas que efectivamente pongan en peligro los bienes jurídicos protegidos. La mayoría de estos casos cuando han sido sancionados, lo son por parte de la legislación contravencional y deben resolverse con el ejercicio de la prevención y coacción administrativa local. De hecho, hasta en el cuestionado Protocolo de Actuación de las Fuerzas de Seguridad de Estado en Manifestaciones Públicas elaborado el 17 de febrero de 2016 se establece que primero debe persuadirse a los manifestantes a deponer del corte y si así no lo hicieran se procederá a intervenir y disolver la manifestación. Queda claro que no se propone la criminalización penal de la conducta. Las demoras a terceros no son un delito en nuestro Código Penal, salvo que se produzcan por privación ilegitima de la libertad, abuso de autoridad, extorsión, u otros delitos que si están contemplados. 

Cuando los Magistrados aplican el Código Penal deben hacerlo con la totalidad de lo contemplado en su cuerpo , y no desvirtuarlo con las partes especiales de las disposiciones, a riesgo de tergiversar la naturaleza del CP, el espíritu del legislador al redactarla y aún a violentar las jerarquía de derechos que obran en nuestra Constitución. 

Además hay que tener en cuenta las causas de justificación, pues los manifestantes no tienen respuestas institucionales a sus demandas, se encaminan a situación de despidos y pobreza, los medios no se hacen eco de sus reclamos y están condenados a sufrir males inminentes y graves de no recibir atención a sus reclamos. De hecho los artículos de libertad de expresión (14, 36 y 37 de la CN y arts 13, 15, 16 y 23 CADH) se distinguen por proteger acciones que normalmente afectan a derechos de terceros, que se pretenden sustanciales para el funcionamiento de una sociedad democrática. Es un derecho eminentemente perturbardor del orden pues busca llamar la atención sobre un conflicto con otros derechos que son avasallados, y que las distintas doctrinas entienden que deben ser admitidas para permitir el desarrollo social por vías pacíficas y democráticas. 

El relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló incluso que "las manifestaciones sociales revisten un interés social imperativo, lo que deja a los estados un marco aún más ceñido para justificar una limitación a esa forma de ejercicio del derecho a la libertad de expresión. La relatoría entiende que las limitaciones al derecho de reunión deben estar dirigidas exclusivamente a evitar amenazas graves e inminentes". "El amedrentamiento a la expresión a través de la imposición de penas privativas de libertad para las personas que utilizan el medio de expresión por manifestaciones sociales en la vía pública, tiene un efecto disuasivo sobre aquellos sectores de la sociedad que expresan sus puntos de vista o sus críticas a la gestión de gobierno como forma de incidencia en los procesos de decisiones y políticas estatales que los afecta directamente". 

Una sociedad democrática debe reconocer a lo largo de toda su historia a las protestas sociales como uno de sus principales motores para la obtención del bienestar común. La Revolución de Mayo de 1810, la Reforma Universitaria del 18, el 17 de Octubre del 45, etc, etc. 

Además resulta inevitable recordar que en nuesta cultura se realizan numerosas manifestaciones en la vía pública que no reciben el mismo trato por parte de la justicia como festejos deportivos, procesiones religiosas, cacerolazos, conciertos, los cortes de la patronales del campo, etc. Esta arbitrariedad en la consideración de ilegalidad hace sospechar que en realidad pretende criminalizarse en razón de su contenido o por la calidad personal de sus integrantes o por gestos de exceso de autoridad. El ejercicio de la libertad de expresión, efectivo, implica la existencia de condiciones y prácticas sociales que la favorezcan, y no que las limite. 

De otro modo solo se estaría debilitando el ejercicio de este derecho y con el agravante que "casualmente" se trata de los grupos sociales más vulnerables de la sociedad, cuya libertad de expresión se encuentra sumamente limitada por razones de hecho: no cuentan con medios masivos de comunicación, no poseen comunicadores pagos que aboguen por su causa, y muy pocas herramientas para influir en quienes deben garantizar su bienestar. 
Es preocupante que un sistema democrático conviva con situaciones de pobreza, miseria y desempleo, pero es catastrófico que tales situaciones no puedan traducirse en demandas directas por los afectados sobre el poder público. Si además entre los manifestantes se encuentran legisladores de cualquier signo partidario, como fue el caso en Mendoza, y se los imputa y pretende el desafuero por algo que ya he justificado que no es delito penal, estamos ante un hecho de gravedad institucional desmesurada. 

Espero que el Poder Legislativo actúe a la altura de lo que se pone en juego y no opere como una mera escribanía de un Poder Ejecutivo y un Ministerio Público que se encaminan a un peligroso proceso de limitar libertades y derechos superiores. 




Luis Böhm
Senador Provincial


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante unlicencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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El usufructo de la grieta


jueves 1º de junio de 2017




Una consecuencia de la subjetivación de la política.




El usufructo de la grieta

La táctica de distraer a la población de las políticas de exclusión, que favorecen a determinados grupos económicos, permite implementar la acumulación con el mínimo grado de desesperación y agitación.



Por           Hernán C. Guggiari    *





Los medios dominantes y la oposición a CFK publicitaron exitosamente que ella agrietó la sociedad Argentina. Se utilizó un término que expresa lo indeseable y dañado, con la capacidad de absorber y neutralizar una historia de ideales solidarios y soberanos, provenientes de diferentes fuerzas políticas, reduciéndolos a un fenómeno parcial como los distanciamientos personales a causa de las disputas sobre política.
La táctica para relativizar políticas sociales es fomentar controversias que alimenten la grieta. Distraer a la población de las políticas de exclusión, que favorecen a determinados grupos económicos, deja a las conciencias dispersas y sometidas; permitiendo implementar la acumulación con el mínimo grado de desesperación y agitación. Estados que se neutralizan ofreciendo en sacrificio a los que fueron ubicados a un lado de la grieta e identificados como los rebeldes al plan A y culpables del malestar.
Más allá de los intereses que recortan un hecho para naturalizar un relato, hace tiempo que no se destacaba una intensidad afectiva tan propia de nuestro carácter. La defensa acalorada abrevó, por un lado, en el lazo amoroso que se estableció con Cristina Fernández y Néstor Kirchner, que luego de su fallecimiento transfirió y duplicó la carga afectiva hacia CFK. Que una mujer haya asumido la categoría y carácter de Amo popular fue mayor causa de este amor que los beneficios materiales otorgados.
Su contrapunto fue la intensidad del odio que se despertó ante el amor a la presidenta. No fueron sus errores lo que consolidó un bloque opositor. La hostilidad escénica, en muchos, se convirtió en el amor hacia el contrario sin otra razón más que compartir el objeto odiado, por eso los argumentos para sostener el voto a los ceos del pragmatismo son verdaderos laberintos de contradicciones. La crítica a CFK toma el lugar de velo para ocultar lo insostenible. En los acólitos, el odio se monta sobre las huellas de la exclusión. Expulsión de todo lo que amenace el status quo.
El amor apacigua el impacto de las fallas y debilidades del objeto amado de la misma manera que el odio les da trascendencia, mecanismo que permite agrupamientos dignos de un gran collage porque anula el espíritu crítico y la honestidad intelectual.
La otra vertiente fue la empatía que logró el relato sobre el sujeto de derecho. Este fue el intento de otorgar poder al ciudadano, a través de leyes sancionadas por el Congreso, para incluirse en la lucha interna y cotidiana por la soberanía, justicia, trabajo, educación, salud, seguridad, etc. Propósitos que superan a un partido político y a un gobierno, como a los políticos que las enunciaban. Muchos de ellos quedaron en franca ilegalidad y traición respecto de ellos.
En lo cultural es un paradigma que se ofreció a las identificaciones secundarias que nos representan en el plano social: yo soy esos derechos. Implica e involucra a cada persona en su realidad y en las causas de su malestar. Saber que lo que uno y tu otro obren en el campo social favorece o perjudica. Que el sometimiento de la política y de la justicia, para beneficiar al poder, se sienta a tu mesa y está en tus sueños. De sus nombres e intereses. Denunciar la manipulación de la comprensión, desde la comunicación masiva, construyendo realidades según los intereses de los grupos económicos. La negación es la vacuna.
Fue una apuesta a la subjetivación de la política a través de una militancia moral de la responsabilidad social contra las naturalizaciones provenientes de la moral dominante que echaron raíz en el sentido común pero sin medir, en la estrategia y táctica, que la dinámica de lo social sigue lógicas de realización diferentes a la singularidad que se constituye en un sujeto. En el sujeto la responsabilidad se enfrenta a las pérdidas y a la culpa inconsciente, al contrario de las elecciones del plano social que se cambia de objeto y opciones sin que se produzcan estás pérdidas, ni culpa. Característica que se refleja en cierta hipocresía, levedad y un como si necesario para el funcionamiento de lo social cotidiano. Creó una nebulosa equívoca al igualar al par diferente con los causantes de los desastres económicos que llevó a sostener un alto nivel de conflicto personal en los vínculos. La condición de Amo de CFK absorbió la tensión que se tradujo en rechazo y resentimiento hacia ella.
Aislamos una frase contraria a la implicación subjetiva en la política: "otra vez sopa", secuela de la naturalización dominante. Posición pasiva que objetaliza a la persona al proyectar sobre el Amo elegido la culpa de su displacer. La frase actúa como canal de descarga de la tensión, que produce la insatisfacción y la frustración, por el bienestar que no llega.
Eran exigencias que contrastan con el medio político y sus comunicadores. Ellos pueden acusar a su par de ladrón y a la vez asociase al mismo sin cuestionamientos personales. Su moral se va torciendo en función de obtener un reconocimiento que les dé participación en el poder: inventaron la frase ¡mi límite es...!, límite que se corre según acuerdos espurios o grado de sometimiento.
Quizás para lograr que una moral de la responsabilidad social se incorpore al carácter de nuestra población deberíamos identificarnos con los actos, en relación a la ley, de las figuras que nos representan o que representan a los grupos económicos. El influjo siempre va del dominante al dominado. Por ejemplo, en Islandia, el primer ministro renunció por tener cuentas off-shore en paraísos fiscales. También renunció el presidente de Chile Transparente, el ministro de Energía de España y el primer ministro de Inglaterra, por implicación de su padre en cuentas off-shore, luego del Brexit, etc.
En cambio, nuestro paraíso moral naturalizó que solo es robo al Estado cuando el dinero está en bolsos, pero si los bancos fugan dinero a cuentas off-shore es un negocio de los grupos económicos o de nuestro padre (nueva versión del delito permitido en Argentina). Estas identificaciones liberan de la responsabilidad social porque trasmite y facilita una satisfacción transgresiva e inmediata como identidad de un pueblo.
Si bien las intenciones pueden ser valederas, no sabemos si el sujeto de derecho es posible en el capitalismo de un país que no cesa en su emergencia o si con él se llega más allá del populismo. Lo que podemos afirmar es que los representantes y los comunicadores de nuestra clase dominante deben cambiar su moral para que se pueda reducir la grieta entre pobres y ricos. Al modo de un acto fallido se nombran a sí mismos Cambiemos. ¡Háganlo!
        
*    Psicoanalista







POR JUSTICIA...














POR  JUSTICIA...

Sólo por Justicia



Medioambiente y desigualdad social


jueves 1º de junio de 2017



Medioambiente y desigualdad social







Las catástrofes naturales están presentes por todo el globo terráqueo, sin diferenciar continentes o países. Pero existe una oligarquización territorial de la producción de los gases de efecto invernadero, una democratización planetaria de los efectos del calentamiento global, y una desigualdad clasista y racial de los sufrimientos y efectos de las conmociones medioambientales.
Por         ÁLVARO GARCÍA LINERA     (*)

¿Puede la naturaleza hablar? ¿Puede la naturaleza contarnos los males que le afectan? Descontando el lenguaje verbal creado por el ser humano, la naturaleza no verbaliza; lo que sí tiene es una capacidad infinita de comunicar, mediante otros lenguajes no proposicionales, un conjunto de conmociones que la están perturbando.
El calentamiento global es uno de estos cambios dramáticos que a diario la naturaleza nos informa. Cambios abruptos del clima, sequias en regiones anteriormente húmedas; deshielo de glaciales, cataclismos ambientales, huracanes con fuerza nunca antes vista, desbordes crecientes de ríos., etc., son solo unos de los cuantos efectos comunicacionales con los que la naturaleza informa lo que le está sucediendo.
No obstante, la manera en que las catástrofes ambientales afectan la vida de la humanidad no es homogénea ni equitativa; mucho menos lo es la responsabilidad que cada ser humano tiene en su origen.

Clase y raza medioambiental

En la última década, se puede constatar que las catástrofes naturales más importantes están presentes por todo el globo terráqueo, sin diferenciar continentes o países; en ese sentido, existe una especie de democratización geográfica del cambio climático. Sin embargo, los daños y efectos que esos desastres provocan en las sociedades, claramente están diferenciados por país, clase social e identificación racial. De manera consecutiva, hemos tenido en el periodo 2014-2016, los años más calurosos desde 1880, lo que explica la disminución en el ritmo de lluvias en muchas partes del planeta. Aun así, los medios materiales disponibles para soportar y remontar estas carencias y, por tanto, los efectos sociales resultantes de los trastornos ambientales, son abismalmente diferentes según el país y la condición social de las personas afectadas. Por ejemplo, ante la escasez de agua en California, la gente se vio obligada a pagar hasta un 100% más por el líquido elemento, aunque esto no afectó su régimen de vida. En cambio, en el caso de la Amazonía y las zonas de altura del continente latinoamericano se tuvo una dramática reducción del acceso a los recursos hídricos para las familias indígenas, provocando malas cosechas, restricción en el consumo humano de agua y ‒  especialmente en la Amazonía  ‒ parálisis de gran parte de la capacidad productiva extractiva con la que las familias garantizaban su sustento anual.
Asimismo, el paso del huracán Katrina por la ciudad de Nueva Orleans en 2005, dejó más de dos mil muertos, miles de desaparecidos y un millón de personas desplazadas. Pero los efectos del huracán no fueron los mismos para todas las clases e identidades étnicas. Según el sociólogo P. Sharkey [1], el 68% de las personas fallecidas y el 84% de las desaparecidas eran de origen afroamericano. Ello, porque en las zonas propensas a ser inundadas, donde el valor de la tierra es menor, viven las personas de menos recursos; mientras que los que habitan en las zonas altas son los ricos y blancos.
En este y en todos los casos, la vulnerabilidad y el sufrimiento se concentran en los más pobres (indígenas y negros), es decir, en las clases e identidades socialmente subalternas. De ahí que se pueda hablar de un enclasamiento y racialización de los efectos del cambio climático.
Entonces, los medios disponibles para una resiliencia ecológica ante los cambios medioambientales dependen de la condición socioeconómica del país y de los ingresos monetarios de las personas afectadas. Y, dado que estos recursos están concentrados en los países con las economías dominantes a escala planetaria y en las clases privilegiadas, resulta que ellas son las primeras y únicas capaces de soportar y disminuir en su vida esos impactos, comprando casas en zonas con condiciones ambientales sanas, accediendo a tecnologías preventivas, disponiendo de un mayor gasto para el acceso a bienes de consumo imprescindibles, etc. En cambio, los países más pobres y las clases sociales más vulnerables, tienden a ocupar espacios con condiciones ambientales frágiles o degradadas, carecen de medios para acceder a tecnologías preventivas y son incapaces de soportar variaciones sustanciales en los precios de los bienes imprescindibles para sostener sus condiciones de vida. Por tanto, la democratización geográfica de los efectos del calentamiento global se traduce, instantáneamente, en una concentración nacional, clasista y racial del sufrimiento y el drama causados por los efectos climáticos.
Este enclasamiento racializado del impacto medioambiental se vuelve paradójico e incluso moralmente injusto cuando se comparan los datos de las poblaciones afectadas y de las poblaciones causantes o de mayor incidencia en su generación.
La nueva etapa geológica del antropoceno  ‒  un concepto propuesto por el Premio Nobel de Química, P. Crutzen  ‒caracterizada por el impacto del ser humano en el ecosistema mundial, se viene desplegando desde la Revolución Industrial a inicios del siglo XVIII. Y, desde entonces, primero Europa, luego Estados Unidos, y en general las economías capitalistas desarrolladas y colonizadoras del norte, son las principales emisoras de los gases de efecto invernadero que están causando las catástrofes climáticas. Sin embargo, los que sufren los efectos devastadores de este fenómeno son los países colonizados, subordinados y más pobres, como los de África y América Latina, cuya incidencia en la emisión de CO2 es muchísimo menor.
Según datos del Banco Mundial [2], Kenia contribuye con el 0,1% de los gases de efecto invernadero, pero las sequías provocadas por el impacto del calentamiento global llevan a la hambruna a más del 10% de su población. En cambio, en EEUU, que contribuye con el 14,5%, la sequía solo provoca una mayor erogación de los gastos en el costo del agua, dejando intactas las condiciones básicas de vida de su ciudadanía. En promedio, un alemán emite 9,2 toneladas de CO2 al año; en tanto que un habitante de Kenia, 0,3 toneladas. No obstante, quien lleva en sus espaldas el peso del impacto ambiental es el ciudadano keniano y no el alemán. Datos similares se puede obtener comparando el grado de participación de los países del norte en la emisión de gases de efecto invernadero, como Holanda (10 TM por persona/año), Japón (7 TM), Reino Unido (7,1 TM), España 5 TM), Francia 8% TM), pero con alta resilencia ecológica; frente a países del sur con baja participación en la emisión de gases de efecto invernadero, como Bolivia (1,8 TM), Paraguay (0,7 TM), India (1,5 TM), Zambia (0,2 TM), etc., pero atravesados de dramas sociales producidos por el cambio climático. Existe, entonces, una oligarquización territorial de la producción de los gases de efecto invernadero, una democratización planetaria de los efectos del calentamiento global, y una desigualdad clasista y racial de los sufrimientos y efectos de las conmociones medioambientales.

Medioambientalismos coloniales

Si la naturaleza comunica los impactos de la acción humana en su metabolismo de una forma jerarquizada, también existen ciertos conceptos referidos al medioambiente, parcializados de una manera todavía más escandalosa; o, peor aún, que legitiman y encubren estas focalizaciones regionales, clasistas y raciales.
Como señala McGurty [3] para el caso norteamericano en la década de los 70 del siglo XX, lo que hizo posible que el debate público sobre las demandas sociales de las minorías étnicas urbanas, e incluso del movimiento obrero sindicalizado, fuera soslayado, llevando a que la "temática social" perdiera fuerza de presión frente al gobierno, fue un tipo de discurso medioambientalista. Un nuevo lenguaje acerca del medio ambiente, cargado de una asepsia respecto a las demandas sociales, que ciertamente puso sobre la mesa una temática más "universal", pero con responsabilidades "adelgazadas" y diluidas en el planeta; a la vez que distantes política y económicamente respecto a las problemáticas de las identidades sociales (obreros, población negra). Aspecto que no deja de ser celebrado por las grandes corporaciones y el gobierno que ven encogerse así sus deudas sociales con la población.
Por otra parte, el sociólogo francés Keucheyan [4] subraya cómo en ciertos países como Estados Unidos, el "color de la ecología no es verde sino blanco"; no solo por la mayoritaria condición social de los activistas  ‒  por lo general, blancos, de clase media y alta  ‒  sino también por la negativa de sus grandes fundaciones a involucrarse en temáticas medioambientales urbanas que afectan directamente a los pobres y las minorías raciales.
Al parecer, la naturaleza que vale la pena salvar o proteger no es "toda" la naturaleza  ‒ de la que las sociedades son una parte fundamental  ‒  sino solamente aquella naturaleza "salvaje" que se encuentra esterilizada de pobres, negros, campesinos, obreros, latinos e indios, con sus molestosas problemáticas sociales y laborales.
Todo ello refleja, pues, la construcción de una idea sesgada de naturaleza de clase, asociada a una pureza original contrapuesta a la ciudad, que simboliza la degradación. Así, para estos medioambientalistas, las ciudades son sucias, caóticas, oscuras, problemáticas y llena de pobres, obreros, latinos y negros, mientras que la naturaleza a proteger es prístina y apacible, el santuario imprescindible donde las clases pudientes, que disponen de tiempo y dinero para ello, pueden experimentar su autenticidad y superioridad.
En los países subalternos, las construcciones discursivas dominantes sobre la naturaleza y el medioambiente comparten ese carácter elitista y disociado de la problemática social, aunque incorporan otros tres componentes de clase y de relaciones de poder.
En primer lugar se encuentra el estado de auto-culpabilización ambiental. Eso quiere decir que la responsabilidad frente al calentamiento global la distribuyen de manera homogénea en el mundo. Por tanto, talar un árbol para sembrar alimentos tiene tanta incidencia en el cambio climático como instalar una usina atómica para generar electricidad. Y como en la mayoría de los países subalternos existe una apremiante necesidad de utilizar los recursos naturales para aumentar la producción alimenticia u obtener divisas a fin de acceder a tecnologías y superar las precarias condiciones de vida heredadas tras siglos de colonialidad, entonces, para estas corrientes ambientalistas, los mayores responsables del calentamiento global son estos países pobres que depredan la naturaleza. No importa que su contribución a la emisión de gases de efecto invernadero sea del 0,1% o que el impacto de los millones de coches y miles de fábricas de los países del norte afecte 50 o 100 veces más al cambio climático. Surge así una especie de naturalización de la acción anti-ecológica de la economía de los países ricos, de sus consumos y de su forma de vida cotidiana, que en realidad son las causantes históricas de las actuales catástrofes naturales. Dicha esquizofrenia ambiental llega a tales extremos, que se dice que la reciente sequía en la Amazonía es responsabilidad de unos cientos de campesinos e indígenas que habilitan sus parcelas familiares para cultivar productos alimenticios y no, por ejemplo, del incesante consumo de combustibles fósiles que en un 95% proviene de una veintena de países del norte, altamente industrializados.   
Estos ambientalistas distribuyen la responsabilidad frente al calentamiento global de manera homogénea en el mundo. Por tanto, talar un árbol para sembrar alimentos tiene tanta incidencia en el cambio climático como instalar una usina atómica para generar electricidad.


La financiarización de la plusvalía medioambiental

Un segundo componente de esta construcción discursiva de clase es una especie de "financiarización medioambiental". En los países capitalistas desarrollados ha surgido una economía de seguros, expansiva y altamente lucrativa, que protege a empresas, multinacionales, gobiernos y personas de posibles catástrofes ambientales. Así, el desastre ambiental ha devenido en un lucrativo y ascendente negocio de aseguradoras y reaseguradoras que protegen las inversiones de grandes empresas, no solo de crisis políticas, sino de cataclismos naturales mediante un mercado de "bonos catástrofe" [5], volviendo al capital "resilente" al calentamiento global. Paralelamente a ello, en los países subalternos emerge un amplio mercado de empresas de transferencia de lo que hemos venido a denominar plusvalía medioambiental.
A través de algunas fundaciones y ONG, las grandes multinacionales del norte financian, en los países pobres, políticas de protección de bosques. Todo, a cambio de los Certificados de Emisión Reducida (CER) [6] que se cotizan en los mercados de carbono. De esta manera, por una tonelada de CO2 que se deja de emitir en un bosque de la Amazonía gracias a unos miles de dólares entregados a una ONG que impide su uso agrícola, una industria norteamericana o alemana de armas, autos o acero, que utiliza como fuente energética al carbón y emite gases de efecto invernadero, puede mantener inalterable su actividad productiva sin necesidad de cambiar de matriz energética o de reducir su emisión de gases ni mucho menos parar la producción de sus mercancías medioambientalmente depredadoras. En otras palabras, a cambio de 100.000 dólares invertidos en un alejado bosque del sur, la empresa puede ganar y ahorrar cientos de millones de dólares, manteniendo la lógica de consumo destructiva inalterada.
Así, hoy el capitalismo depreda la naturaleza y eleva las tasas de ganancia empresarial. Convierte la contaminación en un derecho negociable en la bolsa de valores. Hace de las catástrofes ambientales provocadas por la producción capitalista, una contingencia sujeta a un mercado de seguros. Y finalmente transforma la defensa de la ecología en los países del sur, en un redituable mercado de bonos de carbono concentrado por las grandes empresas y países contaminantes. En definitiva, el capitalismo esta subsumiendo de manera formal y real la naturaleza, tanto en su capacidad creativa, como el mismísimo proceso de su propia destrucción.
Por último, el colonialismo ambiental recoge de su alter ego del norte el divorcio entre naturaleza y sociedad, con una variante. Mientras que el ambientalismo dominante del norte propugna una contemplación de la naturaleza purificada de seres humanos  ‒  su política de exterminio de indígenas le permite ese exceso  ‒  el ambientalismo colonizado, por la fuerza de los hechos, se ve obligado a incorporar en este tipo de naturaleza idealizada, a los indígenas que inevitablemente habitan en los bosques. Pero no a cualquier indígena porque, para ellos, el que cultiva la tierra para vender en los mercados, el que reclama un colegio, hospital, carretera o los mismos derechos que cualquier citadino, no es un verdadero sino un falso indígena, un indígena a "medias", en proceso de campesinización, de mestización; por tanto, un indígena "impuro".  Para el ambientalismo colonial, el indígena "verdadero" es un ser carente de necesidades sociales, casi camuflado con la naturaleza; ese indígena fósil de la postal de los turistas que vienen en busca de una supuesta "autenticidad", olvidando que ella no es más que un producto de siglos de colonización y despojo de los pueblos del bosque.
En síntesis, no hay nada más intensamente político que la naturaleza, la gestión y los discursos que se tejen alrededor de ella. Lo lamentable es que en ese campo de fuerzas, las políticas dominantes sean, hasta ahora, simplemente las políticas de las clases dominantes. Por eso, aun son largos el camino y la lucha que permitan el surgimiento de una política medioambiental que, a tiempo de fusionar temáticas sociales y ecológicas, proyecte una mirada protectora de la naturaleza desde la perspectiva de las clases subalternas, en lo que alguna vez Marx denominó una acción metabólica mutuamente vivificante entre ser humano y naturaleza [7].

*      El autor es Vicepresidente del Estado Plurinacional de                   Bolivia

[1]   P. Sharkey, "Survival and death un New Orleans: an empirical look at the human impact of Katrina", en Journal of Black Studies, 2007; 37; 482. En: http://www.patricksharkey.net/images/pdf/Sharkey_JBS_2007.pdf.
[2]    Databank-Banco Mundial 2013.
[3]    E. McGurty, Transforming Environmentalism, Rutgers University Press, New Brunswick, 2007.
[4]    R. Keucheyan, La naturaleza es un campo de batalla, Clave Intelectual, España, 2016.
[5]    Banco Mundial, " Seguro contra riesgo de desastres naturales: Nueva plataforma de emisión de bonos de catástrofes", en http://www.bancomundial.org/es/news/feature/2009/10/28/insuring-against-natural-disaster-risk-new-catastrophe-bond-issuance-platform.
[6] BID/ BALCOLDEX, "Guía en Cambio Climático y Mercados de Carbono", en https://www.bancoldex.com/documentos/3810_Guia_en_cambio_clim%C3%A1tico_y_mercados_de_carbono.pdf
[7]    Marx, El Capital, Tomo III; Ed. Siglo XXI, pág. 1044, México, 1980.






Opositores y operaciones

jueves 1º de junio de 2017


Opinión


Opositores y operaciones

                                                               Por        Washington Uranga  


La proximidad de las elecciones hace resurgir lo mejor y también lo peor de la política argentina. Lo mejor, sin duda, es la posibilidad de debatir ideas y propuestas ofreciendo alternativas para que la ciudadanía decida democráticamente el futuro del país. Que ello esté garantizado es un logro del conjunto de la sociedad. Dicho esto sin perder de vista que también los procesos electorales no han estado exentos de la mentira y el fraude ideológico. Porque, como ha quedado a la vista, algunos ganan prometiendo lo que luego no cumplen y otros llegan a determinados escaños esgrimiendo principios y valores que luego contradicen con sus prácticas. 

Entre los muchos factores a considerar en esta situación uno de los que salta a la vista es el perfil de algunos o algunas que, frente al descalabro de Cambiemos, hoy procuran calzarse el traje de opositores y pescar en el río revuelto del descontento social para alzarse con un buen caudal de sufragios. Sin ningún escrúpulo y presumiendo que la ciudadanía carece de memoria ahora pretenden ser creíbles como opositores para enjuiciar al oficialismo del que han sido partícipes necesarios. Son los mismos que hasta ayer respaldaron por diversos medios la acción del macrismo o enarbolaron el contradictorio argumento de la "oposición responsable" que no es, en definitiva, sino otra cara de la misma moneda. 

Más allá incluso de que llegado el momento de las elecciones las urnas terminen otorgándole respaldo a estos dirigentes, no resulta creíble  -  tampoco éticamente defendible  -  que quienes votaron a favor del acuerdo con los "fondos buitres" o del nuevo endeudamiento del país, hoy intenten transitar una supuesta "avenida del medio" sin compromisos mayores y, al mismo tiempo, presentarse como defensores de los sectores populares que se ven directamente perjudicados por la política económica de Cambiemos. O que quienes, con cualquier argumento, habilitaron la llegada a la Corte Suprema de jueces que desde siempre estuvieron cuestionados por los organismos defensores  de derechos humanos, hoy se rasguen las vestiduras por el vergonzoso fallo que habilitó el 2x1 para genocidas. Menos creíble puede resultar aun la posición de la diputada Elisa Carrió que, funcional al Gobierno, quiere venderse como el reaseguro ético y moral de un gobierno carente de estos atributos y del que ella también forma parte. 

No se trata, por supuesto, de establecer una competencia para determinar quién es más opositor en el momento en que no aparecen ni "los brotes verdes", ni las inversiones, ni se ve "la luz al final del túnel". Sin embargo, aunque no sea moneda corriente en ciertos escenarios de la política, se trata sí de exigir a quienes aspiren a ser candidatos un mínimo de coherencia histórica entre sus definiciones, sus promesas y sus prácticas.

También para afrontar que, sin perder la memoria, lo que ahora se discute es el presente y en todo caso el futuro de una sociedad argentina que a pasos agigantados está resignando derechos. Por responsabilidad directa de quienes ejercen la gestión de gobierno y por complicidad manifiesta de otros y otras que hasta ahora fueron socios y hoy en día pretenden instalarse en la vereda de enfrente vestidos de impecable traje electoral sin ninguna mancha.

 Aunque pueda resultar obvio y hasta redundante, si lo anterior ya implica en sí mismo una importante distorsión en la oferta ciudadana, no lo será menos el cúmulo de operaciones mediáticas y judiciales que pululan por doquier. El propio gobierno es el encargado -  como parte de su estrategia  -  de acusar a quienes considera los verdaderos "enemigos" de su proyecto, de amenazar con "carpetazos" a quienes puedan serlo y simultánemante encubrir los actos presuntamente delictivos de la propia tropa.

Como ya ocurrió antes, la alianza mediático-judicial viene operando como una sociedad de mutuos favores. Basta con repasar solo a modo de ejemplo y para citar apenas algunos asuntos, los fallos absolutorios en el caso de Papel Prensa, la arremetida contra todos los jueces que no se allanen a ser funcionales al Gobierno, el nuevo intento de torcer la investigación de la muerte del fiscal Alberto Nisman y el avance en varios frentes contra las Madres de Plaza de Mayo. Mientras tanto se continúan ignorando las recomendaciones de organismos internacionales acerca de la irregular detención política de Milagro Sala y no se avanza en ninguna causa ni en denuncia mediática que involucre a funcionarios del oficialismo. Todo lo anterior agravado por la desinformación o falsificación de la información a que nos someten los medios más poderosos.

Lamentablemente las argentinas y los argentinos tendremos que prepararnos para enfrentar una campaña electoral llena de discursos engañosos y jugadas sucias, con el poder judicial y mediático "embarrando la cancha", mintiendo con impunidad y, de este modo, impidiendo que se discuta sobre lo que realmente importa: los derechos democráticos, la justicia y la calidad de vida de la ciudadanía que es lo que ahora está en juego. Gran parte de los jueces y de los medios concentrados jugarán su partido electoral blindando al gobierno y desviando los debates. Sumado a las estrategias del marketing que se aplican a la política conforman hoy el paquete de acciones que debilitan la democracia vaciándola de sentido. Frente a esto quienes genuinamente pretenden oponerse al modelo de avasallamiento de derechos precisarán mucho más que ideas y buena voluntad. Necesitan dejar de lado por lo menos parte de los intereses personales, añadir astucia y creatividad, y demostrar coherencia a prueba de todo. ¿Será mucho pedir? Es importante exigirlo. Aunque la suma no garantice la victoria de sus propuestas... al menos por el momento.






'NAC&POP': MARIOTTO EN QUILMES: “QUEREMOS QUE LA UNIDAD TENGA COHERENCIA FILOSÓFICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA”


jueves 1º de junio de 2017



"La solución es que Cristina sea la candidata, si ella es no solo líder sino que candidata, es más fácil para ese orden interno que reclama el país."




MARIOTTO EN QUILMES: "QUEREMOS QUE LA UNIDAD TENGA COHERENCIA FILOSÓFICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA"



Gabriel Mariotto, ex vicegobernador de la provincia de Buenos Aires llegó a Quilmes esta tarde para inaugurar un local partidario en el barrio la IAPI y habló de la unidad de cara a las elecciones legislativas de octubre. "Queremos la unidad sobre un programa coherente, porque hay dirigentes que entraron por nuestras listas y votaron buitres y endeudamiento."



FMQ


El ex vice gobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, se acercó a Quilmes para inaugurar un local partidario en la IAPI de la mano de la agrupación "Juntos por Quilmes", con quienes comparte el espacio "Patria Para Todos".
Gabriel Mariotto y Daniel Gurzi en Quilmes




Gabriel Mariotto, ex vicegobernador de la provincia de Buenos Aires llegó a Quilmes esta tarde para inaugurar un local partidario en el barrio la IAPI y habló de la unidad de cara a las elecciones legislativas de octubre.
"Queremos la unidad sobre un programa coherente, porque hay dirigentes que entraron por nuestras listas y votaron buitres y endeudamiento."
"Es un límite que no se puede transgredir y establecer cuáles son las prioridades."
"Queremos que la unidad tenga coherencia filosófica, política y económica."

Por otra parte, el referente del espacio Patria para Todos expresó: "Hay expectativas de que eso ocurra y posibilidades."
"El kirchnerismo siempre resuelve los cierres de lista. Desde este espacio hacemos todo lo posible para generar la condición objetiva para el lanzamiento de Cristina."
"La solución es que Cristina sea la candidata, si ella es no solo líder sino que candidata es más fácil para ese orden interno que reclama el país porque hay que ponerle un freno en las elecciones al gobierno de Macri y quien tiene la posibilidad de recibir el amor de su pueblo, es Cristina."
"En todas las caminatas nos preguntan cuándo vuelve Cristina entonces desde Patria para Todos queremos que Cristina sea la candidata", agregó.

Luego, el presidente del bloque de concejales de Juntos por Quilmes, Ángel García manifestó: "Vamos a tomar una decisión en común en la medida que se pueda conformar un espacio unificado para dar una contienda electoral con otro espacio que representa cambiemos pero si hay internas competiremos en Las Paso".
"El desafío grande es ponerle freno a Macri, a Vidal y corregirle cosas a Molina que no hace las cosas también como pareciera"