
domingo 22 de abril de 2018

Los incrementos de luz y gas son
desproporcionados y regresivos. La
comparación con Uruguay y Chile que esgrime el
Gobierno es falaz.
desproporcionados y regresivos. La
comparación con Uruguay y Chile que esgrime el
Gobierno es falaz.

Colchón
Clase media
Presupuesto
Uruguay y Chile
- Uruguay: Existen apenas unos 45.000 usuarios de gas natural por cañería en Uruguay (en Montevideo, Ciudad de la Costa, Paysandú, Colonia y San José). El informe "Sector energético en Uruguay. Diagnóstico y perspectivas", del Ministerio de Industria, Energía y Minería, explica que el gas natural es una fuente energética de reciente ingreso en la matriz del Uruguay. Su consumo en el país comenzó en 1998 cuando entró en operación el Gasoducto del Litoral, que cruza el río Uruguay desde Argentina a través del puente Paysandú-Colón. Recuerda que Uruguay no cuenta con producción de gas natural, debiendo importar la totalidad de su consumo a través de los gasoductos de interconexión existentes con Argentina. El sector industrial es el mayor consumidor de gas natural, seguido por el sector comercial y el residencial. Destaca que la leña es una de las principales fuente energética de los uruguayos, puesto que es la mitad del costo equivalente de gas natural, hasta para consumos residenciales importantes.
Uruguay consume menos gas que Argentina porque no lo tiene y, por lo tanto, no es utilizado como fuente energética principal en hogares y comercios. No tiene sentido hacer una comparación entre ambos países, salvo si es para engañar.
- Chile: El Anuario Estadístico de Energía 2016 del Ministerio de Energía informa que apenas el 6 por ciento del consumo energético del país es gas natural. La Asociación Gas Natural precisa que en Santiago, Valparaíso, Concepción, las principales ciudades chilenas, la mayoría de los hogares y comercios cocina, calienta agua y calefacciona con gas licuado y no recibe gas por red. Explica que en parte esto ocurre porque en zonas extensas de cada una de esas ciudades no hay una red desplegada, pero también porque no todas los hogares con acceso a una conexión eligen el gas por red por su elevado costo. Detalla que la penetración del gas por red en Santiago es baja, apenas el 29 por ciento de los hogares está conectado, y que el ingreso de buena parte de los hogares es bajo, lo que implica consumos relativamente bajos. También brinda detalles del clima chileno, que el macrismo desconoce: "en las tres ciudades es templado, lo que permite vivir buena parte del año sin calefacción".
Comprar el consumo de gas con Chile es tan desatinado como hacerlo con Uruguay, salvo, nuevamente, si es para confundir el debate.
Inflación
El tarifazo en gas y luz afecta también a pymes industriales y comerciales, que hasta ahora han podido trasladar gran parte de ese aumento de costos a precios. Pero les resulta cada vez más complicado hacerlo por la caída de la demanda interna debido a la pérdida del poder adquisitivo de trabajadores y jubilados, siendo uno de los motivos el aumento de tarifas que disminuyó abruptamente el ingreso disponible. Con margen de ganancias que se reducen o desaparecen, esas unidades productivas se achican o cierran.
Los aumentos seguirán este año en un cronograma que no da respiro y que seguirán siendo una potente fuente inflacionaria. El mes próximo le toca el turno al servicio de agua y cloacas, con un ajuste de hasta el 68 por ciento por recortes de subsidios (descuentos zonales) en la tarifa. Al mes siguiente aumentará el subte, previa audiencia pública, hasta los 12,50 pesos, y también el colectivo y el tren. A la luz le tocará otro turno de suba en agosto y al gas, en octubre.
En esa carrera de tarifazos a la que se ha lanzado el gobierno, los combustibles fueron liberados y sus precios son definidos según la evolución del tipo de cambio y el petróleo a nivel internacional, entre otras variables. En estos días, el barril alcanzó los 70 dólares, lo que habilita a las petroleras a aplicar un nuevo incremento en las naftas.
Todos estos aumentos desmesurados tienen un sorprendente impacto reducido en la tasa de inflación oficial. Los índices mensuales son similares, con tarifas casi congeladas, a los que informaban las consultoras privadas en los años que el IPC-Indec no era creíble. Nadie había explicado que era sencillo aplicar ajustes de cuatro cifras en servicios públicos básicos con tan poca relevancia en la inflación, ni en forma directa y ni por los aumentos de segunda vuelta por traslado a precios. Son las maravillas estadísticas que genera un gobierno conservador.
Con complicidad de especialistas ortodoxos y heterodoxos, la magia macrista sigue haciendo sus trucos. La cifra de la tasa de inflación, en realidad, no es una cuestión relevante por el debate con técnicos en estadísticas, sino que es importante porque la subestimación orienta a una negociación salarial todavía más desfavorable para los trabajadores, que padecen el techo oficial del 15 por ciento con tarifazos descomunales.
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