jueves, 4 de enero de 2018

QUÉ HACEMOS LOS PSICOANALISTAS HOY


QUÉ HACEMOS LOS PSICOANALISTAS HOY

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Por             Hugo Lernerlernerhugo@gmail.com



El psicoanálisis interpelado

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Para que el psicoanálisis perdure y siga floreciendo, debe tener la plasticidad de abrir nuevos
interrogantes que exijan nuevas respuestas. 

Muchas veces ha pretendido explicarlo todo, intención exagerada, tanto más cuanto que nuestra 

disciplina ha permanecido o intentado perdurar apartada de los terremotos sociohistóricos.

El intento de “explicarlo todo” se engendró cuando el psicoanálisis se hizo impermeable a la 

actitud interdisciplinaria y cada pensador intentó refugiarse dentro de su limitada disciplina. 

Wagensberg (2014) afirma que esta postura  “...es síntoma claro de que la disciplina protegida 

en cuestión es un territorio que ha entrado en zona de plena alarma roja de sequía. 

En una atmósfera disciplinaria, las ideas circulan verticalmente. Es cuando el rigor científico se 

confunde con el rigor mortis.

Es cuando la pureza vela por el aislamiento y por la eliminación de cualquier presunta impureza. 

Es cuando la tradición se convierte en prohibición de cambio”.

Desde un punto de vista epistemológico, las teorías y el conocimiento en general, están

atravesando una época teñida por la complejidad. 

Las teorías están dejando de ser productos rígidos, que emergen de causalidades fijas e 

inamovibles, determinadas. 

Ahora el propio determinismo está cuestionado  y las teorías están abiertas al azar, a lo nuevo, al

acontecimiento. 

Desde esta perspectiva, presuponer que el método que empleemos será el resultado de un 

conjunto de leyes determinadas por otro conjunto de leyes ”superiores” nos umerge en un 

psicoanálisis cerrado y alejado del pensamiento complejo que la contemporaneidad nos exige. 

Al psicoanálisis le debería gustar navegar por estas aguas y le corresponde hacerlo.

Nuestra disciplina es una teoría y una práctica; en ella, a medida que se avanza en la tarea, los 

interrogantes van proponiendo nuevos textos y autores que pasarán a ser nuestros 

interlocutores.

El pensar psicoanalítico se edifica paso a paso, utilizando piezas nuevas pero en interacción con 

materiales en desuso.

Hace ya años que una cierta clase de psicoanálisis ha aspirado y ha logrado,  reinventarse a 

través del diálogo con otras disciplinas, que lo apartó del solipsismo de otras épocas. 

Este reverdecer lo ha vuelto más enérgico y vigoroso. Ahora no solo se atreve a enfrentarse con 

patologías a las que antes rechazaba, sino también a incluir miradas más abarcativas y 

complejizantes acerca de diversos temas, como los cuadros clínicos más frecuentes en la 

actualidad, que en su mayoría son alteraciones en el narcisismo (depresiones, o 

reoganizaciones  fronterizas, etc.).

Para esta tarea hubo que esperar que surgieran pensadores irreverentes que han desguazado

los cánones dogmáticos.

En mi lista de autores “preferidos” está ante todo Freud, el iniciador, y luego un conjunto

de pensadores “irreverentes” como Winnicott, Aulagnier, Castoriadis, Green, etc. cuyos textos

exigen del lector que por momentos se deshaga de ciertas categorías aprendidas y “reformatee” 

su pensamiento para entender un pensar distinto.

Para que esto ocurra debemos dialogar también con antropólogos, sociólogos, economistas, 

publicistas, etc. 

Será estéril pretender “proteger” nuestra disciplina ignorando a las otras. 

De esta apertura de nuestras fronteras, de este contacto interdisciplinario, saldremos fortalecidos 

y con más herramientas para comprender el universo clínico actual. 

El contexto interdisciplinario es jubiloso e innovador; el disciplinario es solemne y conservador.

Los pacientes actuales con quiebres narcisistas y subjetividades turbulentas nos enfrentan al 

imperativo de apartarnos de los posicionamientos rígidos y de ortodoxias de parroquia para 

situarnos en un territorio de apertura y actuar como anfitriones de todas aquellas disciplinas y 

campos del conocimiento que enriquezcan, como diría Foucault, nuestra caja de herramientas.



La práctica psicoanalítica actual


Nos encontramos en un momento de la práctica psicoanalítica en que los pacientes no nos piden

únicamente que los ayudemos a levantar sus represiones para que surja a la luz aquello que 

estaba sepultado. 

Las llamadas “nuevas patologías”, entre las que se encuentran las patologías narcisistas, nos 

enfrentan con deslizamientos técnicos. 

Los pacientes que hoy nos consultan demandan de nosotros que seamos copartícipes con ellos 

de la creación de lo que nunca estuvo; nos piden que, en lugar de reeditar en la transferencia,

editemos.

Esto plantea una exigencia a la teoría y a la técnica, y nos conduce a dejar de practicar teorías 

para teorizar las prácticas que ejercemos (Lewkowicz, 1999). 

Ha llegado el momento de enfrentarnos con los cambios indispensables para seguir siendo fieles 

militantes de la consigna que se desprende de las enseñanzas de Freud: no aceptar lo dado, lo establecido, como verdad única e irrebatible.

El trabajo del terapeuta consiste en desenmascarar la trama de verdades, ficciones y falsedades 

que constituyen sin excepciones la urdimbre de un sujeto en el mundo. 

Debemos ser descubridores de ese tejido sabiendo que estamos surcados por nuestras 

ideologías, perspectivas y deseos, y sin lugar a dudas por el contexto en el que nos 

desenvolvemos tanto el paciente como nosotros.

Trabajamos con la transferencia, poderoso motor de la terapia, que al investir una situación 

nueva posibilita que se tramiten y elaboren, cada vez con más frecuencia, las viscosidades del 

narcisismo,  esas que no le permiten al sujeto desprenderse de sus objetos y vínculos pasados y 

presentes. 

Dichos objetos y vínculos lo llevan a la repetición y hacen que el yo se defienda y luche por 

desprenderse de esa historia que lo aprisiona y atormenta. 

Llega entonces la transferencia, o, mejor dicho, el analista que permite el investimiento desde

una postura distinta a la que se despliega en otros vínculos. En mi opinión, esa postura no 

sobreviene solo en la abstinencia,  concepto este que llevó a muchos analistas a convertirse en 

helados receptáculos de palabras que salían de un hablante y no de un sujeto humano. 

Me interesa permitir que el paciente construya para sí una historia diferente, que deje atrás la 

repetición y acceda a la creación de lo nuevo... 

¿A editar lo que no fue editado?

Como dije alguna vez (Lerner, 2001), se trata de editar y no de repetir. ¿O tal vez de representar 

lo que no ha sido nunca representado?

En cualquier caso, de generar una identificación diferente. Identificación con un modo de pensar 

y de pensarse, identificación con un yo distinto, al que le interesa crear y no repetir. 

¿Acaso  Freud no nos dijo que “El carácter del yo es una sedimentación de las investiduras de 

objeto resignadas, contiene la historia de esas relaciones de objeto”? (Freud, 1923).

No soy ingenuo: muchos creerán que estoy disfrazando con mis palabras un modelo basado en

la sugestión.

¿Alguna vez no la hay? 

Lo importante es que nuestra actitud no persiga premeditadamente la sugestión, porque los 

analistas concebimos la lucha contra los síntomas desde una actitud interrogativa.

Planteo una relación transferencial que incluya la historia identificatoria, en la cual ha de estar 

incluido el analista que cree en la creación de lo nuevo, en la elaboración, en la posibilidad de 

cambio, en detener la repetición para recordar cuando se pueda, o para permitir o posibilitar el 

acontecimiento (Badiou, 1988). 

Aceptémoslo: a veces trabajamos per via di levare, otras veces per via di porre y, por qué no,

per via di creare.

En todo esto deberá estar presente la implicación subjetiva del terapeuta (Green, 2005).

Deberá “poner el cuerpo”.

La implicación subjetiva del analista se relaciona con su discurso y su actitud. Siguiendo a

Green, podemos decir que cuando falta la función ligadora de Eros, al observador/participante y

activo que debe ser el terapeuta le toca establecer, con su propio aparato psíquico los nexos

faltantes.

La historia que interviene no es solo la del paciente, también abarca las vivencias del analista, 

y esto implica que se “pone en juego” la historia de este último. 

El análisis no pasa solo por “interpretar profundamente”. Green (2005) nos alerta al asegurar que 

esta postura puederepresentar una “alimentación” intelectual forzada y que puede llevar a un 

hambre casi mórbida de interpretaciones o, en su defecto, a una anorexia hacia el discurso del 

psicoanalista. 

Esta actitud es, claramente una limitación del analista y no de la clínica.

El trabajo psicoanalítico se realiza en el encuentro intersubjetivo, donde se recrea o se

crea (se reedita o se edita) lo que fue conflictivo o lo que no hubo, lo que faltó. A partir de ahí

la tarea se torna posible.

Lo que define al psicoanálisis es este encuentro intersubjetivo, no el encuadre. 

Si no hay encuentro no hay encuadre; el encuadre es una producción de los dos participantes 

del proceso terapéutico. 

Obviamente, el analista deberá brindar determinadas condiciones para que ese encuentro sea 

posible; estas condiciones son las que clásicamente se han designado como posibilitadoras del 

encuadre.

No se puede anticipar cuándo y cómo se va a generar ese encuentro; podrá darse en una

sola sesión o en dos o tres, en todas o en ninguna. Es impredecible.

La creación del encuadre posibilitará o no el despliegue transferencial. 

El encuadre resulta “hecho a medida” del paciente.

Si no es adecuado, el despliegue transferencial se verá impedido, como sucedería si fuese
"prêt-à-porter”  o de confección masiva. 

Si no se genera el encuadre propicio, no cabe esperar que se desarrolle un proceso 

psicoanalítico. 

Generar distintos encuadres no nos coloca inevitablemente en terrenos alejados del 

psicoanálisis: estaríamos extendiendo sus fronteras.

Los pacientes con narcisismos convulsionados nos impulsan a conquistar nuevos territorios.

Muchos psicoanalistas piensan que solo los neuróticos se benefician con el psicoanálisis

clásico, y trazan una división tajante entre psicoanálisis y psicoterapia, afirmando que la

psicoterapia ajusta el encuadre para abordar las estructuras no neuróticas. El problema es que

A todo esto se suma, aunque resulte obvio, la idea de que el encuadre, con sus diferentes 

variantes, no define si determinado proceso es psicoanálisis o psicoterapia. Si afirmamos que 

cada individuo es único e irrepetible, el encuadre que construyamos con cada paciente será 

único e irrepetible, será una nueva creación. 

De ahí el aspecto creativo y artístico que cada proceso impone. 

Por otra parte, la división entre psicoanálisis y psicoterapia resulta artificial. 

El psicoanálisis siempre es psicoterapéutico.

El no agotamiento de los interrogantes y la búsqueda tenaz de explicaciones,j ustamente por

todo esto es que el psicoanálisis me sigue apasionando.


1  He tratado el concepto de “edición” en diferentes trabajos y lo he definido como aquel

mecanismo que posibilita el registro de lo no vivenciado, de lo nuevo, diferen

ciándolo del de“reedición transferencial” (1998, 2001, 2003).




BIBLIOGRAFÍA:


*  Badiou, A. (1988)  Manifiesto por la filosofíaCátedra, Madrid, 1990.

*  Freud, S. (1923): El yo y el ello. Obras completas. Amorrortu, Buenos Aires, 1979, vol. XIX.

*  Green, A. (2005): Ideas directrices para un psicoanálisis contemporáneoAmorrortu,            Buenos Aires.

*  Lerner, Hugo (2001):  "¿Oro cobreado o cobre dorado? Reflexiones acerca de la frontera 
   entre psicoanálisis y psicoterapia”, Actualidad Psicológica, Año XVI, No. 287, junio de           2001.

*  Lerner, Hugo(2003):  “¿Técnicas o rituales?”, en H. Lerner (ed.), "PsicoanálisisCambios        y  permanencias". Libros del Zorzal, Buenos Aires.

*  Lerner, Hugo y Sternbach, S. (eds.) (2007)  "Organizaciones fronterizas: fronteras del                 psicoanálisis". Lugar Editorial, Buenos Aires.


*  
Lerner, Hugo (2011):  “No hay yo sin otro” Actualidad Psicológica, noviembre de 2011.


*  
Lerner, Hugo (2013): “Felicidad, sufrimiento, realidad”, en H. Lerner ed.), Los                         sufrimientosPsicolibro Ediciones, Buenos Aires.

* Lewkowicz, I., (1999): Comunicación personal

*  Wagensberg, J. (2014): "El pensador intruso",  Tusquets, Buenos Aires.





Médico Psiquiatra y Psicoanalista.


Premio Konex al Mérito en Psicoanálisis década 2006



2016. Vicepresidente de la Fundación de Estudios Psicoanalíticos (FUNDEP).


Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica, 
Argentina  (APA). 


Miembro Pleno de la Asociación Psicoanalítica Internacional


Autor y Compilador de los libros:


Psicoanálisis, cambios y permanencias” (2003, Libros del Zorzal). 


Coautor de “Adolescencias: Trayectorias Turbulentas” (2006, Ed. Paidós


Organizaciones Fronterizas. Fronteras del Psicoanálisis (2007, Ed. Lugar). 


“Los Sufrimientos. Psicoanalistas. 10 Enfoques (2013, Ed. Psicolibro


Coautor de “Adolescencias Contemporáneas. Un desafío para el psicoanálisis.” (2015, Ed. Psicolibro)

Coautor de: "De pánicos y furias. La clínica del desborde". Ed. APA Lugar, Buenos Aires, 2016


Coautor de: “Problemáticas adolescentes. Intervenciones en la clínica actual(Ed. Noveduc, Buenos Aires, 2017.)










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