Ceremonial y Protocolo
Publicado elEl tango en la mira de los
ceremonialistas

Por Catalina Pantuso
A nadie se le escapa que todo va cambiando vertiginosamente y se hace imprescindible ajustar nuestro accionar a las nuevas realidades, si no queremos quedar apresados en las nostalgias del pasado. Quienes nos dedicamos a investigar la evolución del Ceremonial y Protocolo sabemos de la necesidad de buscar nuevos recursos, tipificar nuevas normas protocolares, mantener vivos los valores de las ceremonias ancestrales y, fundamentalmente, actualizar nuestros conocimientos a los nuevos acontecimientos.
Para los ceremonialistas de Argentina y Uruguay, el tango rioplatense debe ser tomado en cuenta cuando se organiza un acto o evento, tanto a nivel estatal como privado. Es tiempo de poner en la escena institucional el gran potencial que tiene nuestra música ciudadana.
Tres hechos de impacto internacional fundamentan esta idea: desde hace ocho años el tango es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad; el Papa Francisco declaró públicamente que es un amante del ritmo del 2×4 y Barak Obama se atrevió a bailarlo en la cena de honor que el gobierno de Mauricio Macri organizó en su homenaje.
Del arrabal rioplatense del siglo XX al “conventillo” global del tercer milenio
Lo primero que un buen ceremonialista debe tener es el encuadre histórico de los recursos que va a utilizar en su desempeño, para poder valorar a cada uno de ellos y darles el lugar y el encuadre pertinente.
Como podrán imaginar este no es el espacio apropiado para hacer un resumen de la historia tanguera. Sin embargo, en las letras de los primeros tangos se puede rastrear algunos aspectos sustanciales de historia de sus orígenes mestizos, humildes y suburbanos. Ocurre que los poetas en su afán de acreditarlo ante una sociedad que no lo aceptaba le cantaron de mil maneras. Celedonio Esteban Flores, escribió el poema “Por qué canto así” en el que describe el ambiente que vio nacer el ritmo del dos por cuatro: “Porque cuando pibe/ porque cuando pibe me acunaba en tango la canción materna/ pa’ llamar el sueño/ y escuche el rezongo de los bandoneones/ bajo el emparrado de mi patio viejo/ porque vi el desfile de las inclemencias/ con mis pobres ojos llorosos y abiertos/ y en la triste pieza de mis buenos viejos/ canto la pobreza su canción de invierno”. En los versos de “Apología del Tango” Enrique Maroni declara las peripecias que enfrentaron los primeros tangueros: “Tango que me hiciste mal/ y que, sin embargo, quiero/ porque sos el mensajero/ del alma del arrabal”.
Desde su baja cuna a su encumbramiento como baile de lujo, el tango recorrió un curioso camino de ida y vuelta por América y Europa, con un triunfo decisivo y brillante en Francia, a principios del siglo XX. Discépolo lo expresa diciendo: “Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera/ y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina” (tango “El Choclo”). También los versos de Enrique Cadícamo recuerdan la experiencia: “Tirao por la vida de errante bohemio/ estoy, Buenos Aires, anclao en París./ Cubierto de males, bandeado de apremio,/ te evoco desde este lejano país”. Desde su consagración en “la Ciudad Luz” su recorrido por todo el mundo fue vertiginoso.
Cuando parecía agonizar revivió porque, como decía Leopoldo Marechal, “El tango es una posibilidad infinita”. El tiempo ha pasado y ahora este ritmo goza de una gran reputación. Si bien nació en los arrabales de Buenos Aires y Montevideo — en las antiguas “academias” y en los poco recomendables “piringundines” de la noche — hoy se compone, canta y baila en todo el mundo; el “tango canyengue” se convirtió en tango de salón y se hizo espectáculo sofisticado en los shows internacionales.

Fuera del Río de la Plata, el país más tanguero de América Latina es, sin duda, Colombia. El 2×4 se hizo muy popular a principios del siglo XX, cuando numerosos artistas argentinos actuaron en ese país y, fundamentalmente, después de 1935, cuando Carlos Gardel falleciera en el trágico accidente del aeropuerto Olaya Herrera. La ciudad de Medellín está considerada como una de las principales capitales del tango, fuera de Argentina y Uruguay; en ella se encuentran gran cantidad de bares de este género, al igual que en todo el territorio colombiano. Actualmente, se llevan a cabo tres festivales que tienen reconocimiento internacional: en Manizales el “Colombia Tango Festival” el “Festival Anual del Tango” de Medellín — en junio de 2017 asistieron más de seis mil personas — y el “Festival Universitario de Tango”. El culto al Zorzal Criollo está ampliamente difundido y en Medellín funciona la “Casa Museo Gardeliana”, en la que exhiben objetos del cantante.
El tango en Chile tiene una larga tradición que comienza en las primeras décadas del siglo XX. En este país vivió hasta los 16 años el poeta y compositor argentino Cátulo Castillo (1906-1975), hijo de un militante anarquista que debió exiliarse por razones políticas. Unos años más tarde — entre 1944 y 1953 — se instaló en Viña del Mar el bandoneonista, compositor y director de orquesta, Gabriel Clausi (El Chula). Las principales ciudades tangueras son Santiago y Valparaíso en las que subsisten algunas academias, programas radiales y festivales.
Según afirman los musicólogos, en Brasil el tango surgió al mismo tiempo que en el Río de la Plata, a partir de influencias similares, como el candomblé y el lundu de origen africano, la habanera cubana, el tango andaluz y la polka y mazurca europeas. Después tomó caminos diferentes y evolucionó hacia el maxixe (estilo conocido como tango brasileño) y el choro. En la actualidad tiene importantes compositores — Lina Pesce, David Nasser, José Fernandes, Nelson Gonçalves, entre otros — en las regiones ubicadas al sur de Brasil, en especial en el Estado de Río Grande do Sul.
Uno de los primeros países europeos que adoptó el tango es Finlandia, al declararlo como música nacional. Todo comenzó en 1913 — el país todavía formaba parte del imperio ruso— cuando el bailarín clásico Toivo Nikanen, lo importó desde París. Los finlandeses comenzaron a disfrutar de la música y componer sus propios temas en la década de 1930 y, diez años más tarde, la mitad de los éxitos de la música popular eran tangos. El Tangomarkkinat (festival de tango), se lleva a cabo anualmente desde 1985, en Seinäjoki; con una concurrencia de más de cien mil participantes (en una población apenas superior a los cinco millones) y culmina con la elección del rey y la reina del tango.
Alemania tiene milongas y escuelas de tango; Holanda hace sonar el 2×4 con más de diez orquestas; en Inglaterra se puede gozar el tango en Oxford y Londres; en Italia se lo compone, canta y baila en todo su territorio, desde la isla de Sicilia hasta Venecia, Milán y Bologna.
Pero no sólo en occidente triunfó nuestra música, otro gran fenómeno tanguero se produjo en Japón. Desde la década de 1930 se desarrolló en ese país una corriente de melómanos y músicos tangueros con identidad propia. El barón Tsunayoshi Megata conoció el tango en París, lo trasladó a su tierra, e instaló una academia de baile gratuita en la que enseñó a bailar a la aristocracia japonesa. No conforme con todo esto, posteriormente, publicó el libro “Un método para bailar el tango argentino”. Recordando estos hechos, en 1981, Luis Alposta compuso el tango “A lo Megata” que al año siguiente fue grabado por Edmundo Rivero: “El barón Megata, en el año veinte,/ se tomaba el buque con rumbo a París,/ y allí, entre los tangos y el “dolce far niente”,/ el japonesito se hizo bailarín./ Flaco y bien plantado. Pinta milonguera./ De empilche a lo duque, aun siendo barón./ Bailó con Pizarro, y una primavera/ empacó los discos y volvió a Japón”. A principios de la década del ’50 ya actuaban en Japón más de veinte “orquestas típicas”.

En septiembre de2017, los diarios nos informaban que en China, con la presencia de 85 alumnos, se había inaugurado la escuela de tango “Carlos Gardel”, en la sede de la Embajada argentina en Pekín.
Los medios especializados del mundo no se pudieron resistir al impacto socio-cultural, varias son las publicaciones referente a la temática: en París, “La guía del atelier del tango argentino”; en Londres “Once Tango News”; en Alemania “Boletín de Tango” y “Tango·lnfo”; en Estados Unidos, “Tango Reporter” de Los Ángeles y “The Tango Times” de Nueva York y en España “Patio de Tango”.
Un patrimonio inmaterial de formidables posibilidades
El universo tanguero es enorme y complejo. Comprende diferentes estilos musicales; tiene su propia lengua: el lunfardo; desarrolló una filosofía de vida y una poética; supo construir una imagen plástica: el fileteado porteño.
El tango se define a sí mismo en los versos de “El Choclo” que supo escribir Enrique Santos Discépolo “Con este tango que es burlón y compadrito/ se ató dos alas la ambición de mi suburbio;/ con este tango nació el tango, y como un grito/ salió del sórdido barrial buscando el cielo;/ conjuro extraño de un amor hecho cadencia/ que abrió caminos sin más ley que la esperanza,/ mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia/ llorando en la inocencia de un ritmo juguetón”. Curiosidad peligrosa en un principio, moda sudamericana luego y furor después, el tango logró formar parte de corpus cultural del mundo.
Todo esto y mucho más que no puede expresarse en palabras, se tuvo en cuenta cuando, recién iniciado el tercer milenio, el tango fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. El reconocimiento fue otorgado en forma conjunta a la Argentina y Uruguay — inscrito en 2009 (4.COM) y se fundamentó en que esta tradición, nacida en la cuenca del Río de la Plata, entre las clases populares de las ciudades de Buenos Aires y Montevideo - se produjo una amalgama de costumbres, creencias y ritos que se transformó en una identidad cultural específica. Entre las expresiones más características de ese mestizaje figuran la música, la danza y la poesía del tango que son, a la vez, una encarnación y un vector de la diversidad y del diálogo cultural. Practicado en las milongas – salas de baile típicas – el tango ha difundido el espíritu de su comunidad por el mundo entero, adaptándose a nuevos entornos y al paso del tiempo. Esa comunidad comprende hoy músicos, bailarines profesionales y aficionados, coreógrafos, compositores, letristas y profesores que enseñan este arte y hacen descubrir los tesoros vivos nacionales que encarnan la cultura del tango.
El tango tiene su imagen plástica en el “Fileteado Porteño” que también fue inscrito, por la UNESCO, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en diciembre 2015 (10.COM). Esta técnica pictórica nació en la ciudad de Buenos Aires, hacia fines del siglo XIX como un sencillo ornamento destinado a decorar los carros de tracción animal que transportaban alimentos, después pasó a las carrocerías de los autobuses y con el tiempo se transformó en un arte pictórico que está presente en toda la ciudad. El fileteado combina los colores vivos con estilos tipográficos específicos; se caracteriza por líneas que se convierten en espirales, colores fuertes, el uso recurrente de la simetría y efectos tridimensionales mediante sombras y perspectivas. Su repertorio decorativo incluye principalmente estilizaciones de hojas, animales, cornucopias, flores y banderines. Muchos de sus iniciadores formaban parte de las familias de inmigrantes italianos, que supieron combinar algunos elementos artísticos de su país de origen con los del acervo criollo, creando un estilo típicamente argentino.

Jorge Muscia — uno de los más notables herederos de los maestros fileteadores — está considerado “El Fileteador del Tango”. Por su indudable contribución a las artes populares de Buenos Aires, en 1990, fue designado Académico Titular de la Academia Nacional del Tango de la República Argentina. A él le dedicó el tango “El fileteador” Horacio Ferrer: “Oh, qué estética con barrio/ barroquismo y bandoneón,/ miniaturas de arrabales/ en paisajes de alcanfor”, que tiene música de Raúl Garello y fue grabado en el año 2005.
La poetisa Marta Pizzo, una de las nuevas “letristas” del tango, compuso el vals “Fileteando”, con música de Adrián Placenti: “Corazón bailarín, armonía y color,/ filetea un jardín de carmín y verdor./ De relieve el barniz se convierte en raíz/ de la historia inmortal popular del país”.
Si Discépolo dijo que “el tango es un sentimiento triste que se baila”, el maestro fileteador Ricardo Gómez completó la idea afirmando que el “fileteado porteño es el sentimiento alegre que lo pinta”.
La imagen pública entrelazada en el tango
Hasta aquí hemos visto los aspectos más relevantes que hicieron del universo tanguero un patrimonio de enormes potenciales. Pero esto sólo no lo convierte en un recurso tentador para que los profesionales de las relaciones públicas y de la organización de eventos lo incluyan como una novedad dentro de sus prácticas que tienen como objetivo principal destacar la imagen individual y corporativa tanto pública como privada.
Sabemos que son las mayorías “no calificadas” quienes cambian naturalmente las tradiciones ya establecidas. Este comportamiento, en un primer momento, constituye una “violación” a las reglas preestablecidas. La intelectualidad argentina de principios del siglo XX — representada por escritores como Leopoldo Lugones, Enrique Larreta y Carlos Ibarguren — consideró al tango como un baile prostibulario y obsceno.
Por otra parte, el cambio de las normas del ceremonial y protocolo se establece desde el poder, mediante un decreto o resolución a nivel estatal, o por medio de la imposición de una nueva moda o estilo por parte de un “referente” del poder económico, social o artístico. En ambos casos los cambios siempre son impulsados por unos pocos y resistidos por las mayorías.
Sin embargo, sin estos “atrevimientos” viviríamos en un mundo vetusto en el que el comportamiento social se vería como algo totalmente artificioso.
Para imponer el tango hizo falta un largo camino lleno de cambios culturales, sociales y políticos que se vieron reflejados en los “códigos” de la danza y en el lenguaje poético. Finalmente en su “legitimación” se unieron las voluntades del Papa Francisco y de Barak Obama, dos personalidades que tienen una excelente imagen pública en todo el mundo.
Una “milonga” en la Plaza San Pedro del Vaticano

Olvidando las viejas controversias desatadas en la Iglesia sobre las formas sensuales de bailar el tango — que se oponían a las normas “decentes” prescriptas por los mandamientos católicos — el Papa Francisco declaró que “El tango es algo que me agrada muchísimo. Es algo que me sale de adentro. Mis preferidos como cantantes son Carlos Gardel, Julio Sosa y Ada Falcón, que después se convirtió a monja.” Es más, se atrevió a reconocer que de joven también lo bailaba, aunque prefería el ritmo de la milonga.
Ni bien asumió su pontificado, Daniel Ursini compuso el primer tema al ritmo del 2 X 4 para el Sumo Pontífice (mayo de 2013): “Yo soy el tango, tu amigo/ El que nació entre los pobres/ Y aunque hoy te llames Francisco/ Vos sos el Jorge de flores. Como vos nací en un barrio/ Argentino y bien porteño/ Aquí en la tierra hecha fango/ Acunamos nuestros sueños.” De inmediato comenzó a circular por las redes sociales y tuvo su primicia de difusión mundial en la mismísima Radio Vaticana.
Para festejar el primer año de pontificado, Enrique Bugatti (letra) y Edmundo “Muni” Rivero (música) compusieron el tango “Ahora, Papa Francisco” que fue presentado al público interpretado por quinteto de José Colágelo y el ballet de Héctor Falcón, en el sugestivo escenario del monasterio de Santa Catalina, en Buenos Aires. “Un tango cordial” para un argentino “abrazado a lo social” dicen los primeros versos. “Ese cura luchador/ que ya de pibe quería/ en Flores donde vivía/ ser del débil, protector”.
Algo totalmente impensado ocurrió en la Plaza San Pedro del Vaticano, cuando el 17 de diciembre de 2014, los fieles católicos decidieron festejar el cumpleaños 78 del Papa y regalarle una gran “milonga”. No estaba previsto en ningún protocolo. En el Vaticano no se acostumbra a festejar los cumpleaños de los pontífices, los simplemente fieles lo saludan en la audiencia general, por esta razón no estaba previsto ningún acto oficial.
Llegaron desde toda Italia y algunos incluso desde más lejos; los bailarines se levantaron de madrugada para asistir en primera fila a la audiencia general. Cuando Francisco llegó a la plaza, se repitió el rito del saludo con los pañuelos blancos, algunos le ofrecieron una torta o le alcanzaron un mate. Después se escuchó la catequesis del pontífice sobre la familia, rondando el mediodía se escucharon algunos de los tangos favoritos del ex arzobispo de Buenos Aires. Fue una verdadera fiesta, cientos de parejas bailaron el tango en la célebre Avenida de la Conciliación.
Cristina Carmorani, profesora de baile en Conventello (provincia de Ravenna) fue quien se atrevió a organizar desde Facebook la movida “Un tango para Francisco”; cuando tuvo la idea y tomó la iniciativa no imaginó obtener más de 3.200 adhesiones. La prensa mundial no se escandalizó y Francisco ratificó el nuevo estilo de su pontificado.
“El tango de Obama”

Desde antes de asumir su primer mandato la imagen de Barak Hussein Obama II — símbolo de “El sueño americano” — se impuso a nivel mundial, baste recordar que se le otorgó el Premio Nobel de la Paz solo ocho meses después de jurar como Presidente de EE.UU. Durante todo su mandato, la estrategia comunicacional se basó en el interés político y el deseo personal de presentar a la familia presidencia como “gente común y corriente”. Con el transcurrir de los años todos sabemos esto que no fue producto de la suerte ni de la buena voluntad; en la construcción de la imagen pública nada se dejó librado al azar.
Me interesa puntualizar para esta nota que, en septiembre de 2015, las dos personalidades con mejor imagen mundial se reunieron oficialmente en Washington. Las imágenes de las dos figuras singulares recorrieron el planeta: Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos, se daba la mano con el Papa Francisco, el primer pontífice argentino.
Seis meses más tarde, el presidente norteamericano llegó en visita oficial a la Argentina, después de su histórica visita a Cuba. La gran sorpresa fue que en la cena de gala que el presidente Mauricio Macri brindó en honor a sus huéspedes, Barak y Michelle Obama se atrevieron a bailar un tango. El hecho de que el primer mandatario de la principal potencia global bailara al ritmo de una danza de pareja enlazada — generalmente cuestionada invocando razones de protocolo y moralidad — de orígenes mestizos y arrabaleros, se convirtió en un verdadero acontecimiento.
La noticia sobre la ruptura del protocolo por parte de la pareja presidencial norteamericana se convirtió en eje de varias polémicas. La primera discusión fue la desatada por Richard Haass, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, quien, durante un programa de televisión, afirmó que “El asesor que le permitió bailar tango debería estar buscando trabajo en la campaña (electoral) de alguien muy, muy lejos”. Analistas y políticos norteamericanos criticaron duramente al mandatario por ese atrevimiento, llevado a cabo durante la cena en su honor.
Varias preguntas se me plantearon cuando leí la repercusión que tuvo “El tango de Obama”. ¿Si el tango no hubiera tenido el título de Patrimonio de la Humanidad, Macri se hubiese atrevido a ofrecer un espectáculo tanguero en la cena de gala? ¿Mora Godoy y José Lugones — la pareja de baile — se hubieran atrevido a romper el protocolo e invitar a bailar al presidente y a la esposa de un país extranjero? ¿Si Barak y Michelle Obama no hubiesen recibido la visita del Papa argentino, hubieran aceptado “el reto” gustosamente? No lo sabremos nunca, y tampoco interesa demasiado despejar estas incógnitas. Al volver a su país, en tono de broma, el presidente de los Estados Unidos se refirió a “sus dotes” de tanguero afirmando que: “Desde ahora apreciaré el tango como un observador más que como un bailarín.”
Podemos terminar afirmando que la UNESCO, el Papa Francisco y Barak Obama “legitimaron” la inclusión del tango dentro de los recursos que los ceremonialista pueden tener en cuenta cuando reciben invitados del exterior u organizan eventos internacionales. Los profesionales de Argentina y Uruguay en particular, pero también para todos aquellos que, en diferentes países del mundo, organizan actos o celebraciones tanto oficiales como privadas, deberán asumir el desafío de capacitarse para para no caer en errores que desacrediten los profundos valores del tango y tampoco comprometan el buen gusto y el éxito de la gestión. Pero, esto es el tema de otra nota.
https://catalinapantuso.wordpress.com/category/ceremonial-y-protocolo/


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