La Tecl@ Eñe
Editor/Director: Conrado Yasenza
viernes 04 de agosto de 2017
La lucha por la mayoría

Las elecciones con PASO o sin ellas tienen por fin medir la fortaleza y debilidad de las fuerzas políticas que ocupan el gobierno o que cumplen el rol de oposición. Es un balance, en este caso intermedio, entre un mandato presidencial y otro. También apunta a la oportunidad de configurar mayorías y minorías para el desarrollo de la competencia política por el poder.
Por Ricardo Rouvier *
(para La Tecl@ Eñe)
En buena parte de Occidente de donde proviene nuestro sistema político, las elecciones con PASO o sin ellas, tienen por fin medir la fortaleza y debilidad de las fuerzas políticas que ocupan el gobierno o que cumplen el rol de oposición. Es un balance, en este caso intermedio, entre un mandato presidencial y otro. También apunta a la oportunidad de configurar mayorías y minorías para el desarrollo de la competencia política por el poder.
A esta evaluación, que corresponde a la matriz del régimen democrático liberal, se agrega además la performance de las identidades, intereses y valores que adoptan las organizaciones políticas ante el Estado y la sociedad civil. Por muchas razones que exceden este artículo, desde hace años que nuestra política tiene un horizonte limitado en tiempo y espacio, aunque, es necesario reconocer, que durante el kirchnerismo la representación oficial ante los organismos internacionales y regionales planteó una política de alianzas progresistas que hoy está debilitada. La situación actual obliga a un replanteo en ese sentido, con la realidad brasilera y la caída del chavismo, independientemente de la evolución de la dramática situación de la encrucijada venezolana. Previo a esto, la voluntad progresista estaba replegándose.
En nuestras elecciones se cumple la formalidad antes señalada en que el gobierno de Cambiemos va a examen; y también compiten entre sí las facciones, más grandes o más chicas del panperonismo. El peronismo en su fragmentación busca, tal vez infructuosamente, su unidad, su totalidad dominante de otrora. Fue Néstor Kirchner que logró en su momento disciplinar a la casi totalidad del peronismo detrás de su figura.
Cuando asumió CFK se encerró más y achicó mucho la política, dejando a la luz sus viejas controversias con el PJ; el kirchnerismo no logró integrar al resto del peronismo, salvo a través de las necesidades de la hacienda pública.
Esa unidad posibilitó los triunfos sucesivos en el 2007 y en el 2011. Aunque las derrotas en territorio bonaerense del 2009 y el 2013 y 2015, mostraron un déficit del consenso con el éxito de una simulación peronista como fue la de De Narváez. En esos momentos el peronismo perdió uniformidad, por influencia de la crisis internacional que derivó en caída de la actividad económica, y por incapacidades de la gestión provincial.
Hay otra cuestión que revela la sociología política y son la evaporación de las identidades en el mundo líquido. Cómo nunca antes el peronismo es un mar de contradicciones y bordes lejanos inaprehensibles; dichas contradicciones no se resuelven porque se disimulan al llegar al gobierno y los peronistas se amuchan alrededor del poder (el poder disponer de recursos) . Y el PJ nacional actúa como una esfinge, o sea no hace nada ni dice nada, es como quien asiste a su propio velorio.
Un salvataje para el peronismo fue incluirse en el kirchnerismo que poco tenía que ver su corpus discursivo (sobre todo en lo cultural) con el núcleo conservador popular que anida, también, en la matriz peronista que sigue imperando en varias provincias bajo la advocación de Perón y Evita. Otra paradoja: el peronismo nació para superar el anacronismo oligárquico que tuvo su esplendor en la década infame y adoptó en varias regiones las mismas prácticas que su enemigo histórico.
En el 2003, ante otra crisis, hubo tres neolemas, y hoy el peronismo bonaerense también se divide en tres partes, aunque algunos han inaugurado un cuarto puerto de nivel nacional ingresando a las filas del PRO. Una gran incógnita política a futuro para el oficialismo, sobre el cual hay una controvertida interna, es estimular o no un mayor ingreso de peronistas, para lo cual lo ayudaría obtener un buen resultado en octubre.
En el mundo occidental van desapareciendo los grandes partidos construidos sobre ideologías estructuradas y polares que enarbolaban cosmovisiones. Había una prospectiva y proyectos que ahora no están. El liberalismo y el neoliberalismo apuntaron al libre albedrío, pero privilegiando la libertad de mercado; las izquierdas y los populismos progresistas hacia la igualdad y la autonomía nacional. Siguen apuntando; pero hay resignaciones varias por la incompletud que ofrece la realidad. Claro, hay ganadores y perdedores que se dirimieron en el siglo pasado, aunque algunos de los perdedores, por nostalgia o por ignorancia, no se dieron cuenta.
Ambas utopías no se han realizado completamente, aunque el innegable progreso en el espacio de los ganadores haga parecer que la historia ha terminado. Es indudable que el debilitamiento de los extremos alimenta y consolida la avenida del medio, como tal la misma puede presentarse con sus andariveles más hacia la izquierda, más socialdemócrata, o más a la derecha; ambos costados pueden adoptar la modalidad progresista o conservadora. Pero el populismo pleno, como fue por ejemplo el chavismo con su proyecto inicial bautizado como Socialismo del Siglo XXI, no parece que tenga viabilidad y menos que se expanda.
Fluyen hacia esa avenida, no sólo quienes lo manifestaron explícitamente como Sergio Massa o Macrón en Francia, sino también la subjetividad colectiva de las sociedades de occidente. Asimismo, gran parte del peronismo va hacia esa cuenca, obviamente no el kirchnerismo, y también el PRO que intenta salirse del encasillamiento a derecha. La presencia de la UCR lo ayuda porque siempre se presentó como una fuerza de centro.
Como todos sabemos, el sistema de representación en el mundo democrático está en crisis, eso se expresa en el resquebrajamiento de la institucionalidad política y en la conformación elitista de su accionar. Sumamos un nepotismo generalizado que provoca el desdoblamiento de la ciudadanía. Antes, las prerrogativas eran de sangre o de posesión de un título nobiliario que terminaba siendo una mercancía; ahora ha retornado la potestad de lo consanguíneo como factor de poder, a lo que hay que agregar a los "amigos", y se va feudalizando la política, paradójicamente en medio de la postmodernidad. El resto de la ciudadanía, es de segundo orden, comparado con la facilidad de los otros. Lo preocupante es que este modus operandi funciona de igual modo gobierne quien gobierne: sea el populismo o el neoliberalismo. Y peor aún, esta conducta no es ajena a la captura general del capitalismo en la mente de la clase dirigente, al punto que encontramos discursos interpeladores a la desigualdad social en dirigentes populistas, que son dadores de privilegio. No hay meritocracia, hay parientes.

Nuestro país no es una excepción respecto a las crisis estructural de la política, y a esto hay que agregar que los Partidos Políticos son más débiles aquí que en muchos otros países. El número de 700 Partidos Políticos en todo el país, de los cuales una treintena son nacionales, no es una muestra de fortaleza, ni de la explosión de las mil flores, sino todo lo contrario, un testimonio del naufragio. La representación llevada a lo microscopio termina siendo una kermese.
La democracia burguesa se basó, desde sus orígenes, en la representación indirecta y la identificación entre ciudadano y poder fue más de carácter simbólico, vehiculizado por el lenguaje, que real. En realidad, el momento de mayor presencia de opinión y elección es en el momento de la emisión del voto, luego de ingresarlo a la urna, el ciudadano, por una parte, y el partido o alianza por otro. Luego, los gobernantes harán lo que consideran adecuado, lo que quieren o lo que las estructuras de poder preexistente le permiten, se ajuste mucho o poco a lo que se ha prometido en campaña.
Hay una tensión, siempre, entre lo deseable y lo posible, siendo lo deseable el motor de la acción pública; revestido muchas veces de un envase racional, o peor aún, de una impostura elaborada por la razón. Es verdad que hay cargos legislativos más cercanos a sus comunidades y a sus demandas específicas, en esos casos tenemos una representación que aún respira. Pero en los grandes distritos, o cuando el país es distrito único, se abre esta alienación entre unos y otros que sustituye esta grieta "natural" del subsistema político, la palabra que sutura la fisura entre el representante y el representado.
El ideal filosófico del liberalismo es alcanzar un ciudadano con autonomía y excluir toda forma de sujeción del sujeto con el Estado. La educación es el motor emancipador del conocimiento. Sin embargo, la sociedad actual que indudablemente ha progresado en su expansión, en su creación, en sus derechos, es una sociedad atada a la evolución de las condiciones materiales que la circundan; y por ende atada a la desigual distribución de bienes y servicios ritualizados como necesidad. Es muy difícil que el populismo pueda replantearle a la sociedad un cambio actitudinal ante el consumismo, debido a la influencia inconsciente que ejerce la dirección cultural a través de sus múltiples instrumentos.
Hay diversas teorías en relación al dispositivo de elección de los ciudadanos que varían desde reconocer la libertad de elección del ciudadano hasta la manipulación del elector por las corporaciones. O sea que los grados de libertad del individuo que emergió en la Revolución Francesa como ciudadano, se pone a prueba en una sociedad cada vez más compleja e institucionalizada. El ciudadano es tironeado por otras máscaras: el consumidor, la audiencia.
Para la historia liberal, el hombre se pone de pié a través de estos profundos cambios que le van otorgando cada vez más grados de libertad, mientras se acentúa la heteronomía, la construcción de subjetividad desde afuera del sujeto. El individuo tiene innegablemente más libertad, sobre todo de costumbres, desde que la burguesía asumió la dirección de la sociedad, y tiene la posibilidad de crecer personal y grupalmente al compás de su economía. Pero el poder sólo habita en las grandes corporaciones y las burocracias que custodian dicho poder. Por eso, la política evoluciona hacia el elitismo, porque no hay lugar para las bases, no hay lugar para el pueblo organizado dentro del régimen dominante. Ambos han quedado en la abstracción discursiva como parte de la victoria de los que ganaron durante el siglo XX. Y ese problema lo tiene más el populismo que la derecha, porque a ella no le interesó nunca lo colectivo, salvo como amenaza o patología (Ortega y Gasset o Gustave Le Bon). No es casual que Macri o Trump sean presidentes, provienen del mundo empresario; y es la representación del capitalismo que desnuda sus intenciones de dejar de ser el opaco poder detrás del trono. Son la demostración de la subalternización de la política, preocupada por los resultados de la gestión. Al Presidente norteamericano, al menos le cabe la responsabilidad de pensar el mundo, y rezamos por eso. En cambio, a Macri mucho menos, le cabe seguir la nave insignia y no desviarse del rumbo. También tratar de darle continuidad a su proyecto político, para lo cual sabe que tiene que ir y retroceder varias veces.
Los resultados electorales expresan un diagnóstico sobre el estado de la sociedad en un momento determinado, la relación de fuerzas, describe un clima de época, una orientación en los paradigmas políticos vigentes y la problematización de la topografía, también originaria de 1789, entre derechas e izquierdas. Entre la libertad, ahora más enfática de mercado, y la igualdad social. Nuestro país tiene la particularidad que no puede enlazarse con la tradición política europea o con la de algunos países vecinos, porque el peronismo subvirtió la taxonomía clásica entre derechas e izquierdas, y se instaló transversalmente en la sociedad nacional, desalojando la interpretación marxiana europea. Por eso la caracterización de populismo se ajusta mejor a la singularidad de la experiencia peronista, que tuvo su paralelo en otras experiencias latinoamericanas; elevando la cuestión nacional a un capítulo central, para comprender la dinámica política de los países dependientes. Pero, hoy el populismo progresista está en un callejón (no sabemos si ahora agregar "sin salida").
Quedan los restos del primer peronismo y del último peronismo, y ambos integran una masa heterogénea que llamamos panperonismo y que no encuentra su conducción nacional. No hay caudillo nacional, ni jefe, ni conductor, hay un liderazgo en una de sus fracciones que es el de CFK.

El kirchnerismo, sin duda, tiene raíces del peronismo original (se puede observar que sobrevive en el discurso y actitudes de Guillermo Moreno), más los ´70 con la Tendencia Revolucionaria y la gesta incompleta de aquella época; a lo que se agregan sectores de centro izquierda que provienen de la otra tradición que engarza al anarquismo con los Partidos Comunista y Socialista. Como sabemos, el kirchnerismo logró superar las diferencias entre ambas tradiciones, sin resolver desde la organización política la superación del divisionismo con una masa importante de peronismo que no conjuga con CFK. Era obvio que la invitación a Randazzo era para evitar la competencia para las PASO, y ante la negativa, sacar al PJ por la ventana, con el mismo objetivo. También era obvio que el grupo randazzista no se agotaba en lo electoral, sino que iniciaba un cuestionamiento al liderazgo de la expresidenta y finalmente, fue de sentido común que la líder del kirchnerismo lo evitara.
La mayor rebeldía de nuestra historia contra el hegemonismo fue el peronismo en su etapa fundacional. Y en los últimos años el kirchnerismo. Claro, hay que considerar todas las diferencias de época, pero ambos marcaron un clivaje en la sociedad argentina, aunque la primera por su duración y extensión marca una preeminencia en el imaginario colectivo.
Esa interpelación del kirchnerismo alcanza a sensibilizar al mundo financiero y económico mundial, que observa cómo la Argentina no se adecua a lo esperado. Pero esa tensión no supera más que algunas menciones de los medios extranjeros, exagerado por las operaciones de los medios fogoneados por el oficialismo. Por supuesto que el mundo empresario extranjero y, agregaríamos, nacional, quiere que Cambiemos gane la elección en la Provincia de Bs.As; ahora, de allí afirmar que eso pone en peligro futuras inversiones es excesivo y falso.
El espacio adversativo del oficialismo es múltiple y diversificado, pero tiene un sector compacto y activo que es el kichnerismo, liderado en forma muy concentrada por CFK, a tal punto que si ella no estuviera o no fuera candidata la elección se resolvería fácilmente. El kirchnerismo está despojado de institucionalidad y toda su estructura es radial y mesiánica. Carece de un programa o propuesta para definir lo estratégico, lo táctico, las herramientas para que el populismo derive en una alternativa para transformar orgánicamente al país. Compartiendo el poder con el poder dominante, sabiendo que no hay rendición por parte del dominio global.
Es en razón del pasado kirchnerista, de su estilo, de sus errores aunque no explicitados, que se obliga a cambiar su estrategia electoral, pasteuriza su temperamento y lo obliga a pararse en la cancha en posición defensiva. Opera como comparativo de la recesión económica con el período anterior, y no menciona su competencia en el archipiélago peronista. Su estrategia es furtiva y silenciosa, para conquistar a un otro que no adhirió a las muchas controversias del gobierno anterior.
Un eventual triunfo de CFK en el distrito más grande pondrá en emergencia al peronismo del interior no kichnerista que apurará su camino de alianzas internas para la presidencial cerrando el paso a la coronada Senadora.
Por otro lado, también participan de la oposición 1País de Massa/Stolbizer, Cumplir de Randazzo, la izquierda y Pino Solanas. Los dos primeros tienen votos peronistas. El ex Jefe de Gabinete, que dispone de una capacitada segunda línea, fluctúa entre su alianza institucionalista con Cambiemos y la oposición más dura, pero su figura no logra la convicción suficiente. Randazzo empezó tarde y permaneció en silencio mucho tiempo, tal vez demasiado.
El ex Ministro, aspira a participar de un armado nacional del peronismo, en el que confluyen Schiaretti, De la Sota, Urtubey, Das Neves y otros gobernadores peronistas. Esa suerte de liga de gobernadores se nutriría de Randazzo, junto a Julián Domínguez. Mientras que Massa va a aspirar a seguir transitando la avenida del medio con una posición más frentista, más transversal y menos sectorial que la de reunir al peronismo.
El dato político central para la legión conservadora que gobierna, es que el peronismo está dividido y que esa división limita las posibilidades de una eventual victoria en la Prov. deBs.AS. y otros distritos menores; además asegura el camino de la centro-derecha hacia la "puesta en orden" para la renovación del 2019. En esa puesta en orden juega lo internacional, que consiste simplemente en que el gobierno se acomode a lo que el dominio mundial señale como tendencia. El macrismo es parte de la convicción universal sobre las bondades del capitalismo, la democracia liberal y el individualismo cultural. Por lo tanto, su ajuste es más sencillo, en un tablero en el que puede haber sorpresas, como el triunfo de Trump, pero donde todos están dentro del sistema.
Es decir que en estas PASO confluyen varias líneas directrices de las fuerzas políticas para construir mayoría, con el anticipo de que nadie lo logrará y que habrá más de simbolismo que de facticidad. Cambiemos apelará al promedio nacional, mientras un triunfo de CFK significará un respaldo a su figura en el territorio más importante, con la intención de irradiación hacia el resto del país.
Pero hay otros peronismos expresados en poderes locales y en organizaciones, como la CGT, la CTA, los movimientos sociales. Es decir que el camino de ascenso del populismo es un camino que presenta varias fuentes, pero también varias limitaciones. El kirchnerismo si quiere homologar el poder que tenía, no tiene más remedio que conquistar al otro, un alter renuente a los estilos de CFK. Sin duda que como esto es dialéctico, también juega en la futura debilidad o fortaleza del peronismo k o no k, la evolución del gobierno de Macri.

Respecto a las orientaciones de la sociedad que se expresan en el acto electoral, tenemos que decir que nuestro enfoque difiere con varios del propio espacio, esos que cuando ganó Macri como Jefe de Gobierno en CABA se subieron al "asco" de Fito Páez e, inclusive, se llegó a decir y a escribir que se había derechizado el distrito porteño y por lo tanto había que crucificarlos. Si usamos el marco teórico propio del pensamiento revolucionario del siglo XX, casi toda la humanidad se derechizó. Por lo tanto, no es verdad que los que votaron a Macri Jefe de Gobierno adoptaron una ideología diferente a la que ya tenían, de la que tampoco tienen conciencia, y que está impuesta por la hegemonía cultural. Hay que considerar en el análisis que para los militantes o dirigentes populistas y progresistas, las ideologías son compartimentos estructurados; cosa que era así hace varias décadas atrás.
En definitiva, las elecciones se inscriben en un punto de la historia nacional, también en una pertenencia a un mundo en que el poder económico, político y cultural se ha consolidado a pesar de que la multipolaridad avanza, pero el régimen económico se concentra. El centro mundial espera que la periferia vote como corresponde, y la oposición va a demostrar el malestar ante la situación socioeconómica. Lo que está en discusión son las políticas económicas, ponerle un freno a Macri o que cambie sus políticas.
Mundo, región y Nación se entrecruzan en el proceso globalizador; y esta elección va a confirmar nuestra pertenencia al régimen democrático liberal de alcance mundial. Pertenecemos a este mundo y estamos en esta etapa de la evolución planetaria.
Las minorías como pasa en todo el mundo quieren convertirse en mayorías, y las elecciones sirven para constatar cómo avanza o no esa voluntad. Vemos que el kirchnerismo, como la expresión más neta del populismo, para cumplir su objetivo necesita ampliar sus bases y, agregamos también, institucionalizarse. Esto les plantea un desafío mayúsculo: ir por el no kirchnerismo. Y respecto a darle mayor contenido al populismo sería necesario que, superando la negatividad a Macri, ofrezca un plan con un proyecto económico y social (como siempre quiso o hizo el peronismo). El peronismo no k parece más integrado al régimen político dominante tanto a nivel internacional y nacional, sin embargo es posible advertir fracciones internas que puedan tomar cuerpo a medida que nos acerquemos al 2019.
Todos los segmentos, con sus matices, transitarán por el centro político. Cambiemos tratará de estructurar una fuerza política superior al 30% duro que tiene hoy, en una parte por ser el más opositor a CFK. Pero está conforme con cumplir algún rol en la naturalizada asimetría mundial, intentará avanzar sobre los independientes y los votantes volátiles del peronismo. Intentan fundar una nueva cultura política basada en el individualismo y la mínima incidencia del Estado. Intentarán formar una burocracia profesional que sustituya a la dirigencia actual, destinada a conducir a la sociedad a conformarse con la desigualdad y la dependencia.
De todas las fuerzas políticas existentes, salvo la izquierda trotskista, el kirchnerismo es la más ambiciosa por ser la más maximalista, la que promete por su gestión y, más aún, por sus discursos disruptivos, amagando con una profunda transformación; pero que aún no logra especificarse como porvenir. Muchos de los seguidores de CFK, que han abrevado en las fuentes de la izquierda revolucionaria o reformista, impulsan desde su subjetividad hacia un lugar que no sabemos, hacia una sociedad que no está definida; y con un liderazgo que nunca dijo nada que tuviera que ver con la concreción de las utopías del siglo XX.
Creemos en la política, por lo tanto, pensamos que el enorme flujo de promesas y amenazas que se destilan por las redes por parte del peronismo k o del k no peronista, debería tener alguna resolución en algún momento; sino es agua que fluye entre los dedos. Y si la centro-derecha del PRO no logra cambiar la política nacional, será otra frustración más para el círculo rojo que piensa el país como si fuera el predio rural de Palermo.
Como ocurre en la casi totalidad de las sociedades de occidente, la mayoría de los ciudadanos/consumidores/receptores, permanecen afuera de los fuegos ideológicos. Miran observan y ponen su indiferencia. Si las vanguardias de izquierda o derecha ortodoxa no pueden conducirlas, ellas seguirán atadas al sentido común, donde el conservadorismo se eleva victorioso con el estandarte religioso de la tecnología, la singularidad y la sociedad del espectáculo.
* Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier & Asociados


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