lunes, 3 de abril de 2017

Los miedos del Presidente


lunes 03 de abril de 2017



Los miedos del Presidente



Delicado momento. El gobierno enfrenta un futuro complicado. La sombra de CFK.

  























Por      Ernesto Tenembaum



A excepción de lo ocurrido en el primer período de Nestor Kirchner, quien asumió con una economía que crecía al 13 por ciento anual, los primeros quince meses de todos los gobiernos democráticos fueron dramáticos. Quince meses después de asumir por segunda vez, Cristina Kirchner confrontaba con un rechazo popular cada vez más decisivo, disparado por una mezcla de factores como la tragedia de Once, el caso Boudou, la reacción necia ante los cacerolazos, el cepo y el estancamiento de la economía. Quinces meses después de su primera asunción, Cristina entraba en su peor año económico, luego de una derrota política traumática por la 125.  En el mismo lapso, Fernando de la Rua ya no tenía vicepresidente, su alianza se había hecho trizas, la crisis económica era galopante y renunciaba su segundo ministro de Economía. Con Carlos Menem, la inflación volaba y faltaban aun meses para que se pusiera en marcha la convertibilidad. Y con Alfonsín, estallaba el plan económico de Bernardo Grinspun en medio de una inflación de tres dígitos. Si uno mira todo en perspectiva, está claro que, más allá de su destino final, hubo presidentes que pudieron conducir esas crisis y otros que no. Por eso no está escrito el destino de Mauricio Macri. Lo que sí está claro es que afronta una situación delicadísima.

Algo de eso se conversó en la cumbre que mantuvieron el jueves el propio Macri, con Jaime Durán Barba, su asesor estrella, y con María Eugenia Vidal y Horacio Rodriguez Larreta, los jefes de los distritos clave de Cambiemos. En esa reunión dominó un clima depresivo, exactamente el opuesto al que trasnmitió el oficialismo desde su llegada al poder. Hasta hace pocas semanas, el ánimo entre los referentes macristas contrastaba curiosamente con lo que se vivía en la calle: todo era optimismo, seguridad en ellos mismos, la percepción de que el futuro les pertenecía. Eso cambió de golpe después de la crisis del Correo, cuando, según todas las encuestas oficiales, a la sociedad se le acabó la paciencia. En ese contexto, en esa reunión se compartió una preocupación que tal vez sus asistentes no confesarían en publico: la posibilidad cierta de que Cristina Fernández de Kirchner emerja como la gran victoriosa en las elecciones del próximo octubre.
Contra la perspectiva voluntarista de un gran sector del macrismo que se negaba a verlo, Cristina siempre fue una amenaza latente. Bastaba hacer un cálculo sencillo para saberlo. Nadie aparecía con posibilidades de ganarle una interna en el PJ de la provincia de Buenos Aires. En el peor momento  –  2015  –  con el peor candidato  –  Aníbal Fernández  –  el PJ obtuvo un 35 por ciento. ¿Por qué ella iba a obtener menos que eso? Para ganarle, el candidato de Cambiemos debería superar esa cifra. Hasta hace un mes, el mismísimo Mauricio Macri reaccionaba a ese diagnótico con ciertas certidumbres, que hoy no tiene.

Cristina. La ex presidenta, una amenaza latente para el macrismo.


"El cálculo es muy sencillo. Ella tiene un 30 por ciento de la provincia. Nosotros también. Pero a ella la odia la mitad. De esos veinte puntos extra surge nuestro triunfo, porque ante la polarización una parte de ellos se vuelca hacia nosotros", decía el Presidente. Ahora eso está en duda, porque el clima social respecto del Gobierno es negativo. Eso se ve no sòlo en las encuestas de imagen sino, especialmente, en las que preguntan por las percepciones de la situación económica. Si la bronca contra Cristina no alcanza para que quienes la sienten voten al oficialismo, porque éste también es resistido, está claro que Crstina puede ganar la elección, y así lo explicó claramente Durán Barba, quien además considera a ella "una gran candidate".
Que Cristina pueda ganar no significa que vaya a hacerlo. Que Cambiemos pueda perder no quiere decir que eso es lo que vaya a suceder. Pero en esa reunión quedó claro que ese panorama ya no es un escenario imposible sino, al contrario, bastante probable. El miedo no es sonso, y por eso de esos análisis es que surge el primer profundo replanteo del mapa de ruta de Macri. Tomó dos medidas drásticas para desprenderse de los escándalos que le ocasionaba su familia: repudió públicamente el acuerdo por el Correo y corrió a Avianca del negocio de las low cost. Luego, se anunció que no habría aumentos para el transporte, como se esperaba. Y que se dividiría en tres cuotas el aumento al gas. María Eugenia Vidal pidió que la ayudaran con plata a destrabar el conflicto docente, y se reglamentó la ley de emergencia social para desactivar la marcha que se preparaba para el próximo lunes.

Macri enfrentará, en el futuro, dilemas delicadísimos. Si profundiza el ajuste fiscal que le recomiendan sus economistas, acelera el proceso inflacionario inmediato porque eso implica aumento de tarifas y demora la recuperación económica, porque reduce el consumo. Pero si no lo hace, se ve obligado a financiarse con deuda, un recurso que no es eterno. Hasta ahora, eligió el camino del ajuste, porque en los sondeos de opinión eso le generaba un costo manejable. Está visto que quien busca un límite, tarde o temprano lo encuentra. Ese límite llegó. Macri es consciente de que esos dilemas se harán más acuciantes si pierde las elecciones, y más aún si las pierde contra Cristina. Sus últimos dos años serían una tortura, aun mayor que estas conflictivas semanas. Por eso, dejará de agredir a sus votantes con aumentos en los próximos meses. ¿Le alcanzará? ¿O cuando la magia se rompe ya no vuelve? Para colmo de males, Cambiemos no tiene un candidato popular en la provincia de Buenos Aires.

Como ocurrió muchas veces en su historia, el principal problema de Cristina es ella misma. Si se miran las encuestas oficiales más secretas en detalle, hay varios elementos interesantes. Por lo pronto, la imagen presidencial acentuó una caída que lleva ya varios meses. Ese proceso afecta, por primera vez, a María Eugenia Vidal, cuyos indicadores siguen altos, pero ya no habitan en territorio celestial. Su aprobación ronda el cincuenta por ciento. Entre el cuarenta y el cuarenta y cinco, bastante estables, aparecen otros dirigentes destacados como Sergio Massa, Margarita Stolbizer, Elisa Carrió, Horacio Rodríguez Larreta.

CFK figura estable hace nueve meses entre los 35 y 40 puntos de aprobación. Su problema es que el rechazo hacia ella nunca es menor al 55 por ciento. Y eso está muy consolidado: hace años que ese número no se mueve. Todo su mensaje, y el de los suyos, además, no hace sino estimular ese rechazo. 

Sólo hay que escuchar los augurios de venganza de todo su entorno, los rostros crispados, la presencia de Amado Boudou, Luis D'Elía y Hebe de Bonafini en Comodoro Py para acompañar a Máximo Kirchner, las apariciones de Cristina con referentes venezolanos incluso en este contexto de estrepitoso fracaso de la revolución bolivariana. Está dispuesta, como siempre, a triunfar o morir con las botas puestas. Y eso, en campaña, tiene un costo.

Hay un enganche notable entre Mauricio y Cristina. El está en el poder gracias a ella. Ella puede volver gracias a él. Los errores de uno agrandan al otro. Quizá en esa dinámica se pueda percibir uno de los grandes dramas que enfrenta la Argentina. Basta mirar la evolución de los números de pobreza de la UCA, que hasta Página/12 acepta ahora como válidos, para percibir que los últimos cuatro años de Cristina y los primeros quinces meses de Mauricio fueron socialmente desastrosos: los unos y los otros. Pero entre ellos dos se juega hoy el poder político del país.

¿Y el peronismo? ¿Y esa mayoría de dirigentes que resiste a ambos? En esas mismas encuestas aparece creciendo de manera muy nítida Florencio Randazzo. Entre todas las curvas estables o descendentes hay una que crece cada mes y se acerca, en imagen positive, a la gobernadora Vidal.  Randazzo no es un jefe, no es un líder, y muy pocos, salvo él, se imaginan que pueda ganarle una interna a la Jefa. Parece chiquito al lado de ella. Pero lo mismo se decía de Sergio Massa en el 2013 y de Francsisco de Narvaez en 2009. 

Durán Barba sostiene: "Lo prefiero de contrincante toda la vida. No importa la imagen. Nunca debió enfrentar una elección. Una vez que se exponga, pierde". Agazapado, espera Sergio Massa. Si se produce el enfrentamiento entre Macri y Cristina, tiene un discurso posible. Son bastante obvios los defectos de ambos para pensar que no hay habitantes en la avenida del medio.

Demasiadas incógnitas.

Lo único cierto es que, como se podía imaginar cualquiera que observara el derrotero de este Gobierno, el futuro se le presenta complicadísimo aun si gana la elección de medio término.

Pero ni siquiera eso está seguro.

Es muy difícil de entender por qué a alguien se le ocurriría ser Presidente. O por qué otros siempre quieren volver. Pero parece que algo extraño hay en ese sillón maldito.









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