miércoles 07 de setiembre de 2016
Por Demetrio Iramain
Poeta y periodista, cursó la carrera de Sociología de la UBA.
Es autor de Poemas de mi yo concurrido y Tanta flaca infinitud.
Sus poemas integran las antologías de poesía social País de
Vientre Abierto, Legado de poetas y Si Hamlet duda le daremos
muerte. Desde julio de 2003 y hasta 2008, tuvo a su cargo el
Periódico Madres de Plaza de Mayo. En la actualidad es el
director de la revista ¡Ni un paso atrás!. Es columnista político
del diario Tiempo Argentino, y escribe regularmente en el sitio D
iario Registrado.
Es muy ingrato no reconocerlo. O tratar de irresponsable de "lengua suelta y nula responsabilidad" a una luchadora que de contragolpe, contra las cuerdas, acertó un cross que la mandíbula del enemigo no pensaba. Al menos eso fue lo que escribió Verbitsky en el mismo diario, una semana antes, cuando aún no tenía con qué comparar la Marcha de la Resistencia.
Si ahora, para ser muchos, tenemos que empezar otra vez de cero, como se sugiere en los análisis que campean en los diarios, corremos el riesgo de que "la experiencia colectiva se pierda, las lecciones se olviden". Por eso, no es aconsejable permitir que "cada lucha deba empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores", porque ese es un objetivo estratégico de "nuestras clases dominantes [que] han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, ni tengan doctrina". Así, al menos, pensaba Rodolfo Walsh.
Dejar huérfana de kirchnerismo a las protestas, cuestionar por "sectaria" u otros calificativos toda reivindicación de Cristina Kirchner, bajarle el precio político a las múltiples expresiones de antimacrismo, son actitudes claramente políticas. Ideológicas. Y funcionales a los reacomodamientos por derecha que intentan forzar algunos actores del peronismo. Tan a la derecha que hasta Massa podría capitalizar próximamente la "reconstrucción", o hasta una segunda vuelta de la Marcha Federal.
En cuanto a la fortaleza política de una y de otra marcha, resulta muy discutible analizarla únicamente bajo los mezquinos criterios que surgen de su cuantificación. Si así fuera, cómo explicar la potencia de las Madres, que siendo extremadamente pocas en sus primeros años de lucha, y marcharon exageradamente solas durante la dictadura, lograron enfrentarla con claridad, hasta vencerla. Y eso sin hablar de su construcción de la largo aliento, que a travesó con éxito aunque a la intemperie los años del alfonsinismo, el nememato, el duhaldismo y la Alianza. Evidentemente, la eficacia política pasa a veces por otro lado.
Sin dudas, a la "reconstrucción" que supone la Marcha Federal le falta la conducción que propuso la Marcha de la Resistencia. Pero ambas movilizaciones no son contradictorias. No se anulan entre sí. Una es parte de la otra. Apenas dos movimientos de una misma sinfonía. Y es un error no forzado presentarlas enfrentadas.
Desde luego, el pueblo no puede confiar en que los dirigentes sindicales que le subieron la mano vencedora a Macri ahora quieran detener sus políticas. Y ese necesario proceso de cohesión y crecientes definiciones, es urgente transitarlo, aunque en el camino algunas de nuestras movilizaciones parezcan "magras" a los ojos de las cámaras de los noticieros de las 8 PM.



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