
martes 06 de setiembre de 2016
OPINIÓN
Marcha Federal y después
Por Washington Uranga
Pasó la Marcha Federal y dejó como saldo muchas cuestiones para analizar, pero sobre todo instaló nuevos escenarios y abre otras perspectivas para reflexionar sobre la realidad política y social del país.
Un nuevo sujeto popular que comienza a constituirse. Este quizás haya sido uno de los logros más importantes. Sobre todo teniendo en cuenta la inconsistencia demostrada por la oposición institucionalizada en los partidos y en algunos sectores sindicales que coquetean con el Gobierno. Unos y otros actúan tratando de obtener ventajas directas o bien salir beneficiados en el mediano plazo frente al fracaso de la estrategia económica y política de Cambiemos.
La Marcha Federal hizo visible coincidencias que surgen desde la base social y popular, superando los encuentros de cúpulas. Convocaron las dos CTA, pero hubo gremios de la CGT, estuvieron las organizaciones sociales y de la economía popular y solidaria, las diversas multipartidarias contra los tarifazos, se sumaron agrupaciones de izquierda y muchos participantes espontáneos. Entre otros logros esto permitió alcanzar la masividad que, sin ser el único y más importante de los datos, es una cuestión relevante, que incluso obligó a los medios de comunicación oficialistas a no desconocer el acontecimiento si bien intentaron minimizar su trascendencia. La masividad, vale decirlo, sorprendió incluso a varios de los dirigentes convocantes que en los días previos no ocultaban su preocupación acerca de que un número reducido de participantes provocara un "tiro por la culata" para ellos y sus organizaciones. No sucedió.
Y la convocatoria se amplió por derecha y por izquierda. Por arriba y por abajo. También desbordó las fronteras organizativas de quienes la convocaron.
La Marcha puede leerse como un emergente del malestar social. Esa "sensación" que ciertos dirigentes políticos intentan desconocer - incluso algunos de los que formalmente se definen como opositores - pero que está presente en la cotidianeidad de los asalariados. "La Marcha Federal vino a cumplir un vacío de representación del conflicto social" sintetizó Hugo Yasky ante Página/12 para rematar que los participantes "sentían que había que unificar y expresar una demanda de cambio profundo en las políticas que vienen constituyéndose en una permanente agresión a los sectores populares".
Fue una advertencia fuerte para el Gobierno, aunque el macrismo insista en mostrarse inflexible. Prueba de ello es que antes de iniciar su regreso desde China el presidente Mauricio Macri se apresuró a cerrar las puertas a cualquier reapertura de negociaciones paritarias. No obstante en Cambiemos tomaron nota del cambio de escenario.
También se anoticiaron los dirigentes de la CGT unificada (más "emparchada" que unificada, dicen algunos) reacios a lanzar un plan de lucha que contemple un paro general bajo el argumento, a veces explícito otras no tanto, de "no romper el diálogo" y "darle tiempo" al macrismo. Los cabecillas sindicales no pierden de vista su agenda, pero tienen también gran capacidad para captar el humor social, son astutos y buscan siempre evitar ser superados por las bases.
Los escenarios de la lucha. La Marcha también dejó en claro que este nuevo sujeto popular que emerge se inscribe en la tradición histórica de las luchas sociales en la Argentina y elige la calle como el lugar más apropiado para sus batallas. Pero habría que tomar nota también de que la Marcha Federal no solo se jugó en la calle. Quizás como pocas veces antes en este tipo de convocatorias también hubo redes sociales dentro de la estrategia de los organizadores. Los dirigentes entendieron que ese es un espacio a contemplar y a conquistar, un ámbito a considerar dentro de la estrategia de lucha. Es un dato novedoso para tener en cuenta y que puede incidir en el futuro para la construcción del nuevo sujeto de la lucha popular.
Calle y movilización social son dos componentes del escenario político a los que conscientemente ha renunciado la alianza Cambiemos impulsada por la práctica del PRO, mucho más propensa al "vos" que busca interpelar personalmente, que elige los medios de comunicación y las redes sociales como ámbito privilegiado de su estrategia de incidencia y consiente en el "timbreo" como la forma más utilizada de aproximación directa a la ciudadanía.
También es cierto que, por esa misma lógica, en el macrismo desestiman la importancia de la movilización popular y no sienten que la gente en las calles constituya un obstáculo a sus objetivos. La lectura sigue siendo la transmitida por sus voceros periodísticos en las últimas semanas pretendiendo leer los actos de protesta masiva como embates contra la "institucionalidad". Por este motivo y porque no están dispuestos a ceder en sus propósitos políticos y económicos los dirigentes del macrismo deciden, por el momento, no prestar atención al reclamo callejero. Sin embargo, por las dudas, el Gobierno ya armó un "comité de crisis" integrado por buena parte del gabinete ante la posibilidad de que la protesta social vaya en aumento.
Queda como uno de los saldos: para consolidarse el campo popular amplia el campo de alianzas, reposiciona actores, renueva a otros y complejiza sus estrategias de lucha.
OPINIÓN
DÓLAR FUTURO
Una causa inventada con efecto boomerang
Por Axel Kicillof *
Entre los analistas económicos existe un extendido consenso sobre este punto. Enumero sólo algunas notas periodísticas que denuncian el retorno del atraso cambiario a la Argentina: "Se profundizan los problemas por el atraso en el tipo de cambio" (Clarín, 19/6, C. Boyadjián); "Maquinaria agrícola: alertan por el 'atraso cambiario' para exportar" (La Nación, 8/8); "El atraso cambiario llegó para quedarse" (El Economista, 08/06, M. Polo); "Más atraso cambiario: habrá otros u$s 2000 M por bonos", (Ámbito Financiero, 10/06, P. Wende); "Dólar a $14, ¿otra vez barato? Siete economistas de distintas visiones coinciden", (Clarín, 05/06, E. Burgo); "Preocupa al Gobierno el atraso cambiario y el impacto del dólar barato, que ayer volvió a caer", (La Nación, 4/06/16, F. Jueguen); "¿Otra vez atraso cambiario?: Argentina vuelve a ser un país caro en dólares en el ranking internacional" (iProfesional, 05/07, C. Zlotnik); "La falta de competitividad pone en debate si se salió bien del cepo" (Fortuna, 11/7); "Ecolatina: Argentina vuelve a ingresar a un ciclo de atraso cambiario" (Cronista, 23/5). Tanto se insiste sobre este tema que, la semana pasada, el presidente del Banco Central tuvo que rechazar las presiones para una nueva devaluación, tal como reflejó el título principal de la portada del BAE: "Sturzenegger (…) cuestionó a industriales por pedir corrección del tipo de cambio" (13/8). Mientras tanto el vicepresidente de la UIA pedía una devaluación del 30% por el atraso: "Para Rattazzi el dólar 'está retrasado hace mucho' y debería estar a $ 18" (Ámbito, 1/9).
En esta nota no voy a discutir si el tipo de cambio está "atrasado" o no lo está. Lo que es indiscutible es que si hoy no hubiera atraso cambiario, entonces tampoco lo había en 2015 (y viceversa). Lo que quiero cuestionar aquí – una vez más – es el absurdo argumento utilizado por el Sr. Bonadío para procesar a 18 funcionarios del gobierno anterior, entre los que me encuentro incluido. Como ya hemos dicho, la decisión de Bonadio no tiene lógica económica, y mucho menos jurídica, como reconocen todos los juristas del país, incluidos los miembros del actual oficialismo que originalmente hicieron la denuncia.
Para empezar, conviene aclarar que la causa "dólar futuro" en el juzgado de Bonadío no es una causa de corrupción. No se acusa a ningún funcionario de haberse beneficiado ni de haber favorecido a terceros con sus decisiones. Sí existe otra causa, en otro juzgado, vinculada a las operaciones de dólar futuro, que es por corrupción, pero no nos acusan a nosotros. Es que en el curso de la investigación se descubrió que muchos de los actuales funcionarios del gobierno de Macri compraron dólar futuro en 2015 y luego fueron ellos mismos los que decidieron cuánto se iba a devaluar y cuánto iban a cobrar por sus contratos de dólar futuro en 2016, enriqueciéndose con la maniobra. Es el caso, entre otros, de Mario Quintana, hoy vicejefe de gabinete, que según consta en el expediente participó antes de asumir en las negociaciones con el Mercado Rofex para fijar el valor de pago del dólar futuro que su propia empresa había adquirido.
El Sr. Bonadío nos acusa a nosotros por algo muy distinto, y lo encuadra en la atípica figura de "administración infiel". Toda la acusación se basa en un único argumento que es totalmente inverosímil.
Según la opinión de Bonadío, en el año 2015 Argentina experimentaba un evidente "atraso cambiario". Nótese que es el mismo panorama que los diarios y analistas señalan ahora. Para Bonadío esto quiere decir que el valor del dólar se encontraba apartado de su valor "de equilibrio". Según Bonadío, estaba demasiado barato. La consecuencia de este atraso cambiario iba ser, irremediablemente, una fuerte devaluación de la moneda. Siguiendo esta línea argumental, todas las operaciones que realizaba nuestro gobierno al tipo de cambio oficial – no sólo con el dólar futuro – eran ruinosas para el Estado y, por tanto, para Bonadío, configuraban un delito. Repito el razonamiento porque es el fundamento de toda la acusación: las operaciones realizadas por el Banco Central en el mercado de "dólar futuro", así como todas las operaciones económicas que realizaba el Estado podrían considerarse "criminales" porque se pautaban a precios que, según la opinión de Bonadío, eran equivocados, "artificiales" y, por tanto, sobrevendría luego, ineludiblemente, una corrección cambiaria.
Cito un solo pasaje del escrito de Bonadío: "el Precio de Mercado del dólar no era pues – al momento de la celebración de los contratos – el que se venía generando artificial y costosamente por parte de la ruinosa intervención en los mercados del BCRA" (…) "Basta para ello apreciar como en un periódico especializado en la materia financiera expresaba aludiendo a la fuerte intervención del BCRA…". También se pregunta: "¿Quién podría dudar de la inevitable devaluación de la moneda nacional que sucedería tras el cambio de gobierno?" Bonadío sostiene que el atraso cambiario causado por la intervención del BCRA iba a producir una devaluación. Pero, ¿de qué dimensión? Bonadío también responde esa difícil pregunta: "el valor que verdaderamente correspondería a la moneda estadounidense era aproximadamente un 40% mayor al pactado".
Pasa por alto que el Banco Central estaba simplemente operando en el mercado de dólar presente y futuro – como lo hacen habitualmente los bancos centrales – para evitar una corrida que llevaría a una devaluación y además estaba respetando el tipo de cambio que el Congreso había fijado en la Ley de Presupuesto.
En realidad, la discusión acerca del valor "adecuado", "de equilibrio", "real" o "natural" del tipo de cambio, y sobre los determinantes del valor de la divisa, se cuenta entre las polémicas más agitadas de la economía teórica desde su surgimiento en el siglo XVIII. Lo cierto es que ese debate nunca fue resuelto y continúa hasta la actualidad. Podría decirse que cada economista tiene sus propias opiniones. Sin embargo, en su escrito, Bonadío se muestra tan convencido de sus conocimientos económicos como para determinar cuál "debe ser" el valor del dólar en cada momento. Más aún. En base a esa certeza, decide procesar judicialmente a los funcionarios del gobierno anterior porque no respetaron el valor del dólar que él consideraba adecuado. Me animo a afirmar que nadie esperaba que fuera un juez federal de la República Argentina el que resolviera estos debates teóricos y prácticos ya centenarios.
Pero hay algo peor y que demuestra la incongruencia de su acusación. Si Bonadío tiene razón cuando procesa a los funcionarios del gobierno anterior, debería ahora, para ser consecuente, comenzar a procesar uno por uno a los funcionarios del actual gobierno. De hecho, existe un generalizado acuerdo sobre el actual "atraso cambiario" (por otra parte, para Bonadío, que lo diga la prensa lo convierte en una verdad indiscutible) y, por consiguiente, los funcionarios están realizando operaciones cambiarias a un valor "artificial" del dólar, a un dólar "barato". Por caso, hace no mucho, se vendieron 1.000 millones de dólares de las reservas para sostener el valor de la divisa. Más aún, el gobierno de Macri tomó deuda externa por más de 29.000 millones y las reservas están prácticamente al mismo nivel que cuando asumió en diciembre del año pasado, de manera que todos esos dólares fueron gastados, vendidos o utilizados a un tipo de cambio "irreal" o "infiel". Es más, si en el futuro cercano el peso sufre una nueva devaluación (como efectivamente está ocurriendo), tendría Bonadío una prueba irrefutable de que nuevamente se ha cometido el delito de vender los dólares "baratos", a un precio irreal. Y en este caso no se trata de contratos de dólar "futuro" que por lo menos se pagan en pesos, sino de los dólares contantes y sonantes que vende el gobierno.
También la cuestionada política de tasa de interés alta del BCRA tiene por objetivo evitar una devaluación. Y sus costos son siderales, ya que el stock actual de Lebacs y Nobacs asciende a $625.000 millones, un monto casi igual al total de la base monetaria, es decir, los billetes y monedas en circulación más los depósitos de los bancos en el BCRA. La semana pasada, los pagos efectivos de intereses por las Lebac emitidas por la gestión de Federico Sturzenegger alcanzaron los $56.100 millones, superando, por caso, todos los pagos de dólar futuro ($53.700 millones) producto de la devaluación de Macri. En el balance 2016 del BCRA, el impacto de las Lebac será del orden de los $140.200 millones. El Sr. Bonadío también tendría que procesar a las actuales autoridades por esta "pérdida" en la que se incurre para sostener el valor "artificial" del tipo de cambio.
Además, lo que es más grave, es que si como todo el mundo piensa el dólar nuevamente "se atrasó", entonces la devaluación que realizó el gobierno de Macri no sirvió para nada, porque nueve meses después de realizarla el dólar vuelve a estar atrasado. Siendo así, podría también Bonadío perseguir a los funcionarios del actual oficialismo por todas las pérdidas que se sufrieron en estos meses. Para empezar, conviene tener en cuenta que cuando el gobierno de Macri hizo la devaluación, la deuda externa Argentina creció de un golpe en la astronómica suma de $898.882 millones de pesos, lo cual debería computarse entre esas pérdidas. Y como la devaluación se trasladó en buena medida a los precios de los bienes de consumo, también habría que calcular el perjuicio para todos los ciudadanos por los aumentos que pulverizaron el poder adquisitivo de sus ingresos y generaron una grave recesión.
Llegamos así al absurdo que ya habíamos señalado. Si la acusación que Bonadío nos hace en la causa dólar futuro tuviera un sólido fundamento legal, es decir, si el tipo de cambio "debe" estar siempre a un nivel "adecuado" y todas las operaciones que se realizan por fuera de ese valor, sean presentes o futuras, se encuadra en la figura de "administración infiel", entonces el presidente Macri, sus ministros y el actual presidente del Banco Central no tendrán más alternativa que preguntarle a un juez federal cuál es el tipo de cambio que corresponde fijar en cada momento para no cometer ningún delito. Y siguiendo este razonamiento, debería ser el poder judicial el que se haga cargo de determinar el valor del dólar.
En fin. Bonadío está en una encerrona: pretende juzgar penalmente las decisiones de política económica. La única forma evitar el procesamiento que dictó Bonadío era devaluar. Por mi parte, como ocurre con muchísimos argentinos, no coincido con la política económica, financiera y cambiaria del gobierno de Macri. Pero nunca se me ocurriría resolver estos desacuerdos ante la justicia penal. El resto es mera persecución judicial.
* Diputado nacional. Ex ministro de Economía.
EL GRUPO DE GOBERNADORES E INTENDENTES HACE SU PRIMER
ACTO PÚBLICO
Con Cafiero como bandera
El acto es la continuación del encuentro en la Casa de Chaco.
Por Fernando Cibeira
Luego de mucho tiempo un sector del peronismo hará un acto para recordar el triunfo de Antonio Cafiero para la gobernación bonaerense. Ocurrió el 6 de septiembre de 1987 – hoy se cumplen 29 años – y es la excusa que encontraron los intendentes del grupo Esmeralda para organizar junto a algunos gobernadores el primer evento público de quienes se presentan como la "nueva renovación" del PJ. Ellos sostienen que no reniegan de lo hecho por el kirchnerismo, pero consideran que Cristina Kirchner no debe ser quien lidere de aquí en adelante al principal partido opositor. En una muestra del tironeo interno que existe en el peronismo, otro sector de intendentes de la Provincia – de posicionamiento más afín al kirchnerismo – anunció su propio acto para el jueves.
"Vamos a recordar el triunfo de Antonio Cafiero que reivindica en aquella etapa lo que fue la renovación del peronismo y, a la vez, potenciar el camino hacia la renovación que hemos iniciado hace algunos meses", sintetizó el intendente de Bolívar, Eduardo "Bali" Bucca, uno de los convocantes a la cita de hoy a las 18 en el céntrico hotel NH.
Será la continuación del encuentro de la semana pasada de gobernadores, intendentes y legisladores en la Casa del Chaco, en la que el gobernador Domingo Peppo hizo de anfitrión. Esta vez serán los intendentes bonaerenses los que harán cargo de la organización, aunque se preocuparon porque el protagonismo esté repartido. En el acto hablarán un par de intendentes, un par de gobernadores, algún dirigente nacional que probablemente sea el presidente del Parlasur y dirigente del Movimiento Evita Jorge Taiana y algún representante de aquella renovación cafierista, casi seguro el ex ministro de Salud Ginés González García.
Pero el equilibrio es una tarea difícil. Imaginan que habrá tres o cuatro gobernadores – Peppo, Rosana Bertone (Tierra del Fuego), Gustavo Bordet (Entre Ríos) y Sergio Casas (La Rioja) – aunque el salteño Juan Manuel Urtubey ya anticipó que de nuevo no participará porque es su cumpleaños. En cambio, prometió a los intendentes comenzar a recorrer la provincia de Buenos Aires junto a ellos.
El entusiasmo por la organización del acto se enfrió un poco ayer por la tarde con la aparición de un cable de agencia que revelaba el surgimiento del "grupo Fénix", con los intendentes del peronismo que no forman parte del Esmeralda y se mantienen más cerca de la conducción del PJ Nacional, de José Luis Gioja, y del peronismo de La Matanza que encabezan el titular del PJ bonaerense, Fernando Espinoza, y la intendenta Verónica Magario. Si bien no todos ellos se identifican como kirchneristas, sostienen que no formarán parte de ninguna movida contra Cristina Kirchner. Tampoco se sienten menos que quienes integran el Esmeralda como para reconocerle un liderazgo político a Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Gabriel Katopodis (San Martín), Mariano Cascallares (Almirante Brown) o Juan Zabaleta (Hurlingham), quienes se muestran más activos en la movida renovadora.
Entre quienes forman parte de este segundo grupo, los Fénix, están Gustavo Menéndez (Merlo), Walter Festa (Moreno), Ariel Sujarchuk (Escobar), Juan Iustarroz (Mercedes), Leo Nardini (Malvinas Argentinas) y Francisco Echarren (Castelli), entre otros. Prometen un acto propio para este jueves aunque anoche consideraban que tal vez no llegaran a tiempo con la organización y quedara para los próximos días.
La novedad enojó a los "esmeraldas", que a todo esto dicen que esa denominación ya quedó antigua porque ahora forman un grupo mayor junto a los gobernadores. "Nuestra idea siempre fue agrandar el espacio, nunca restringirlo. Si quieren sumarse son todos bienvenidos. Lo que no entienden es que nuestra idea es apuntarle a Mauricio Macri no a Cristina", decían cerca de uno de los intendentes que organizan el acto de hoy. De hecho, subrayaban, que Magario estaba invitada y había prometido asistir y Gustavo Menéndez muy probablemente fuera uno de los oradores del acto en el NH.
OPINIÓN
Renovar en la unidad
Por Renato Meari *
Hace poco la Agrupación Oesterheld, que conduce Martín García, nos convocó a un grupo de compañeros a realizar un sentido homenaje a Antonio Cafiero y a su esposa Ana Goitia. A través de las palabras de los compañeros que expusimos, fue surgiendo la certeza de la vigencia actual de su pensamiento y de su accionar político. El tiempo ha pasado y al reflexionar nos encontramos con su propuesta hecha presente.
Pensé luego que Cafiero, más allá de su aporte intelectual permanente, activado por lecturas, intercambios personales y conocimiento histórico, fue un consecuente dirigente político que muchas veces actuaba en contra de sus naturales ambiciones personales. Definía un escenario con precisión, su contexto y sus actores, y se colocaba a un lado sin importar que su protagonismo quedara suspendido del tiempo. Finalmente, sugería contar con una sensibilidad particular para participar en política: "Los peronistas amamos lo que decimos, lo que creemos, no solo lo creemos sino que lo amamos", decía en sus exposiciones.
Recordemos pues la renovación, palabra hoy tan en boga, recogida de los anaqueles de la política luego de la derrota de 1983, fue un amplia alameda donde Cafiero pensó, trazó mapas, convivió y compitió con su principal oponente Carlos Menem. Esa corriente generó en la provincia de Buenos Aires, en 1985, un partido amplio y generoso en el debate como fue el Frejudepa, pues el PJ estaba dominado y encriptado por Herminio Iglesias, un dirigente superado por los calendarios y las circunstancias. Hubo en esa época congresos partidarios en los cuales la acción de entrar era exclusiva tarea de valientes, como si de pronto hubiésemos retornado a los días de Borges y los malevos del Maldonado. Es imposible en la actualidad comparar esa situación al Partido Justicialista actual. Con sus limitaciones, la actual estructura partidaria habilita el disenso y el debate, y la sola mención de los nombres que aspiran a cargos o a sumar ideas, muestra la diversidad de conceptos que conviven y eso nos lleva a rescatar a Antonio Cafiero como predicador. Antonio jamás imaginó escenarios de descarte, etapas en las que tal o cual dirigente, o referente político, no podía concurrir o integrar un colectivo de renovación política. Era un hombre que, por el contrario, precisaba de los disensos incluso dentro de su propio gobierno provincial, porque los imaginaba como espacios para escuchar nuevos aportes, impresiones y reflexiones que conformaran un escenario de diferenciasdonde instalar un pensamiento para la transformación. Y esto no es imaginería de un discípulo que en una evocación se permite un dislate. Lo demuestra el hecho de que en su gabinete coexistían valiosos compañeros de diversos orígenes y pensamientos.
Esa actitud, natural en el peronismo histórico, en la acción del general Perón, obedecía sencillamente a la capacidad de conducir un colectivo político para objetivos determinados. Y la heterogeneidad con la que Antonio realizaba su quehacer en la sociedad de su tiempo, expresaba su capacidad de conducción para la que exigía que cada uno de nosotros dispusiera de lo mejor de sí en pos de un proyecto de acción de gobierno.
En esos términos, se inscribía la renovación – amplia, generosa y heterogénea – con la cual Cafiero a pesar de contar con "todas las fichas" para llegar a un congreso partidario y ser elegido candidato presidencial, opta por someterse al veredicto del voto popular. Y esa, en el sencillo desandar de la historia que se expresa en resonancias y silencio, es una enseñanza clave para este momento histórico donde muchos compañeros se autoproclaman, a veces con cierta liviandad, nuevos dueños del movimiento, o dan por concluidos liderazgos hasta ayer intocables. No hay que apresurarse, y entiendo que debemos recordar que solo el voto popular hace legítimos los liderazgos. También cabe recordar la unidad como valor esencial de los peronistas, unidad que no sintetiza entreveros sino proyectos comunes, a veces construidos con fervor y esfuerzo genuinos.
Luego de la derrota en la interna con Menem en 1988, hubo un coro de voluntades heridas que lo incitaban a la fractura y al armado de un partido. Cafiero se negó aún frente a las profundas diferencias que lo distanciaban de Menem. En este punto, pienso que tenemos que reflexionar la mayoría de los peronistas para establecer que el disenso no nos lleve a la fractura sino, como lo hizo Antonio, priorizar la construcción dentro de la diversidad. Difícil y compleja tarea de construir políticas para la transformación del país, pero es el saber esencial de la política.
De ahí que mi reflexión de estos días me imponga plantear que hoy Antonio Cafiero es el camino para aceptar el disenso como un espacio creativo para hacer política. Eso significa rescatar la unidad peronista con ideas, con diferencias, con aportes que nos exijan imaginar escenarios históricos novedosos para el país y la región en el camino de recuperar el protagonismo político con vistas a 2017.
* Secretario de Prensa y Difusión de la provincia de Buenos Aires (1987-1991).
EL CENTRO DE SALUD MENTAL 1 NO SERÁ PUESTO EN VENTA SEGÚN
HABÍA ANUNCIADO EL GOBIERNO PORTEÑO
Dan marcha atrás por los reclamos
El edificio del CSM 1 había sido agregado a la lista de inmuebles en venta. La protesta de los profesionales tuvo como respuesta que se había tratado de un error. Ahora reclaman por un decreto en el que sea subsanado el error. Mañana realizan una marcha.
El edificio del Hugo Rosarios, que seguirá activado para la atención de la salud mental.
Por Carlos Rodríguez
La Asociación de Profesionales del Centro de Salud Mental número 1 Hugo Rosarios, expresó su rechazo al decreto 952, firmado el 19 de agosto por Mauricio Macri, por el cual se puso en venta los terrenos donde funciona ese establecimiento desde el año 1968. Estela Ingala, en nombre de la Asociación, le dijo a Página/12 que cuando el decreto apareció publicado en el Boletín Oficial se reunieron con miembros de la Comisión de Salud de la Legislatura, quienes a su vez se entrevistaron con funcionarios de la Agencia de Administración de Bienes de Buenos Aires, encargada de los trámite legales para la venta del predio. Por medio de un comunicado, firmado por Ramón María Lanús, titular de la Agencia gubernamental, "se nos comunicó que se trataba de un error, pero lo que nosotros pedimos ahora es que ese 'error' sea subsanado a través de un decreto igual al que dispuso la venta y que se publique en el Boletín Oficial, porque no basta con lo que se diga en un comunicado".
El anuncio sobre la venta del Hugo Rosarios, se sumó a las denuncias de vaciamiento del Centro de Salud número 3 Arturo Ameghino, que vienen realizando desde el año pasado los profesionales de ese establecimiento de salud, que desde 2010 a la fecha redujo de 450 a 260 su plantel de profesionales. Todo se enmarca en una política oficial que atenta contra la aplicación efectiva de la Ley Nacional de Salud Mental, que propicia la reducción de las internaciones en los hospitales monovalentes y psiquiátricos, comúnmente llamados manicomios, y que tiene por objetivo fundamental fortalecer la atención multidisciplinaria de los pacientes.
Los profesionales del Rosarios convocaron para mañana a las 12, a la realización de un "acto de rechazo al decreto presidencial" que dispuso la venta del predio que ocupa el establecimiento, en Manuela Pedraza 1558, en el barrio porteño de Núñez. El llamado está dirigido "a toda la comunidad a participar y solidarizarse con la defensa de nuestra institución y de la salud pública". El decreto 952 firmado por Macri dispone "la enajenación para subasta de 17 propiedades" del Estado Nacional, algunas de la Ciudad de Buenos Aires, incluyendo el domicilio del Centro de Salud 1. La decisión gubernamental comprende no sólo a los terrenos de Manuela Pedraza 1550/1558, sino también a las canchas de fútbol ubicadas sobre la calle Campos Salles, a la vuelta del predio del centro Hugo Rosarios.
La Asociación de Profesionales sostuvo que "desde hace años el Gobierno de la Ciudad viene vaciando el Centro" dado que "no le otorga una estructura legal en el organigrama del Ministerio de Salud, no repone las partidas perdidas por jubilación", a la vez que "colocó a un Interventor en lugar de llamar a ocupar el cargo de jefe por concurso, que está vacante por jubilación". La jefatura del centro la ocupa hoy Horacio Rodríguez O'Connor.
Los profesionales de la salud consideran que la venta del predio sería "la puntada final de la estrategia: sin jefe, sin estructura formalizada y con una planta que no se renueva, rematan el Centro". Tanto Lanús como Rodríguez O'Connor, en declaraciones a la prensa cercana al macrismo, señalaron que el centro "seguiría funcionando", pero lo concreto es que "se dicte un decreto aclarando el supuesto error y que la desmentida se publique en el Boletín Oficial", señaló Estela Ingala. Lo que se teme es un traslado o un recorte del espacio que hoy ocupa el centro para reducirlo "a su mínima expresión".
El centro número 1 realiza un abordaje de asistencia ambulatoria de salud mental en consultorios externos, hospital de día y trabajo comunitario. Con el personal necesario y un presupuesto acorde, podría ofrecer 130 mil asistencias anuales.
OPINIÓN
El eslabón más débil
Por Federico Pavlovsky
Casi cien años después del comienzo de la "guerra contra las drogas", y por estos días de invierno en Buenos Aires, un joven en una plaza porteña es detenido por la fuerza policial, desnudado, interrogado, evaluado por un psicólogo de la Fuerza, y luego de unas cuantas horas es liberado. El delito: fumar marihuana en la vía pública (y, claro, tener marihuana en su poder). ¿Un caso aislado? No. La ilusión que el castigo y la amenaza erradicarán el uso de sustancias parece ser una creencia fuertemente arraigada en nuestra sociedad. En estos días, y simultáneamente, ocurren una serie de hechos notables; el Gobierno lanza un plan de "narcotráfico cero" con la ilusión de que la táctica cuasi bélica erradicará el problema, se cumplen treinta años del fallo Bazterrica (que declaró inconstitucional perseguir a consumidores) y en una plaza de Rosario se realiza un megaoperativo para detener a "delincuentes peligros" cuyo "delito" es consumir sustancias. Es curioso, porque los experimentos conductuales demuestran bastante bien que el castigo es un pésimo elemento para cambiar una conducta.
El periodista inglés Johann Hari, en su reciente libro Tras el grito (Paidós, 2015), ha realizado una profunda investigación sobre el mundo del comercio de las drogas y, en particular, sobre cómo los estados combaten esta problemática. Hari explora la guerra contra las drogas que se viene desarrollando desde hace 100 años y señala que la cuna de esta empresa está situada en la década de 1920 en los Estados Unidos. Esta guerra tuvo un mentor, un hombre tan temible como efectivo, que estaba a cargo de la Oficina Federal de Estupefacientes, llamado Harry Aslinger, quien se había lucido en la "guerra implacable frente al alcohol" en el marco de la Ley Seca (1920/1933). La estrategia de combate cuerpo a cuerpo que Aslinger entabló junto con sus hombres contra el alcohol, pronto se extendió a otras drogas como la cocaína, marihuana y heroína. Hari señala que al menos dos hitos impulsaron esta "guerra" contra las sustancias y los consumidores: un sentimiento fuertemente racista contra las comunidades afroamericanas y mexicana, que consumían estas sustancias con mayor intensidad, y un sentimiento de desprecio hacia los adictos. Una de las víctimas emblemáticas que tuvo Aslinger fue Billie Holiday, la genial cantante. Ella cometía cuatro "faltas" al mismo tiempo: ser negra, cantar contra el racismo, abrazar el jazz (una música que se consideraba apológica del consumo) y estar atrapada en la maraña del alcohol y la heroína. El padre de la guerra contra las drogas también fue violento y sádico con quienes intentaron ayudar a los adictos. Persiguió penalmente a médicos (fueron arrestados alrededor de 20.000) y se clausuraron centros de tratamiento y desintoxicación. Hari señala esta circunstancia como el "mayor ataque legal" cometido contra profesionales de la medicina en los Estados Unidos. Un dato interesante de la investigación de Hari es que uno de los "actores sociales" que más apoyaba las ideas del mismo Aslinger era la propia mafia como estructura: nunca fue un mejor negocio lucrar con aquello que estaba prohibido. Desde el comienzo de la prohibición (con la sanción de la Harrison Act en 1914) ocurrió una serie de consecuencias que nos alcanzan hasta la actualidad: se creó el tipo de adicto que (en el marco de su enfermedad) se ve obligado a cometer actos marginales y hasta delictivos para satisfacer su necesidad imperiosa de conseguir sustancias que son ilegales; proliferación geométrica de los sistemas de mafias (que producen, transportan y venden las sustancias ilegales), y el costo de las sustancias creció cerca de un 1000 por ciento.
Hari señala en su libro que hay que tener presente que por un lado tenemos la guerra contra las drogas, en la que el Estado lucha contra los consumidores y, por otro, la guerra por las drogas, en la que los delincuentes luchan entre sí por hacerse con el control del tráfico. La relación para Hari entre la política prohibicionista y los grandes jefes de la mafia del narcotráfico es lineal y recíproca: ambos se necesitan y forman parte de un gran negocio. Pese a los aviones sofisticados que sobrevuelan las fronteras, los radares, misiles tierra-aire, perros cocker que revisan los bolsos, enormes scanners, fumigaciones de grandes extensiones con venenos para acabar con los cultivos, la prisionización de cientos de miles de consumidores en todo el mundo (y algunos pocos narcos, en contraste), el consumo de sustancias ilegales sigue estable, la violencia social relacionada con las drogas más presente que nunca, y los costos económicos de esta guerra, infinita e imposible, en ascenso. ¿Qué pasaría si, contrariamente a lo que siempre hemos creído, la mayoría de las víctimas no son debido al efecto tóxico (real) de las sustancias de abuso, sino a una picadora de carne de dos piezas bien aceitadas: la violencia del Estado y la de los traficantes (entre sí y contra todos)? Hari señala que a diferencia de otros delitos, el tráfico de drogas tiene un formato singular, donde no se interrumpe con la detención compulsiva de adictos y dealers. El incremento de las operaciones policiales que "atrapan a un líder narco" o "a una banda de drogas" o "secuestran un fuerte cargamento" no alteran en lo más mínimo el volumen del mercado real y de ganancia, pero sí desatan olas de violencia entre traficantes que llegan a niveles de sadismo y violencia sin límites. Para Hari, las verdaderas víctimas de la guerra contra las drogas no son los carteles ni la policía, sino la gente que queda en el medio.
El segundo gran punto de este libro trata de echar una mirada sobre la esencia del comportamiento adictivo, de indagar por qué algunas personas se exponen a sustancias y quedan "enganchadas", y otras no. El paradigma médico y neurobiológico imperante describe que la adicción es una enfermedad del cerebro, y que la exposición repetida a una sustancia potencialmente adictiva traerá como consecuencia el desarrollo de la adicción. Hari no contradice esta posición pero señala que al menos es incompleta a juzgar por la evidencia. Explica que gran parte de la postura, "reduccionista biológica", obedece a una serie de experimentos que se hicieron con animales a principios del siglo XX. La rata dentro de una jaula, en condiciones de aislamiento (llamada "caja de Skinner"), tenía como única fuente de estímulo una palanca que al apretarse le administraba una dosis de morfina, y esta rata se autoadministraba morfina compulsivamente hasta morir. El modelo de la adicción biológica encontraba un experimento que mostraba a la perfección el carácter malicioso y autodestructivo de las sustancias. Y, de ese modo, forjaba un paradigma que sería fundante de teorías psicopatológicas, legislación regulatoria y también tratamientos para los adictos. Las ratas consumían hasta morir. Y la conclusión fue categórica: esto es lo que la droga hace en humanos. Pero aquí entra en escena el psicólogo canadiense Bruce Alexander, quien en la década de 1970 observó que esas ratas (las que elegían compulsivamente el agua con drogas) estaban solas en una jaula, sin nada que hacer y aisladas de todo. Este científico creía que la adicción a las drogas estaba menos relacionada con el perfil tóxico de la sustancia de lo que se suponía, y volvió a realizar el experimento, pero esta vez construyó un "parque de ratas". Este era un espacio 200 veces más grande que la caja de aislamiento, donde las ratas podían jugar con otras, tener sexo y criar crías, había pelotas de colores, tubos donde introducirse, algo así como el paraíso de las ratas. Y aquí Hari señala que aconteció lo fascinante, en este experimento las ratas prácticamente no bebieron el agua con morfina, no se produjeron sobredosis y ninguna murió.
Alexander descubrió que cuando se empobrecía el ambiente de las ratas, éstas empezaban a desarrollar conductas de búsqueda compulsiva de droga, y cuando el ambiente se enriquecía con estímulos variados, las mismas ratas dejaban de buscar la droga. A pesar de las implicaciones del hallazgo (o quizá por ellas) las grandes revistas científicas (Nature y Science) rechazaron su publicación, y el trabajo de Alexander fue subestimado por la comunidad científica, ya que no cuadraba con el modelo neurobiológico estándar, y solo pudo publicar su trabajo años después y en una revista de menor impacto.
Los experimentos de Bruce Alexander le sirvieron a Hari para resaltar el hecho de que los seres humanos parecen haber evolucionado con una profunda necesidad de establecer vínculos, y esa necesidad de ligazón es esencial para estar y sentirse vivos. Y explica que aquellas personas que no pueden entablar lazos saludables porque están traumatizados, enfermos o simplemente golpeados por la vida, entablarán lazos con elementos no saludables que sustituyen ese contacto. Para Hari, lo opuesto a la adicción no es la sobriedad, sino la conexión. La posibilidad de hacer lazo genuino con la sociedad.
Para quienes pensamos, como Bruce Alexander y Johann Hari, que la adicción no admite una recuperación individual sino social, este libro ilumina el camino y hace audibles los gritos de las víctimas de la guerra contra las drogas. Como sociedad estamos dentro de la jaula vacía, aislada y desolada; el tipo de callejón sin salida en donde consumir compulsivamente (sustancias o bienes de consumo) seguirá siendo una opción cercana, lógica y deseada, para muchos. Necesitamos construir nuestro "parque de ratas", donde los lazos saludables y las oportunidades sean escenarios más atractivos que el consumo de sustancias. No hace falta que visualicemos bolsas de cocaína o plantas de marihuana, están el Pokémon k.o., el abuso alienado de alcohol, los chicos fanatizados frente a una pantalla doce horas por día, o la angustia frente a un celular casi sin batería. Somos el consumo compulsivo.
Desde la perspectiva de la salud pública se impone un giro, ofrecer opciones de tratamiento cercanas, amigables y no enjuiciadoras y minimizar los daños, en muchos casos. Comenzar a soñar con una sociedad que ofrezca una salida, que otorgue becas de estudio y opciones laborales a los pacientes en recuperación. Un sistema de salud pública que vuelva a conectar a los pacientes adictos a la sociedad y que no los encierre, expulse o ignore.
Luego de más de cien años de guerra contra las drogas es necesario sentenciar en forma definitiva que estamos frente a un problema de salud, de salud ambiental. Es imperioso que el adicto se aleje, de una vez y para siempre, de las páginas del Código Penal e ingrese en la agenda social, como una de las grandes deudas que la sociedad tiene con un sector de la población históricamente castigado.
* Médico psiquiatra.





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