martes, 11 de octubre de 2016

EL PODER DEL DINERO

martes 11 de octubre de 2016





EL PODER DEL DINERO


UN ESTUDIO REVELA LA CRECIENTE INFLUENCIA DE LOS GERENTES

 DEL SECTOR PRIVADO EN EL GOBIERNO DE MACRI



Nada queda al margen del poder de los CEO




El Gobierno está conformado más que nunca por ejecutivos de grandes empresas. En la Jefatura de Gabinete ocupan el 70 por ciento de los cargos jerárquicos, mientras que en Energía y en Hacienda rondan el 50 por ciento. La mayoría carece de militancia política.
Juan José Aranguren, ministro de Energía, encabeza el área con mayores 
riesgos por conflicto de intereses.


Por       Tomás Lukin


Tres de cada diez funcionarios jerárquicos reclutados por el Gobierno de Mauricio Macri ocuparon alguna vez un puesto gerencial en el sector privado. Son 114 ejecutivos de las principales compañías y estudios de abogados del país que desembarcaron en alguno de los 367 cargos de ministro, secretario y subsecretario que constituyen la nueva estructura del Estado nacional. Los empresarios y dirigentes corporativos desbordaron las áreas económicas, donde tendieron a posicionarse a lo largo de la historia reciente, para colonizar el ala política del gabinete, transformándose así en actores decisivos en la toma de decisiones en esos sectores. Un exhaustivo relevamiento del Observatorio de las Elites Argentinas perteneciente al Instituto del Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín revela que el 53 por ciento de los funcionarios provenientes del sector privado ocupaban un puesto de alta o media gerencia antes de ser designados en sus respectivas carteras.

Shell, Techint, Socma, LAN, JP Morgan, HSBC, Axion, La Nación, Newsan, Pan American Energy, Deutsche Bank, Farmacity, ICBC y Consultatio son algunas de las empresas donde se desempeñaron los funcionarios de Cambiemos. Educación en universidades privadas, ausencia de participación político-partidaria y escasos antecedentes en cargos públicos son las señas particulares reiteradas entre quienes desembarcaron en el gabinete a partir del 10 de diciembre de 2015. Con un 70 por ciento de los cargos jerárquicos ocupados por individuos provenientes del sector privado, la Jefatura de Gabinete es la dependencia estatal con mayor concentración de CEO. El podio lo completan los ministerios de Energía y Comunicaciones, donde el porcentaje de gerentes alcanza al 50 por ciento del total. De acuerdo al relevamiento, lo siguen de cerca las carteras de Hacienda y Finanzas (48 por ciento) e Interior y Obras Públicas (40 por ciento).

Desde el equipo coordinado por las sociólogas Ana Castellani, Paula Canelo y Mariana Heredia enfatizan que el análisis de las trayectorias sociolaborales y educativas de los 367 funcionarios jerárquicos del Estado nacional "permite comprender mejor los objetivos del Gobierno y el contenido de sus políticas públicas, identificar cuáles son las áreas de gestión más poderosas y entender por qué, conocer quiénes son sus aliados sociales y políticos, y establecer qué sectores sociales se podrán beneficiar o perjudicar con las medidas implementadas, entre otras importantes cuestiones".

El colectivo de 18 investigadores y 16 asistentes a cargo del trabajo que será publicado en noviembre, al que tuvo acceso Página/12, no desconocen que a lo largo de la historia reciente hubo empresarios o dirigentes corporativos integrando gabinetes nacionales, sobre todo en las áreas de gestión económica y financiera. Lo inédito del proceso abierto hace diez meses es la dimensión cuantitativa y cualitativa que adquirió la penetración corporativa.

A contrapunto de los argumentos sobre la supuesta "expertisse", "eficiencia" y "modernización" que aportarían a la gestión estatal, las doctoras Canelo y Castellani levantan una serie de advertencias: a) el sesgo antiestatal, antipolítico y promercado que impregna la ideología de los CEO y gerentes; b) las lealtades que traen al seno del Estado y del gobierno quienes desarrollaron sus trayectorias en el sector privado, aumentando la probabilidad de conflictos de intereses y la permeabilidad a las presiones de los actores económicos; c) las dificultades para cohesionar un cuerpo de funcionarios caracterizado por compromisos políticos débiles; y d) la extrapolación de criterios organizacionales propios del management a la administración pública.


Una vieja tradición

A lo largo de la historia reciente, en especial durante dictaduras y en los años de aplicación de reformas estructurales, la presencia de empresarios o dirigentes corporativos en los gabinetes se concentró en las áreas de gestión económica y financiera. Desde que asumió Macri, ese ámbito involucra a 4 ministerios con un total de 82 cargos jerárquicos donde el rasgo sobresaliente es precisamente la presencia de funcionarios con trayectorias ocupacionales en cargos de alta dirección en el sector privado. El Ministerio de Energía, cuyo titular Juan José Aranguren se desempeñó por más de 30 años en Shell, concentra la mayor cantidad de funcionarios con trayectorias privadas "puras": un 50 por ciento de los cargos está ocupado por ex CEO. "Es el plantel que presenta los mayores riesgos por conflicto de interés, ya que gran parte de estos funcionarios vienen de ocupar altos cargos en empresas del sector energético", indican Canelo y Castellani.

De acuerdo a los datos del relevamiento, Agroindustria y Producción constituyen "el reino de las corporaciones sectoriales". La totalidad de sus integrantes registran trayectorias laborales en el sector privado y cerca del 45 por ciento estaban ocupando un cargo de ese tipo antes de ingresar al gabinete. A diferencia de Energía, la presencia de los CEO es relativamente menor (27 por ciento en Agroindustria y 39 por ciento en Producción). Sin embargo, Canelo, Castellani y Heredia remarcan que más de un 80 por ciento integró corporaciones representantes de los intereses empresarios (UIA, SRA, CAC, entre otros).


Colonizar el ala política

"Un rasgo clave para comprender el gabinete macrista es la colonización que los CEO han realizado del área política, espacio tradicional de los funcionarios políticos, integrada por la Jefatura de Gabinete, Presidencia y los ministerios de Interior y Modernización", sostienen las investigadoras de la Universidad de San Martín. Con el 70 por ciento de los cargos jerárquicos cubiertos por ex gerentes y directivos de grandes empresas, la Jefatura de Gabinete conducida por Marcos Peña encabeza el listado superando incluso al Ministerio de Hacienda y Finanzas, donde Alfonso Prat-Gay incorporó en distintos cargos jerárquicos a ex directivos de grandes bancos como JP Morgan y Deutsche Bank. Para los responsables del Observatorio de las Elites Argentinas, la Jefatura de Gabinete se consolidó como la "gerencia política general" del gobierno de Macri


























Una ley para evitar la ceocracia




La oposición impulsa una ley para reimplantar las regulaciones que existían antes del menemismo para evitar que los cargos estatales sean gestionados por ejecutivos de empresas privadas. El diputado Guillermo Carmona, del Fpv-PJ, elevó la propuesta para modificar la ley 25.188 de Etica en el Ejercicio de la Función Pública, con la cual se apuntará a regular situaciones en las que puedan existir conflicto de intereses e incompatibilidades para la asunción de un funcionario público. En el gobierno de Macri, al igual que ocurrió en la convertibilidad, se promueve la idea de que las CEO tienen que hacerse cargo del Estado y replicar sus criterios de rentabilidad sin tener en cuenta consideraciones ni políticas ni sociales.
La iniciativa de Carmona, que acompañan once diputados del mismo bloque, estipula que individuos con rango de jefe de Gabinete, ministro, secretario o subsecretario que se hayan desempeñado previamente en la dirección o gestión privada o tengan participación accionaria en empresas relacionadas con sus nuevas funciones deberán esperar al menos tres años para la posesión del cargo. Para funcionarios de menor rango el plazo propuesto es de dos años. La prohibición alcanzará al cónyuge, conviviente y familiares. Además se definen criterios para un funcionario que vuelve a la actividad privada en la misma actividad en la que se desempeñó en la esfera pública. En este caso, también deberán aguardar tres años para ingresar a una empresa.
El proyecto de Carmona implica volver a establecer las condiciones que existían en la ley 25.188 previo a las modificaciones que se implementaron en los '90 de la mano del ex ministro de Economía Domingo Cavallo.
















HACKEARON LOS CORREOS DE GUSTAVO SYLVESTRE Y MAURO

FEDERICO



Denuncia de espionaje a periodistas



Dos diputadas pedirán informes al Poder Ejecutivo a raíz de una denuncia que señala que, por orden de la AFI, fueron interceptadas las comunicaciones de periodistas. "El documento está; alguien tendrá que explicar de dónde salió", afirmó Mauro Federico.
Los periodistas Mauro Federico y Gustavo Sylvestre, objeto de espionaje 
por parte de la AFI.

Los correos electrónicos de los periodistas Mauro Federico y Gustavo Sylvestre fueron hackeadas presuntamente por una unidad dependiente de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Ambos recibieron muestras de solidaridad y repudio e instaron a que el hecho se investigue "hasta las últimas consecuencias".
El portal de noticias Adelanto 24, que dirige el periodista Camilo Cagnacci, informó que existía una directiva de la AFI para producir "mediante medios técnicos la búsqueda de información tendiente a proteger y anticipar posibles operaciones contra el orden constitucional y que pudiera afectar la gobernabilidad". Agregó que habría dos memos, uno de ellos fechado en abril cuyo "asunto" es producir "informe" y se indica la interceptación del correo electrónico de Sylvestre y del periodista Fabricio Cardelli. En el segundo se pondría como blanco a Federico, subdirector de Ámbito Financiero y se resalta que "opera con varios periodistas de investigación como ser Ignacio Nacho Ramírez (sic) también del Grupo que cumplen funciones en C5N".
Según publicó el diario Ambito Financiero, los memos que delatan el seguimiento a periodistas del Grupo Indalo pudieron haber sido elaborados por alguna de las tantas consultoras que ofrecen servicios de "inteligencia empresarial" que operan en el país, algunas de ellas con sede en el exterior. La AFI suele acudir a ellas para no dejar rastros y para eso utilizan los fondos reservados.
"Me cuesta creer que desde el Estado alguien destinó sus esfuerzos en hacer esta pavada, pero que a la vez supone una gravedad institucional muy seria", planteó Federico, quien cuestionó "que haya dinero público que se destine a estos mamarrachos, que además dejan los dedos pegados". El periodista señaló: "Dejaron los IP de las direcciones y lugares de dónde se efectuaban los ingresos a mi dirección de correo".
Las diputadas del Frente Renovador Graciela Camaño y Cecilia Moreau, integrantes de la Comisión de Libertad de Expresión, presentarán un pedido de informes para que esclarezca "a la brevedad" el episodio.
Federico puntualizó: "Alguien entró a mi mail y empezó a buscar. Tengo cosas personales, pero fueron y extrajeron de manera arbitraria, un material que yo me mandé a mí mismo son un punteo sobre o que iba a pasar con los ingresos de Siria a la Argentina. También un mail que me mandaron con una denuncias anónima de un caso de corrupción en la provincia de Buenos Aires. Y en las conclusiones me acusan de ser un periodista opositor, un perturbador del orden constitucional".
"Podrán decir yo no fui, pero ese documento está, alguien tendrá que explicar de dónde salió", afirmó. Y completó: "Es una berretada la manera en que los servicios de inteligencia se manejan en la Argentina".
Federico recordó que este espionaje ocurrió en abril, pero que otros sucesos ya fueron denunciados en la Justicia. "Cuando me pasaba algo, me hackeaban la cuenta, lo llamaba al fiscal, le pedía que lo incorpore, pero no se resolvió nada en un año y medio, casi dos años", indicó.
También agregó que a Sylvestre le incendiaron su camioneta tras la publicación de una investigación y pidió que los "dejen laburar en paz" y exigió para esto un Estado "proteja" a los periodistas.

















Volanteada en Gualeguaychú


La asamblea ambiental de Gualeguaychú hizo una volanteada en la ruta 136, en el paraje de Arroyo Verde, para rechazar que la gobernación modifique la llamada Ley de la madera, una norma provincial que rige desde 2006 e impide a empresas entrerrianas exportar rollizos de madera a la pastera Botnia. "Privilegiar una lógica economicista frente a temas que afectan la salud y el ambiente es realmente para preocuparse", afirmó el abogado de la asamblea, Luis Leissa.
El representante legal de la asamblea criticó en este sentido al gobernador Gustavo Bordet, por "poner en el mismo parangón la producción y exportación de cítricos y la de rollizos de madera a Botnia". También cuestionó a los funcionarios de Agroindustria de la Nación quienes, sostuvo, "ignoran todo; no conocen absolutamente nada y opinan con desparpajo sobre una situación que tiene una lógica ambiental, por lo que queremos que examinen la situación y ponderen que el derecho ambiental existe, porque por ahí el gobierno parece que ignora todo lo que significa el medio ambiente y, dentro de poco, van a pedir la derogación del artículo 41 de la Constitución Nacional".

















LOMBARDI JUSTIFICÓ EL PROYECTO PARA CAMBIAR LA 
DENOMINACION A EDIFICIOS Y LUGARES PÚBLICOS


Ningún nombre que empiece con K



El proyecto del oficialismo contempla, con retroactividad, bautizar lugares públicos con el nombre de una persona hasta pasados 20 años de su fallecimiento.
El Gobierno quiere rebautizar el Centro Cultural Kirchner.

Por        Miguel Jorquera


Hernán Lombardi salió en defensa de un proyecto que representa un anhelo propio y del Gobierno nacional. "Queremos salir del populismo", dijo el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos para justificar la iniciativa que propone postergar, con retroactividad, cualquier homenaje a personalidades políticas y sociales colocando sus nombres en edificios y lugares públicos hasta después de 20 años de su fallecimiento. Un proyecto a medida para borrar el nombre de Néstor Kirchner al Centro Cultural (CCK) construido en el ex Palacio de Correo, pero que también eliminaría el nombre del ex presidente radical Raúl Alfonsín o del médico René Favaloro de varias placas.
"Es un acto de revanchismo escandaloso", sostuvo el jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria (FpV) Héctor Recalde "Es un acto de provocación de los dueños de la grieta que busca una reacción desmedida para tapar la crisis económica-social en la que han sumergido al país", replicó la diputada kirchnerista Teresa García que presentará hoy un pedido de informe en la Cámara baja.
El purgatorio político – con retroactividad – que propone Lombardi para los homenajes personales tiene un objetivo puntual. "Es parte del objetivo central sacar una ley que pueda cambiar el nombre del ex Palacio de Correo. No debe llamarse Néstor Kirchner. Es parte de un populismo del cual estamos tratando de salir todos los argentinos, los valores simbólicos son muy importantes. En el CCK todavía hay placas con el nombre de José López", admitió y se justificó el funcionario.
"No es el objetivo de la ley, en su momento se prohibió en la Argentina el nombre de Perón, y eso no hizo mas que alimentar el mito. Estamos muy lejos de ese pensamiento, buscamos que todos estemos incluidos, pero no podemos dejar de señalar esta deformación demagógica y populista de los últimos años", agregó Lombardi para negar una motivación "revanchista" del proyecto aun en elaboración.
Una idea que no comparte Recalde. "Lo que pasa es que (Mauricio) Macri, que gobierna para los ricos, le teme a la 'pesada herencia' del apellido Kirchner", dijo el diputado a Página/12. "Los derechos adquiridos de los pueblos se incorporan al patrimonio del pueblo y lo que quiere hacer Macri es un intento de hurto histórico", agregó.
"Néstor Kirchner fue un hacedor y es parte de la memoria histórica del pueblo en un determinado momento, como también lo fue Alfonsín. A nadie se le ocurriría quitar el nombre de Sarmiento de una escuela", señaló García a este diario. "Es un acto de provocación que solo busca una reacción desmedida para tapar las crisis socio económica que provocó el gobierno de Cambiemos", sumó García.















EL PRESIDENTE ENCABEZA UN ACTO CON SUS ALIADOS RADICALES  

EN LA QUINTA DE OLIVOS



Macri también se prueba la boina blanca




Al igual que Cristina Kirchner la semana pasada, hoy el Presidente recordará a Hipólito Yrigoyen junto a dirigentes radicales. Apunta a distender la relación interna dentro de Cambiemos, donde los radicales se muestran quejosos por el poco espacio que les dan.
Mauricio Macri subió ayer a Twitter una foto del festejo del cumpleaños 
de cinco de su hija Antonia.

El presidente Mauricio Macri volverá a mostrarse junto a sus aliados radicales en un homenaje a Hipólito Yrigoyen que se hará en la Quinta de Olivos mañana. La escena será similar al homenaje que el mandatario hizo en su momento a Arturo Illia, como un gesto a sus aliados. La semana pasada estaba previsto que se mostraran unidos todos los aliados, pero la operación de corazón de Elisa Carrió postergó los planes de lanzar la mesa nacional.
Se sabe: los radicales se vienen quejando desde el inicio de los pocos ministerios que recibieron y del poco lugar que les dan en la toma de decisiones. Desde el PRO fueron ideando distintos paliativos. Uno de ellos fue el agendar reuniones periódicas del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, con las autoridades partidarias y los jefes de bloque.
Un segundo paso se comenzó a concretar el mes pasado: la creación de mesas de Cambiemos provincia por provincia, con énfasis en el territorio bonaerense. En rigor, esta decisión se tomó pensando en ampliar el armado electoral hacia 2017 (a las mesas se sumará el partido de Gerónimo "Momo" Venegas y podrían incorporarse sectores del peronismo). La mesa nacional ya se suspendió dos veces, en un caso por un viaje de Carrió y en otro por los problemas de salud que tuvo.
Los gestos simbólicos también cuentan. En Casa Rosada, Macri homenajeó a Illia de la mano de la conducción del radicalismo, cuando se cumplieron 50 años de su derrocamiento por parte de la dictadura de Juan Carlos Onganía. En esa oportunidad, Macri aprovechó para denostar al kirchnerismo: "La deshonestidad ha sido el motor que ha generado la pobreza, la exclusión y la violencia", aseguró.
En este caso, el homenaje será a Yrigoyen por los cien años de su asunción como presidente. La organización del encuentro está a cargo de la subsecretario de Coordinación, Jesús Acevedo, que depende de la Secretaria General de la Presidencia, que conduce Fernando de Andreis. Consultados por este diario, ayer señalaron que todavía no había detalles de cómo será el homenaje. En la conducción del radicalismo alegaron en mismo desconocimiento.
Sí trascendió que será cerca de las 16 y que se hará en Olivos por la agenda presidencial. Hasta ayer, no estaba confirmado si asistirán todos los sectores del radicalismo. El diputado y presidente de la UCR bonaerense, Ricardo Alfonsín, se viene mostrando crítico con la gestión de Macri sin romper con el partido. En un reportaje con Tiempo Argentino, Alfonsín dijo sobre la mesa nacional de Cambiemos: "No me queda claro para qué se propuso. Yo, y muchos radicales, no conocemos cuáles fueron los criterios para formar la Mesa y tampoco cómo se seleccionó a las personas que están ahí. Me enteré a través de los medios que se trataría de establecer procedimientos para las candidaturas en 2017".
Habrá otras iniciativas de la UCR que en estos días le podrían traer un dolor de cabeza a Macri. Por caso, la UCR porteña hará una cena hoy en Parque Norte con el embajador argentino en Washington, Martín Lousteau, quien está evaluando competir con el PRO en 2017 camino a disputarles la jefatura de Gobierno en 2019. Pese a ser funcionario de Macri, el ex ministro de Economía continúa manteniendo un perfil propio con ECO en la Ciudad de Buenos Aires. En la cena, hablarán el titular de la UCR Capital, Emiliano Yacobitti, y Lousteau. En el macrismo, lo observan con atención.
















OPINIÓN



Los números del genocidio argentino



Por        Daniel Feierstein    *

Ya hace unos años que van cobrando forma posturas relativizadoras del genocidio argentino, haciendo eje en la discusión sobre el número de víctimas, situación que puede encontrarse en los procesos negacionistas de muchos genocidios previos.
En un contexto matizado, dos de las expresiones más extremas han sido la publicación del libro Mentirás tus muertos (de José D´Angelo, quien se presenta como "militar y periodista, carapintada y participante de la represión al intento de toma del cuartel de La Tablada") y las declaraciones del ex secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido, quien llegó a plantear que "en la Argentina no hubo 30.000 desaparecidos", sino que "esa cifra se arregló en una mesa cerrada para conseguir subsidios". Pero no han sido los únicos.
D´Angelo basa su análisis en los errores de los listados elaborados en 1984 por la CONADEP, planteando que de las 8.961 denuncias originales habría que "descontar" dichos casos erróneos (imposibles de evitar, agregaría yo, en las condiciones y contexto en que se realizó el trabajo), siendo que la cifra que le queda es de 8.368 víctimas, de las cuales "tan sólo 7.098 serían desaparecidos", computando al resto como "asesinados" (pareciera que los "asesinados" no merecerían ser contados como "víctimas"). Lopérfido ni siquiera se toma el trabajo de proponer alguna prueba para sus afirmaciones y cuanto menos ello le ha costado la renuncia. Apenas sugirió una hipótesis ("la búsqueda de subsidios") para explicar la diferencia de estimaciones entre distintas fuentes. Ello, además de mendaz e insultante, resulta inverosímil, ya que las estimaciones de víctimas del genocidio argentino fueron realizadas en momentos donde todo el sistema de reparaciones era inimaginable, con lo cual se supone que se habría "inventado" una cifra suponiendo que en algún momento el derecho internacional y las condiciones políticas en Argentina permitirían sacar provecho de ello.
Una de las respuestas más precisas ha sido la de Estela de Carlotto (que aquellos que conocen el número de detenidos desaparecidos en Argentina deberían entregar los listados con nombre y destino de las víctimas), pero vale la pena de todos modos analizar la curva de denuncias desde el fin de la dictadura al presente, para tener una imagen más global de la complejidad de la discusión, de qué diferentes cuestiones involucra y cómo se las banaliza a la ligera cuando se pretende llegar a un "número final", que vendría a querer reemplazar aquellas estimaciones realizadas hacia el final de la dictadura.
Uno de mis equipos de investigación se encuentra trabajando a fondo sobre los procesos de denuncia en la provincia de Tucumán. Si bien la especificidad de Tucumán hace que no sea necesariamente transferible al conjunto del país, los datos que se desprenden de dicha investigación pueden permitir tener una imagen más clara de las distintas dimensiones que implicó el fenómeno de las desapariciones forzadas, la lógica que siguieron los procesos de denuncia y la dificultad para delimitar números precisos aún a más de 30 años del informe de la CONADEP.
En lo que hace a Tucumán, el informe de la CONADEP del año 1984 tenía registradas 609 denuncias. Al día de hoy, el Area de Investigación de la Secretaría de DDHH de la Nación cuenta con un total de 1005 denuncias con información verificada y completa (esto no incluye los casos incompletos o actualmente en proceso de trabajo y ha excluido todos los errores del listado original). Los casos registrados por mis equipos de investigación (que incluyen las denuncias investigadas en sede judicial) suman un total de 1202 casos, que también refieren sólo a aquellos verificados y completos, con lo cual siguen siendo cifras parciales en tanto hay otros centenares en proceso de verificación. Esto es: que al día de hoy contamos con el doble de casos que se contaban en 1984 (y verificados). Proyectados al país, estos números iniciales hablarían de alrededor de 18.000 casos (estimación parcial e incompleta) contra los 8.000 de los que hablan D´Angelo y Lopérfido.
Pero resulta enriquecedor observar las características de los casos en función de los períodos de denuncia, porque de ellos pueden extraerse conclusiones mucho más enriquecedoras que la discusión con los relativizadores.
Las nuevas denuncias tienen un pico de crecimiento muy fuerte a partir de la reapertura de las causas y la existencia de nuevas sentencias en el año 2006, siendo que durante el período 1985-2005 se detectan 117 nuevos casos en tanto que a partir del año 2006 hasta el presente se contabilizan 440 nuevos casos. Para más, las denuncias no bajan sino que siguen un patrón complejo y estamos trabajando en distintas hipótesis para explicar las complejas curvas. Por ejemplo, el año con mayor número de nuevas denuncias en Tucumán desde 1984 ha sido 2014 con 76 nuevos casos, seguido del año 2008 con 63 casos (en 2016 sólo se han denunciado 6 nuevos casos, pero en 2015 hubo 43 nuevas denuncias). Pareciera que tienen fuerza las condiciones políticas nacionales y provinciales (y muy en especial la existencia de condenas a los responsables o la apertura de nuevos tramos de las causas judiciales) como elemento para permitir enfrentar el miedo y las consecuencias traumáticas de la desaparición en la familia o el barrio. También, en muchos casos, depende de la voluntad de investigación de las fiscalías o querellas la posibilidad de detectar nuevos casos no denunciados hasta el momento. Como elemento fundamental, debe destacarse la propia percepción de la desaparición en sectores rurales u obreros en Tucumán como una práctica que puede y debe denunciarse, lo cual no fue en absoluto común en dichas regiones durante gran parte del período de institucionalidad democrática. Ello es transferible a muchas otras regiones del país como Corrientes, Misiones, Chaco, Santiago del Estero, entre otras.
Otra cuestión llamativa en los nuevos casos es la proporción de sobrevivientes. En las denuncias producidas ante la CONADEP el número de sobrevivientes era muy bajo, siendo que la mayoría de las víctimas correspondía a quienes continuaban desaparecidos o habían sido asesinados. A medida que pasa el tiempo, la mayor parte de las nuevas denuncias corresponden a quienes fueron detenidos desaparecidos (por lo general, por períodos breves) y fueron liberados. En el informe de la CONADEP los casos de Tucumán dan cuenta de 379 desaparecidos y asesinados frente a 139 liberados (27 por ciento de liberados). Entre 1985 y 2006 se agregaron 63 casos de nuevos desaparecidos y asesinados frente a 54 liberados (46 por ciento). Por último, en la última década encontramos 20 nuevas denuncias de desaparecidos y asesinados frente a 419 nuevas denuncias de quienes fueron liberados (95 por ciento).
Esto lleva a concluir varias cuestiones: de una parte, que el objeto del terror (como en muchos otros procesos genocidas) fue atravesar al conjunto de la población con el sistema concentracionario, siendo que mucha más gente de la que creemos transitó por dicho sistema y fue devuelta a la sociedad para diseminar el terror, tal como nos intentan explicar hace años los sobrevivientes sin que podamos escucharlos con la suficiente atención. Por otra parte, estas situaciones han sido las que resultaron más difíciles de denunciar, siendo que recién veinte a treinta años después de los hechos comienzan a emerger. Esto tiene mucho sentido: quien fue secuestrado por períodos breves tuvo mucho menos que explicar a sus seres queridos, resultando más fácil la negación o represión de lo vivido. Por otra parte, quienes fueron detenidos y torturados por pocas horas en comisarías, no necesariamente identificaron su situación como "desaparición", lo cual muestra también los efectos de las sentencias en la construcción de las percepciones colectivas sobre el pasado. Hoy se denuncian más casos porque se logra percibirlos como tales.
La continuidad de la aparición de nuevos casos (tanto de asesinatos como de compañeros que continúan desaparecidos u otros que han sido liberados) deja claro que en modo alguno ha concluido la investigación de los sucesos ocurridos en el genocidio argentino y que cualquier cifra a la que se arribe (como la que nuestro equipo ha construido para los casos en Tucumán, que duplica el informe inicial de CONADEP aún corrigiendo todos los errores cometidos en dicho momento) no son más que aproximaciones parciales, en tanto los únicos que tienen las cifras definitivas de secuestrados, desaparecidos y asesinados son los perpetradores, quienes se siguen negando a aportarlas a la sociedad.
Seguir hablando de que los desaparecidos "no fueron más de 8.000" (como hacen D´Angelo o Lopérfido, pero para el caso también algunos familiares de desaparecidos, historiadores o cientistas sociales) es erróneo e insultante para la memoria colectiva, como lo han destacado muchas de las respuestas de la mayoría del movimiento de derechos humanos. Pero, más allá de la manipulación y de la mezquindad, se pierden de vista cuestiones centrales como las que emergen en un análisis sistemático de la información existente: las dificultades (aún en el presente) para denunciar los hechos, el carácter traumático de los mismos (y retraumatizante de muchas intervenciones públicas) y las características del proceso concentracionario, que buscó atravesar al conjunto social con el terror. "Por uno que tocamos, mil paralizados de miedo", decía el torturador de la obra de Tato Pavlovsky, "no-sotros actuamos por irradiación". El genocidio ha tocado a muchos más argentinos de lo que suponíamos. Y muchos de ellos siguen entre nosotros, con el terror clavado en el alma como el aguijón al que refería Elías Canetti en Masa y poder.
De nosotros depende crear las condiciones para recomponer la posibilidad de la palabra, de la denuncia, del quiebre de las condiciones impuestas por el terror, que queda claro que van cediendo con fuerza ante la persistencia de los juicios, el espacio simbólico donde un tribunal vuelve a poner las cosas en su lugar, legitimando públicamente la palabra de los testigos, calificando las conductas criminales, sancionando a los responsables de las mismas, elaborando una narración colectiva sobre nuestro pasado.
Cuestionar el número simbólico de 30.000 a partir de especulaciones malintencionadas, pretende cerrar con un número imposible de definir hoy un proceso social que se propuso, en palabras de Lemkin, "destruir la identidad nacional de los oprimidos para imponerles la identidad nacional del opresor". Aquello a lo que el abogado judío polaco, sobreviviente del nazismo, decidió llamar "genocidio". O, en términos de los genocidas argentinos, "proceso de reorganización nacional".
Los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos siguen y seguirán presentes en nosotros, como corea la consigna, "ahora y siempre". Resulta necesario para el futuro de los argentinos aportar a comprender cómo persisten hasta hoy las astillas del terror y cuáles de nuestras acciones (los juicios, los debates colectivos, los escraches, la lucha permanente por memoria, verdad y justicia) permitirán ir reparando el daño producido en nuestras identidades y construir una sociedad más digna y más justa.

*    Investigador Conicet, profesor Untref/UBA. El equipo de investigación al que se refiere la nota está conducido por Ana Jemio. Otras 11 personas participaron en el relevamiento y codificación de la información, en proyectos de trabajo de la Untref, la UBA y el Conicet.


















CARTA ABIERTA 22



El Frente como nuevo llamamiento histórico   *


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La discusión argentina tiene una clave esencial, recuperar la noción de trabajo como núcleo originario de derechos, de ciudadanía democrática, de soberanía efectiva, de autonomía de los sujetos públicos, de igualitarismo social, de justicia sin manipulaciones, sin medios de comunicación desvirtuados por operaciones que sesgan la realidad, con el cese de la persecución a los referentes comunitarios y la defensa de una economía liberada de su nuevo peso opresivo en favor de las estructuras financieras internacionales. La retrogradación que en tan pocos meses ha sufrido el país en todos estos ámbitos exige una respuesta novedosa, que recorra como decisiva discusión de primera fila, a numerosos grupos, asociaciones, sindicatos, partidos, conglomerados políticos y nucleamientos sociales de todo tipo, incluyendo científicos, artistas, intelectuales y profesionales independientes. Ante esta nueva situación de expropiación de derechos y contenidos esenciales de la existencia colectiva, la idea central es la constitución de un Frente, ya suficientemente expresada pero poco desarrollada, cuyo nombre surgirá de las luchas sociales y de los acuerdos políticos de todos los que se nieguen a ser cómplices de la destrucción de las fuentes de vitalidad histórica de un país.
Este Frente puede y debe venir en rescate de una sociedad humillada y defraudada a través de lo que está siendo una de las operaciones de captura del poder político mejor preparadas por esas novedosísimas alquimias especializadas en vulnerar las raíces mismas de la vida política. Por eso este Frente de rescate, que deberá desafiar las nuevas formas de sometimiento y control social en curso, y tendrá que asumir características renovadas sin dejar de inspirarse en experiencias recientes. Deberá, pues, ser incisivo a través de su amplitud meditada pero no indiscriminada, y deberá tener nexos sensibles y explícitos en el seno de las heterogeneidades que requerirá conjugar, en especial las provenientes de los movimientos sindicales, las corrientes políticas y los círculos culturales, mancomunando las identidades políticas de la historia nacional que no hayan sido embargadas y masticadas por el magma neoliberal que trabaja, ante nuestra vista, con pulsiones pre-políticas. Lo que obliga a pensar en primer lugar en los flancos descuidados que dejaba una teoría que creíamos ya completada de la Emancipación. Los trabajadores siguen siendo el sujeto crítico que moldea sentidos productivos de las sociedades, pero allí también hay que indagar sobre cómo la atomización de las éticas laborales desmantela la relación trabajo y política, trabajo y organización cultural autónoma.
No se trata de que hubiéramos desatendido estos temas clásicos. Pero es bueno advertir los errores que, sin que nunca hubiéramos dejado de tratar problemas de la cotidianidad – seguridad, corrupción, inflación – hicieron que los abordáramos sin la eficacia requerida.
Estamos en medio de una formidable crisis mundial donde los sucesivos sacudones capitalistas arrojan a la intemperie a miles de refugiados y desplazados, con fronteras precintadas en Europa, resurgimiento del encierro nacional en países que se jactaron de sus corrientes cosmopolitas, oscuras guerras con tecnologías que no existían en 1914 pero reproducen sus marañas geopolíticas, controles de las formas de vida a través de presuntas teorías de la información, mezcla de hipótesis de mercado con proyectos para obtener datos de los consumos privados surgidos de redes de vínculos aparentemente cotidianos, emergencia de militancias sacrificiales, técnicas de gobierno falsamente presentadas como "cara a cara". Es que el macrismo, además de su visible credo economicista desfibrador de instituciones, al tomar asuntos del Estado que declaran homólogos a los intereses de las propias empresas de las que poseen acciones sus propios funcionarios, saca también sus fuerzas de todas las identidades preexistentes sin exclusión  –aunque ya estalladas –  y del estado flotante y entremezclado de la lengua popular. Se mete en la interioridad del lenguaje cotidiano, lo que hasta ahora ninguna otra fuerza política había hecho en esa magnitud operativa.

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Ya no es fácil mirar un simple programa de televisión sin preguntarse por sus condiciones de producción visuales, escénicas, temporales y lingüísticas. Haciéndolo, descubrimos una madeja cotidiana donde el capitalismo adquiere rostros, frases, ambientaciones, salones de reunión, nombres apropiados y hasta vestimentas teatrales. Carlos Pagni señala frecuentemente en La Nación cómo hará este asombrado Macri, agente candidateado para un severo desmontaje social, para destruir lo mismo que le dio cobijo. Con raro sarcasmo, llama "hazaña" a la tarea que le han confiado al mencionado hombre con el que ahora cuentan, pero piensan que hay algo que lo excede. Interesante señalización de este escritor periodístico que parece divertirse como Toulouse Lautrec cuando hacía sus bocetos en los locales de esparcimiento de la belle époque en otras ciudades cosmopolitas. Ante estas equívocas viñetas, es bueno considerar cómo los escritores de los diarios oficiales que tutelan al macrismo exhiben sin pudor las dudas que les provoca la actividad de Macri ante los personajes característicos de los horizontes del dominio mundial.
Este y otros escritos de Pagni son textos que el movimiento popular debe estudiar en su estructura, su sintaxis, su ironía, su forma de marcar los rumbos de las neo-derechas pre y post capitalistas que gobiernan. Están verdaderamente mirando a la Argentina desde una Pinacoteca exquisita del Central Park, donde Macri solo maneja apenas una bicicleta. Es bueno que sepamos que desde una crucial escritura donde se intentan trazar destinos ya prefigurados por los dueños difusos de las Decisiones Mundiales –finanzas, bombardeos, plebiscitos, golpes blandos o duros, desestabilizaciones–, se duda sobre si Macri estará bien preparado. ¿Lo está para la cuestión de Colombia o de Malvinas? En el primer caso, Macri desconoce la raíz profunda que tiene el conflicto colombiano, las dificultades del necesario proceso de paz y las sutilezas políticas con las que habrá que mantenerlo, a causa de los obstáculos que han surgido. Los militantes populares argentinos deben sostener las posiciones del presidente Santos, pero conociendo la historia colombiana, desde el asesinato de Gaitán en 1948 en adelante, por lo menos. Otros brutales desconocimientos históricos que lo llevan a suponer que la soberanía en Malvinas –después de haber concedido vergonzosamente petróleo, pesca, y apertura hacia la Antártida– la puede discutir dándose vuelta en un almuerzo para decirle a la primera ministra inglesa, sentada en otra mesa, como quien pide un salero o la salsa golf, que ya "está listo" para hablar de soberanía.

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Una de las tantas paradojas, pues, que las oligarquías financieras visibles e invisibles están considerando. ¿Cómo desmontará Macri el orden heredado, si no hace más que invocarlo con sigilosos pases de magia, deseando tomarlo casi por entero (peronismo incluido) mientras compra más cascos policiales para las testas de ex funcionarios que, servicios de inteligencia mediante, deshonraron sus cargos para luego ser mostrados como en las plazas medievales, vestidos de reos y preparados para la hoguera? Todo pensamiento macrista es así, un acto gerencial en estado de costo-beneficio. Es el Estado que había tomado las decisiones sobre despidos, tarifas, escandalosos pagos de deudas a financistas usureros determinadas por ilegítimas y parciales sentencias de jurisdicciones extranjeras, liberaciones de controles que habilitaron anchos grifos de fuga de capitales, levantamiento de impuestos a mineras y productores de soja, desligándose de los temas cruciales vinculados a derechos humanos; que venía de encarcelar salvajemente a Milagro Sala y sigue rondando como un pitbull sin ansiolítico alrededor de Cristina, testeando su encarcelamiento. El territorio de la conciencia profunda macrista es tan vasto que diariamente regala al público sus piezas hundidas en el pantano de la memoria, siempre esperando salir a luz. ¡Campaña del Desierto! ¡Grasa del Estado! ¡Ni idea del número de desaparecidos! ¡El carnicero que vuelva con su familia! ¡Si no pueden que no consuman! ¡Cambien salario por estabilidad!
La ideología oficial es un no-Estado o un mínimo Estado. Gobierna por compulsiones repentinas, de fuerte raíz clasista, pero con la levedad que no tuvieron anteriores derechas. Esta es una derecha que está siempre frente a una ruleta programada por el dueño del casino, y que aun así debe temer hasta la última rotación donde cae la bolilla. Ante cada traspié de la voluntad, apela a un candor prefabricado. ¿Qué hace? Vuelve a disolverse en esas escenas vecinales en las que antes se refugiaba.

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Es que el gobierno de Macri no tiene localización topográfica, no se instala en instituciones ni habla desde ellas, aunque lo veamos en la Casa de Gobierno, realizando simulacros de reuniones de gabinete que tantos extrañaban durante el período anterior, aunque ahora este exhibicionismo numeroso tenga rasgos represivos y en cambio, antes, aquella oradora, esa otra voz tan denostada, hablaba de proyectos y posibilidades colectivas. Sobrevuelan hoy decretos y protocolos, conteniendo decisiones de las más represivas y retrógradas que se recuerden en décadas. Cuando proclaman las culpas del populismo no consiguen definir muy bien este complejo fenómeno: piensan en una sociedad homogénea y vacía, donde se "instalan" canjes puntuales entre entes atomizados, en una matriz de transacciones contables que caben en tableros que registran el in-put y el out-put, con una institucionalidad pública semejante a las cabinas de peaje y anclados en los enfoques teóricos de la economía ortodoxa. Empobrecen y convierten en una apologética a la ciencia que naciera con Adam Smith y los fisiócratas, que ahora sirve de fundamento permanente a las políticas con las que están desmantelando todas las experiencias que habían permitido avanzar en la igualdad y la reducción de la pobreza. Postula un mundo prístino, reducido a sus tendones de puro poder frígido, con el trabajo sucio ya hecho, con las militantes sociales ya encarceladas, los grupos revisteriles suburbanos torturados en remotas comisarías, con protocolos persecutorios que disparan sinceras balas, no solo de goma, y respirando profundo, dice: sin el populismo. ¿Pero sabrá lo qué significa, qué es lo que hay que criticar del populismo y qué hay que aceptar como balance político de la historia argentina? ¿Percibirá qué populismo con alta graduación demagógica es lo que él mismo hace? ¿Que emplea los actos administrativos despóticamente? ¿Que lo político es algo más que una mirada chirle a la firma de tratados de paz en Colombia, que es de interés latinoamericano que vuelvan a tratarse en serio sin el predominio de las derechas belicistas? ¿Se dará cuenta que los dueños del mundo a los que sirve lo desprecian? ¿Que apenas está a la altura ventrílocua de un Temer, gozando entre frases banales el provisorio éxito del operativo Brasil? Compleja situación para el emancipacionismo latinoamericano, porque allí habrá que reconstruir de raíz las políticas que encarnó Lula y en nuestra opinión, bajo obvias revisiones de sus aspectos problemáticos, para poder seguir encarnándolas.

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La reciente Marcha Federal, antecedida por la manifestación de San Cayetano, arroja una lección perdurable que marcará los próximos pasos de una sociedad disconforme. En ella se insinúa un Frente de Acción común, que en primer lugar no tiene por qué figurar en la identidad primera de las organizaciones y personas movilizadas. Pero está como presentimiento válido, posible… Es, podría decirse, una identidad a la espera, una identidad suplementaria a ser construida con el extremo cuidado de los orfebres políticos populares. En la plaza de la Marcha Federal hubo voluntad frentista. Estaban muchos dirigentes de la CGT, en un acto que concluyó con un gran discurso por el secretario general de la CTA. En el futuro habrá que agregar, a estas grandes movilizaciones, todos los indicios frentistas que crecen en las más importantes Universidades del país, que deben ser todo lo amplios que puedan sin que ello signifique convivir con quienes desde antes se ofrecen como recambio realista de un macrismo con el que un día se amigan y el otro se enojan. El Frente significa balance crítico y creación de nuevas alternativas sociales, como la Corriente Sindical Federal de la CGT, tanto como la incorporación de nuevos temas, la crítica al nuevo endeudamiento, o a la minería irresponsable que no viene de ahora, pero curiosamente es ahora cuándo derrama más cianuro. El Frente no es un trato de falaces alternancias con los que no reconocen ningún hilado – complejo, serio, difícil o problemático – de las historias ya protagonizadas y pasan un borratinta sobre lo acontecido. No se trata del retorno del paradigma libre-importador justificado con la misma estética discursiva con la cual fundamentaba Martínez de Hoz la política económica de la dictadura terrorista. O la alternancia es disputa real o una mera bifurcación del mismo tronco conservador que ya conocemos. Esto último no lo queremos.
Por otra parte, no se debe desconocer la gravedad permanente, ayer y hoy, del problema de los usos de los fondos públicos. Sin duda, no se puede omitir, al mismo tiempo que a pesar de sus ostensibles momentos de inconcebibles erratas, era del todo inherente a ellos el intento de darle al Estado, por decisión del Estado mismo, una calidad de productor de subsidios socialmente diseminados y democráticamente justificados. Así, el financiamiento de viviendas por parte de movimientos sociales y asociaciones de derechos humanos eran horizontes de acción a ser perfeccionados y no ámbitos sombríos, conventuales, sobre los que cae ahora la venganza del Estado actual, que en sus inevitables continuidades ya es otro Estado; en vez de preguntarse serenamente por su significado profundo, se lanza inquisitorialmente sobre el inmediato pasado.
No desea el gobierno tener noción de gobierno, pues si hay linchamientos en la vía pública, se siente secreta y no tan secretamente representado. Este es recurso represivo por delegación, funcionar sin "sebo", ser pura maquinaria, con el hierro frío del rico perdonando a los pobres. Todo esto podría surgir de una interpretación equivocada de cuño liberal y social, por qué no republicano, pero toda la historia nacional demuestra que estos valores reviven en su lado más esclarecido cuando se recombinan con los legados nacional-populares y democráticos. Un Frente nuevo rescata las mejores tradiciones democráticas del país. Del pasado y del presente, de cuando se habló genuinamente con el sabor yrigoyenista, peronista, socialista o de las demás izquierdas. En las calles y caminos del país, donde se toca timbre de verdad y donde realmente se viaja en atestados colectivos, podemos sentir cómo es necesario ir recogiendo diversos legados, entre otros el del siempre criticado populismo –que en sus expresiones más conmemorables siempre tuvo un eco de las izquierdas universales. Entonces, para resurgir de esta triste encrucijada nacional, hay que declarar un pluralismo frentista, pero practicarlo, pues el actual gobierno dice pluralismo sin dejarlo entrever nunca, al revés del gobierno anterior que no tenía esa palabra en su diccionario y sin embargo la hizo circular espontáneamente. El macri-capitalismo quiere ver al país como un sombrío enjambre de ejecutivos globalizados haciendo méritos ante un presidente que bosteza displicente ante sus órdenes de captura, a ser emitidas diariamente. No consiente mediaciones y no concibe la satisfacción de sus deseos si se interpone un ámbito de convivencia con opiniones heterogéneas, disponibles para la conversación o el trabajo laborioso del argumento.

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Al contrario, es este pluralismo frentista a ser refundado el que en su aspecto clásico debe estar encabezado por la clase trabajadora y en su realidad cotidiana debe encarar las nuevas categorías sociales que producen las disparidades salariales, culturales, consumistas, tanto como las nuevas identidades para el conjunto de las prácticas humanas. Pero no somos los que han abandonado la noción central y aglutinadora de clase trabajadora para darle sentido a cualquier empeño frentista. Hay que detener esta utopía capitalista y represiva para una sociedad de ricos y pobres vistos desde un panóptico patronal, como moldes humanos estáticos tomando sol en las calles de tierra esperando el Timbreo trascendental. En el macrismo no es indiferente esta idea que divide estadísticamente a la sociedad en ricos y pobres, aparentando ignorar que todos los estratos de la sociedad contemporánea varían enormemente en tipo de producción y consumo, en tipo de gasto, dispendios, gustos, formas de existencia, capacidad de ahorro y evaluaciones de vida. Por eso recogen el guante con la frase de que con las bajas tarifas eran los pobres los que subsidiaban a los ricos. Viejo argumento de las derechas mundiales, que se arraigan en muchos sectores populares porque el cuadro real de subjetividades responde crecientemente a sociedades donde los medios masivos de comunicación establecieron mañosamente sus bloqueos simbólicos y sustituyen en gran medida a las instancias estamentales de la Justicia, que provienen de antiquísimas tradiciones ilustradas. Estas están hoy reventadas por dentro por una nueva facultad de juzgar que proviene de misteriosos cenáculos empresariales, o de embates preparados por la Televisión Central y Redes Telecomandadas desde Oficinas del capitalismo mundial que cobran por cada "click", supuestamente emitido por un "individuo en su soledad domiciliaria", que les informa así sobre sus pulsiones secretas. Contra eso también debe actuar un nuevo Frente social. Sobre estas tecnologías que no fortalecen la democracia sino que promueven madejas de epítetos injuriantes masivamente difundidos en todos los sectores sociales, por los que se los invita a tener aversión a todo lo que no sea inmediatez rasa de la existencia, mientras crece el fantasma nebuloso generado por un sistema de dominación de tecnocracias informacionales sobre el alma popular.
He aquí el dilema, a pocos meses de comenzada esta aventura de advenedizos, lúmpenes-empresarios y ONG´s repletas de entusiasmos destructivos hacia los legados políticos más importantes de la humanidad; ellos promueven una disciplina autoritaria esparcida en la vida económica popular, y la fundamentan porque sería de conveniencia para los propios desdichados. Obtusa paradoja. Volvimos a las épocas en que los que tenían las suertes más aciagas, por eso mismo adherían con más fervor a su patrón o a su capataz.

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Es por esto que es hora de encontrarnos nuevamente con la productiva heterogeneidad social, política y cultural del habla. Porque llegó ya la hora, en vistas la construcción de un Frente Social – al cual llamamos junto a los que ya lo han llamado –  en que debemos preguntarnos por el modo en que estos poderes mundializados de las meritocracias financieras pudieron afincarse en vastos sectores populares. Este nuevo Frente Social –o el nombre que surja de las luchas y movilizaciones del sujeto colectivo–, muy diferente a los intentos de remozar antiguos rótulos en una época en donde tanto se precisa conservar genuinos legados como inventar consignas nuevas, no debe abandonar ni la idea de sujeto social ni el sentido de lo histórico. Esto siempre surge de las clases sociales explotadas, para interrogarse por el modo en que se componen los intereses clásicos en cualquier agrupamiento humano colectivo. Pero también deben analizarse las estructuras morales y lenguajes colectivos en las vidas reales de la población. Ahora el Timbreo de suburbios sustituye a la historia y al barrio, como complejo cultural y habitacional repleto de mediaciones inesperadas y ocultas. Las derechas todo lo interfieren diciéndose populares, los ejecutivos se muestran como los hijos de la movilidad social, declaran que sus padres fueron torneros, zapateros o inmigrantes que empezaron como albañiles, y el sufrimiento que imponen hoy estaría al servicio de los necesitados que mañana serán también agentes inmobiliarios competitivos, en las villas hacinadas en las que viven, que harán sufrir a otros. Ante esto, un nuevo sentido de la ciudanía debe combinarse con nociones nuevas de la vida laboral, con otras formas reivindicativas y sólidas críticas a las neo-ideologías culturales de consumo, para reconvertirlas de controles subjetivos en políticas culturales democráticas, retirándoles su impostado vecinalismo, que en general recubre de terciopelo la opresión urbana que se evidencia a diario.
Un Frente Nuevo debe contener también la activa reprobación de las estructuras mismas de las economías extractivistas y contaminantes, y sin que deba faltar una reflexión dirigida a las izquierdas para que sus críticas más fundadas eviten coincidir con la prosodia, la sintaxis y los solecismos de los diarios Clarín y La Nación. Pero no solo eso, nos animamos a pensar que, desde esas mismas izquierdas, el camino de sus aportes al Frente del que hablamos no puede ser ocasional o táctico, sino fruto de nuevas reflexiones políticas que no abandonen venerables tradiciones, pero tampoco se expresen como dogmas consagrados. No es mal comienzo invocar un Frente con el nombre que finalmente salga del subsuelo de la movilización social, con su rostro sindical, laboral y político, y su rediscusión innovadora respecto a los nuevos sectores gremiales, que vivificados desde sus mismas bases, se pongan a la altura –pues evidentemente los mayores gremios salvo pocas excepciones hoy no lo están– de los momentos más meridianos del movimiento obrero argentino, que vuelven a representar los últimamente citados programas de Huerta Grande y La Falda (hace de esto más de medio siglo), los puntos de la estimable CGT de los Argentinos del recordado Ongaro, y por qué no, los puntos de la CGT de Ubaldini, que en medio de una situación menos compleja que ésta, lanzaba paros que originaban diversas discusiones, desde luego, pero de los que hoy cabe tomar su programática avanzada, comparada con las timideces de las actuales conducciones de los gremios de una CGT que diluyen su tradicional prudencia en una encriptada mudez.
Pero ante todos estos temas, el gobierno anterior tuvo una gran superioridad histórica, pero también ostensibles errores de los que hay que hablar, y de lo que en verdad, ya se comenzó a hablar. Aun con toda esa carga, el gobierno anterior abrió el aire de los tiempos a una creatividad de cuño espontáneo, menos planificada de lo que él mismo creía, adhiriendo a ideales tecnológicos que se expresaban en altos niveles de compromiso científico y también atendiendo la ancestral atracción popular por los aparatos y las grandes maquinarias. No obstante, su lado aluvional en el reclutamiento de sus colaboradores, su irregular cuadro de funcionarios, al mismo tiempo que estimulaba a una decidida militancia social y juvenil, dejaron rajaduras por donde el concepto de corrupción entró como un mar embravecido por las brechas de un antiguo navío.
El gobierno que sorprendentemente le siguió (del macrismo hablamos) se concibió como una utopía de transparencia, que disfraza de plegarias insípidas a un Estado criticado por inoperante y culpable del gasto púbico, pero al que se lo aprecia solo como un instrumento que va señalando a quiénes proteger y a quiénes no. Un Estado socio de los poderosos cuando es necesario servirlos, y magnetizado por pistolas eléctricas cuando es necesario atender a los que protestan. Pero la historia corcovea demasiado entre nosotros. Los territorios de la vida popular encontrarán nuevamente su voz revisando memorias tanto como sus deseos de novedad. El desafío que esto implica golpea de lleno en las históricas estructuras partidarias argentinas. Somos muchos los que pensamos que es imprescindible que Cristina Kirchner debe definir una participación electoral elocuente en vistas a los comicios del año próximo, el Frente que postulamos exigirá un esfuerzo profundo de las identidades políticas de la historia nacional, sobre todo la del Peronismo. Este se encuentra ante una nueva encrucijada. O bien abandona pequeños cálculos de parroquia con la mirada puesta en inmediatismos "inconducentes" –como hubiera dicho el viejo Yrigoyen–, o bien retoma las dormidas vetas de compromisos que supieron contener definiciones avanzadas –que sin duda el kirchnerismo contribuyó a afinar e incrementar–, siendo este, y no una unidad indiferenciada, el único camino posible para no quedar como un pensionista de la historia. Y condenado a ser una de las "patas" de cualquier composición de la que quedaría solo su pellejo inerte. Llamamos macrismo (con su no tan lejano pariente el massismo) a un proyecto de absorción de los movimientos populares, ante los que es preciso tener una noción de rescate. Un Frente de acción, lucha y rescate, así, es portador de nombres conocidos tanto como invoca otros nuevos. Implica partidos y corrientes de ideas poderosas, y asimismo candidaturas enérgicas, porque tiene ante su vista la operación deconstructiva del país más importante de toda su compleja historia. Ante ello, las identidades que citamos están convocadas por el viejo llamado, pero ante él, deben concurrir con sus ideas refrescadas, sus autocríticas efectivas, y sus límites no estrechos pero necesarios, meditados cuidadosamente para darle verosimilitud a la respuesta encarnada en un legado militante que en su reclamo de firmeza y capacidad crítica, nunca ha cesado.

*    Versión abreviada por los autores del texto aprobado en la última asamblea de Carta Abierta.








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