domingo, 9 de octubre de 2016

La innovación y las ideas revolucionarias

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domingo 09 de octubre de 2016


 OPINIÓN

CIENCIA Y TECNOLOGÍA  




La innovación y las ideas revolucionarias


 
tecnologia1Las ideas genuinamente revolucionarias no pueden estar nunca en contradicción con los nuevos conocimientos y la innovación. Caricatura: ARES.

Por       Luis A. Montero Cabrera                                                                                      Es Doctor en Ciencias Químicas y miembro Titular                                                                                                           de la Academia de Ciencias de Cuba. Preside la                                                                                                                Sociedad Cubana de Química y el Consejo Científico                                                                                                                de la Universidad de La Habana.


Dentro de los tantos temas comentados en estas columnas, varios han provocado interesantes polémicas de muy diferentes matices. Por lo menos en dos de ellos han aparecido llamativos comentarios de lectores cuestionando algunas innovaciones de los tiempos que corren: la manipulación genética de los cultivos y Uber.

En ambos casos, al igual que en todos los demás, el material original del artículo publicado había pretendido ser explicativo del contenido científico y tecnológico de la innovación referida, sin matiz ideológico alguno. Sin embargo los comentarios negativos han lamentado como que se hiciera un alineamiento político favorable a adelantos que algunos critican desde posiciones denominadamente  revolucionarias y de izquierda. La agrobiotecnología de los transgénicos se ha pretendido contraponer con la agroecología. La primera como al servicio de los explotadores, devastadores del medio ambiente, y la segunda humanista, ecologista y revolucionaria. La tecnología Uber y sus análogas se ha catalogado como ilegal, burladora del fisco y enemiga de los intereses de los trabajadores del gremio, representante del neoliberalismo.

Las argumentaciones que hemos aportado en todos los casos pretendieron demostrar que las verdades científicas y las tecnologías que han sido publicadas, probadas y aceptadas universalmente, son utilizables por todos. Es parte de la realidad objetiva, no de nuestras creencias o ideologías. La existencia del globo terráqueo que habitamos en este universo no tiene matiz ideológico alguno. Es una verdad aceptada, comprobable y comprobada por muchos hace mucho tiempo. Sin embargo, cuando alguna corriente ideológica estableció dogmas arbitrarios, sobre la base de la opinión de alguien y no de las evidencias, y los hizo de obligada aceptación, hasta esa verdad fue considerada como una herejía. Los ejemplos negativos de la conversión de ideas, alguna vez o incluso esencialmente positivas, en dogmas conservadores sobran en la historia, desgraciadamente, y muchos casos han sido citados anteriormente.

La ideología y los propósitos virtuosos o malévolos para la condición humana la aportan los utilizadores de la verdad científica y de los adelantos tecnológicos. Estos esencialmente no tienen, ni pueden tener contenidos ideológicos. La ideología pertenece a nuestras consideraciones, opiniones, creencias, fe, convicciones personales. Es inadmisible que un avance como una base tecnológica diseñada para mejorar u optimizar la solución de necesidades de las personas, sea calificado de explotador de los trabajadores.

En su momento un político tan ideológico como el propio Lenin se refirió a los métodos productivos modernos. En un famoso artículo de 1914, tres años antes de la toma del poder por los bolcheviques en Rusia, escribía:
"El capitalismo no puede permanecer parado ni un solo instante. Debe avanzar y avanzar. La competencia, que se agudiza sobre todo en época de crisis, como la que estamos sufriendo, le obliga a inventar nuevos y nuevos medios de abaratar la producción. Pero la dominación del capital convierte todos esos medios en instrumentos de opresión, cada vez mayor, del obrero.
"El taylorismo es uno de esos medios."
Y terminaba:
"eléfonos, todo eso ofrece innumerables posibilidades de reducir cuatro veces el tiempo de trabajo de los obreros organizados, asegurándoles un bienestar cuatro veces mayor que el de hoy.
Y las comisiones obreras, con el concurso de los sindicatos obreros, sabrán aplicar estos principios de distribución sensata del trabajo social cuando éste se vea libre de la esclavización por el capital."

Los políticos revolucionarios reconocen el uso que se puede de cualquier adelanto para incrementar la explotación. Pero se dan cuenta de que los adelantos como el "taylorismo", las máquinas, los ferrocarriles, los teléfonos, lo que hoy sería la organización sistémica de la producción y los servicios, el uso de las nano y biotecnologías, la internet, la informatización, los teléfonos inteligentes, los vehículos sin conductor, pueden ser utilizados, promovidos y creados por los revolucionarios verdaderos. Las ideas genuinamente revolucionarias no pueden estar nunca en contradicción con los nuevos conocimientos y la innovación. Si lo estuvieran, ya no serían revolucionarias.  





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