lunes, 3 de octubre de 2016

Qué lindo es dar malas noticias


lunes 03 de octubre de 2016




Qué lindo es dar malas noticias


Por        Revista Veintitrés

Editorial
 

















































Entre todas las particularidades que puede mostrar un gobierno, el de Mauricio Macri tiene un dato notable. El día en que se conocen las nuevas cifras de pobreza, que determinan que uno de cada tres argentinos no alcanza a cubrir la canasta básica total, se pone al frente de una conferencia de prensa. Contra todos los manuales de la política vernácula que indican que los líderes gritan los goles a favor y mandan a sus colaboradores a explicar los goles en contra, Macri se paró en el atril de la quinta de Olivos con la intención de marcar las diferencias con la gestión de Cristina Fernández. Tal vez sea loable que el jefe de Estado explique en persona los problemas, pero el oficialismo muy pocas veces pudo hacer pie en "la herencia recibida" para explicar los problemas de la gestión. Nunca fue decididamente a fondo a mostrar un balance de lo recibido que podría ayudar a moderar el impacto negativo.


Más o menos a la misma hora, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el segundo políticamente importante en la gestión, destacaba en su informe mensual en el Congreso que la inflación estaba bajando. Algo que puede tener apenas días de supervivencia teniendo en cuenta que las proyecciones apuntan a que el costo de vida volverá a dar un salto cuando se convaliden nuevamente los aumentos en las tarifas energéticas. El Gobierno sigue pagando los costos, no ya de la herencia, sino de su propia política errática en la gestión y en el discurso.

Mejor parada quedó la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, que tiene un discurso más abarcativo respecto de cómo medir la pobreza para que no se limite a los ingresos sino que tenga en cuenta el acceso a la educación, a la infraestructura, al empleo… como recomiendan las buenas prácticas en la materia. Tal vez su "pecado" sea no advertir que cuando la pobreza crece, la teoría sobre los indicadores queda en segundo plano respecto de las políticas inmediatas de contención: lo urgente sobre lo importante. 

El gobierno de Macri tiene un dato a su favor: las dudas de los dirigentes de la CGT unificada respecto del momento para realizar una huelga general, que sería un trago difícil para la administración que se precia de dialoguista. Mientras tanto, fluyen por las grietas los conflictos sectoriales como el paro docente que pugna por reabrir las paritarias. Y la posibilidad de que la desocupación y la pobreza trepen al ranking de preocupaciones es un tema que debería observar, cuando está inmerso en una legislación para blanquear capitales a la que nadie apuesta y que solo sirve para convalidar la sensación de que los especuladores y no los trabajadores son los que siempre salen ganando. 





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