
lunes 03 de octubre de 2016
Qué lindo es dar malas noticias
Editorial
Más o menos a la misma hora, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el segundo políticamente importante en la gestión, destacaba en su informe mensual en el Congreso que la inflación estaba bajando. Algo que puede tener apenas días de supervivencia teniendo en cuenta que las proyecciones apuntan a que el costo de vida volverá a dar un salto cuando se convaliden nuevamente los aumentos en las tarifas energéticas. El Gobierno sigue pagando los costos, no ya de la herencia, sino de su propia política errática en la gestión y en el discurso.
Mejor parada quedó la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, que tiene un discurso más abarcativo respecto de cómo medir la pobreza para que no se limite a los ingresos sino que tenga en cuenta el acceso a la educación, a la infraestructura, al empleo… como recomiendan las buenas prácticas en la materia. Tal vez su "pecado" sea no advertir que cuando la pobreza crece, la teoría sobre los indicadores queda en segundo plano respecto de las políticas inmediatas de contención: lo urgente sobre lo importante.
El gobierno de Macri tiene un dato a su favor: las dudas de los dirigentes de la CGT unificada respecto del momento para realizar una huelga general, que sería un trago difícil para la administración que se precia de dialoguista. Mientras tanto, fluyen por las grietas los conflictos sectoriales como el paro docente que pugna por reabrir las paritarias. Y la posibilidad de que la desocupación y la pobreza trepen al ranking de preocupaciones es un tema que debería observar, cuando está inmerso en una legislación para blanquear capitales a la que nadie apuesta y que solo sirve para convalidar la sensación de que los especuladores y no los trabajadores son los que siempre salen ganando.
Mejor parada quedó la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, que tiene un discurso más abarcativo respecto de cómo medir la pobreza para que no se limite a los ingresos sino que tenga en cuenta el acceso a la educación, a la infraestructura, al empleo… como recomiendan las buenas prácticas en la materia. Tal vez su "pecado" sea no advertir que cuando la pobreza crece, la teoría sobre los indicadores queda en segundo plano respecto de las políticas inmediatas de contención: lo urgente sobre lo importante.
El gobierno de Macri tiene un dato a su favor: las dudas de los dirigentes de la CGT unificada respecto del momento para realizar una huelga general, que sería un trago difícil para la administración que se precia de dialoguista. Mientras tanto, fluyen por las grietas los conflictos sectoriales como el paro docente que pugna por reabrir las paritarias. Y la posibilidad de que la desocupación y la pobreza trepen al ranking de preocupaciones es un tema que debería observar, cuando está inmerso en una legislación para blanquear capitales a la que nadie apuesta y que solo sirve para convalidar la sensación de que los especuladores y no los trabajadores son los que siempre salen ganando.
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