
lunes 03 de octubre de 2016
OPINIÓN
Relatos y comparaciones
Por Eduardo Aliverti
Las estadísticas sobre pobreza e indigencia fueron el centro de la atención mediática, y está bien que así sea mientras se trate de analizar los números en un contexto que deje la menor cantidad posible de cabos sueltos.
Cabe reconocer que la decisión de volver a publicar datos sobre semejante tema, después de tres años, es bienvenida. Dejar de hacerlo fue un error serio del kirchnerismo, como acaban de admitirlo algunos de sus referentes y como en su momento se lo señaló desde el propio tronco periodístico que siempre manifestó sus simpatías por el gobierno anterior. Lo que se cuestiona hoy es el cambio metodológico para medir a pobres e indigentes, porque alteraron el mínimo desde el cual se considera que alguien reviste en una de las dos condiciones. Sin entrar a mayores detalles que es mejor dejar en manos de los especialistas, con los parámetros previos la cifra rondaría el 23 por ciento. Pero el Indec los modificó de manera tal que el punto de partida se toma en 32,2 y Macri, mediante ese ardid, hizo la presentación pública cargando las tintas, para variar, en la herencia recibida. Igualmente, antes y ahora estamos hablando de millones de personas por debajo de la línea de pobreza y, entre ellas, de otra cifra alarmante de indigentes. Tampoco cambia el escenario conocido de la distribución de porcentajes. El Noreste tiene los peores indicadores; la Patagonia muestra los "mejores"; el Gran Buenos Aires es la zona de mayor incidencia para explicar la cantidad de gente en un estado u otro y la región Pampeana, a pesar de su rango como paraíso sojero y agropecuario en general, ocupa el segundo puesto con casi dos millones de pobres y cerca de 500 mil indigentes. La distancia de ayer a hoy está dada por una brusca modificación de presentes y expectativas. Es cierto que el kirchnerismo no terminó de ofrecer solución para las causas estructurales de estos aspectos dramáticos. Sin embargo, con la misma sinceridad, es irrefutable que sus programas de atención social y acciones como las del plan Procrear, sin ir más lejos y entre tantas otras, sirvieron para que dejara de agravarse el cuadro de situación. En 2003, según coinciden analistas y economistas de todo color ideológico, Kirchner asumió con un 57 por ciento de pobres e indigentes tras el estallido de las políticas que el macrismo vuelve a aplicar. Y en el segundo trimestre de este año contra el mismo período de 2015, la pobreza subió 3 puntos porcentuales. Eso lo hizo Macri, no la herencia recibida.
La semana que pasó fue nuevamente pródiga – quizás como ninguna de los últimos tiempos – en proporcionar testimonios numéricos de un estadío económico temible, para ser piadosos. En orden aleatorio y tomando fuentes oficiales y privadas, el empleo industrial cayó entre abril y junio casi un 2 por ciento con respecto a igual curso del año pasado. Junto con el sector fabril, el de la construcción exhibe los retrocesos más relevantes. El marco es que la desocupación trepó a cerca del 10 por ciento contra poco más del 6 en 2015, sin contar a la franja informal de la economía. El salario de los trabajadores registrados, solamente en la industria, ya perdió alrededor de 15 puntos, con reducción de las horas trabajadas y de los obreros ocupados. En maquinaria y equipos la merma de personal supera el 7 por ciento, continuada por la producción de madera; la fabricación de autos, remolques y semirremolques; los equipos y aparatos de radio, televisión y comunicaciones; edición e impresión, y metales comunes. La venta de productos de consumo masivo –alimentos, bebidas, higiene y tocador– también se hundió en más del 7 por ciento. La balanza comercial de agosto revela que las importaciones inciden crecientemente en los bienes de consumo: son compras de productos terminados que explican la reprimarización de la economía. Prácticamente todo retrocede, salvo los agroquímicos. El resultado, bien que no final, es que la actividad económica, sólo en julio, se contrajo nada menos que en 6 por ciento. ¿Qué resultado distinto podría pretenderse con el combo de un Estado que desapareció como regulador de los desequilibrios, una inversión privada que además de no llegar se retrae, una apertura comercial indiscriminada, la obra pública reducida a su mínima expresión y el consecuente desplome de los niveles de consumo? Evidencia sobresaliente entre esa madeja destructiva, por su valor simbólico, es que cerró una planta completa de la empresa más grande del país en producción de hilados. TN Platex, en la localidad chaqueña de Puerto Tirol, despidió a sus 166 trabajadores porque alega no poder enfrentar la reducción de ventas frente a la avalancha importadora. Ya había suspendido, en mayo, a los 450 empleados de sus locaciones en La Rioja. Alpargatas, desde este lunes, vacaciona a todo el personal de su fábrica en Florencio Varela. Y redondeando, de acuerdo con la información gremial disponible, se calcula que en el último semestre hubo en el sector textil más de mil despidos y unas 2500 suspensiones.
Debiera parecer insólito que, ante un panorama de este tamaño, la CGT haya pactado una tregua con el Gobierno, al mero canje de un bono de fin de año para trabajadores, jubilados y beneficiarios de planes sociales, más una exención de Ganancias en el medio aguinaldo. No sólo eso: el triunvirato cegetista se habría comprometido a aprobar el programa Primer Empleo de la administración macrista, que justamente es lo que gremios y el mismísimo PJ asimilan a la infausta flexibilización laboral instrumentada por el menemato. El Ejecutivo daría una respuesta definitiva dentro de unos diez días, pero es esperable un final feliz según las sonrisas que se vieron en el encuentro de su cúpula con la muchachada sindical y lo adelantado por el ministro Prat Gay. Más aún, Macri se encargaría personalmente de hacer los anuncios e, incluso, hasta se especula con una puesta en escena similar a la de hace pocos meses, cuando la crema del establishment asistió a Casa Rosada para firmar a la bartola que no habría despidos. Podrían haberse apurado y empalmaban con las congratulaciones de Alejandro Werner, enviado del Fondo Monetario, quien felicitó al gobierno argentino por los "avances muy importantes" que la misión comprobó. Empero, el visitante alertó que Argentina tiene una estructura de gasto muy fuerte en salarios. Y no se privó de recordar que las inversiones siempre tardan. Hay que disminuir los egresos fiscales, entonces, lo cual ya se sabe de sobra qué significa en el lenguaje del FMI y del macrismo, en tanto misma cosa.
Por último, una noticia de comienzos de semana que casi inmediatamente quedó relegada en función de las restantes. La Sala I de la Cámara Federal, en un fallo demoledor, rechazó las pretensiones de reabrir el panfleto de Alberto Nisman, quien pretendía endilgar pactos con el terrorismo en cabeza de Cristina Fernández y Héctor Timerman. Tanto como en el dictamen inicial del juez Daniel Rafecas, los camaristas Jorge Ballestero y Eduardo Freiler, al citar el memorándum de entendimiento con Irán, hablan directamente de "una absurda adecuación de conductas a calificaciones como traición a la Patria, que la doctrina unánime presupone en una situación de guerra internacional". Los jueces advierten también que mejor sería concentrarse en buscar castigo para los responsables del máximo atentado terrorista de la historia argentina. Pero van más allá y citan que existe una "maniobra", para lograr que la absurda denuncia de Nisman pudiera tener destino favorable en el juzgado de Claudio Bonadio. Maniobra que, agregan los jueces, "no puede ser tolerada". Debe recordarse al fallo original de Rafecas como el causante de ese mamarracho arbitrario que, en forma de solicitada, publicaron directivos de la comunidad judía, periodistas del macrismo y grandes empresarios, solicitando su destitución. Con la sentencia de Cámara se derrumba –es probable que de modo terminal – la estrategia urdida por las derechas más reaccionarias de Estados Unidos e Israel, avaladas entre nosotros por la banda de Jaime Stiuso y el conglomerado de dirigentes de la colectividad, operadores mediáticos, una parte del propio aparato judicial, y elenco, para tan sólo conseguir otro escarmiento contra la gestión anterior. Por eso el fallo ejemplar de los camaristas excede la faz estrictamente jurídica, al internarse – aunque esa no haya sido la intención de los magistrados – en el mecanismo de narrativa destructora que los tejedores del Gobierno depositan sobre cuanto haya ocurrido hasta el 10 de diciembre último.
De allí la conexión nada traída de los pelos entre este veredicto, capaz de desmontar otra vez una operatoria de la que Nisman era apenas un vehículo mediocre, y el manipuleo de cifras orientadas a descargar en el pasado reciente los dramas de la actualidad económica. Es que, al fin y al cabo, es una cuestión de relatos. Cada quien elige a cuál creerle, y la medida para resolverlo es comparar una etapa con otra. No es muy difícil.
OPINIÓN
Voto electrónico, suicidio de la política y nuevo "fraude patriótico"
Por Mempo Giardinelli
Algunos lectores opinan que esta columna es agorera porque suele cantar con anticipación ciertas cosas horribles que luego suceden. Lástima si por eso se pierden seguidores o se reciben reprimendas de duros que reclaman "basta de autocríticas", pero, como se sabe desde Plutarco y Shakespeare, por lo menos, la culpa nunca es del mensajero. Es la chúcara realidad, nomás.
Ésa que hoy mismo nos muestra las renovadas torturas de policías a jóvenes como Iván Franco y Emiliano Mendoza el viernes pasado en la localidad de Rincón, Santa Fe, y ante el silencio de los grandes medios y "comunicadores" y también de las autoridades, lo que hace presumible que alguien, algún miserable poder oculto, les está dando letra a las bestias de "seguridad" de toda la república.
En esa realidad, también, vemos al acomodado embajador Luis Juez hacer un papelón diplomático en Ecuador, de puro gorila. Y vemos a la desclasada señora Margarita Barrientos reclamando sin vergüenza que se eliminen los planes sociales que asisten, mal y poco, a más de cinco millones de hogares argentinos.
Es la realidad y no una columna periodística la que dice que gran parte de la clase política parece estar decidida ahora a suicidarse. Término duro, claro, pero qué otra cosa es que la Cámara de Diputados haya aprobado en comisión el proyecto de reforma electoral que promueven Mauricio Macri y sus muchachos, con desesperada prisa por aplicar el sistema de boleta electrónica única en todo el país a partir de las elecciones del año que viene.
Están preparándose para un nuevo fraude patriótico, como en la pasada década del 30. Sería la coronación de lo que el prestigioso dirigente agrario Pedro Peretti, ex director de la FAA y miembro de El Manifiesto Argentino, llama certeramente "la revolución de los ricos".
Ahora con el bizcocho del cupo femenino y la paridad de género en el Congreso, estos tipos se preparan para una larga, larguísima temporada en el gobierno, seguro que soñando con varias décadas infames. Y desde el vamos con el beneplácito de sus amigos del Frente Renovador, el Bloque Justicialista de Bossio y el FAP, el voto electrónico único en la Argentina ya está en marcha. Y veloz: quieren que debute en las elecciones del año que viene.
Ya se aseguraron el concurso de tres empresas a cargo del software (adivinen quiénes serán los dueños de esas empresas) y dejando el procesamiento de los resultados a la empresa Arsat, otrora orgullo nacional pero ahora en manos del hijo del ministro de Comunicaciones Oscar Aguad. De manera que adivinen ustedes a qué partido o coalición va a favorecer.
El sistema de voto electrónico es, hoy por hoy, el mayor peligro inmediato que enfrenta la democracia en la Argentina. Verdadero detritus del maravilloso avance cibernético de estos tiempos, el voto electrónico es cuestionado y está en retroceso en todo el mundo porque, fundamentalmente, impide que los votantes controlen los comicios. Nada menos que eso. Es ya indesmentible la vulnerabilidad de todo sistema de conteo masivo, que además resulta imposible de auditar. No hay ninguna garantía, ninguna y en ningún país del mundo, frente a la posibilidad de hackeos. Por eso Inglaterra, Alemania, Holanda, Irlanda y Finlandia, nada menos, lo han prohibido luego de probarlo algunos años.
Victoria Collier, directora de comunicaciones de la Coalición Nacional de Defensa Electoral de los Estados Unidos y autora de Cómo manipular una elección (Harper's Magazine), publicó el pasado 5 de septiembre un artículo en el portal Truth-out en el que declara que: "En el último mes se ha validado el hecho de que nuestra tecnología de votación es el paraíso de todo pirata informático, tal como lo aceptan ya los principales sistemas de televisión". Enumera todas las cadenas, desde la ABC hasta la CNN, y dice que por eso "los medios y los partidos políticos se declaran en shock ante la perspectiva de que las elecciones norteamericanas sean manipuladas y, sí, robadas".
Collier ha denunciado además los modos que el sistema de su país ha venido implementando desde principios del siglo 19 para modificar distritos, inventar circunscripciones truchas y todo ese perverso sistema que cualquier politólogo conoce como "gerrymandering", término encantador que entre nosotros explica la treta macrista de dividir en cuatro el para ellos inalcanzable Partido de La Matanza, y vocablo que los lectores pueden consultar en la Wikipedia.
Enseguida, y haciendo alarde de ironía y humor negro, la especialista concluye que una y otra vez, y cada vez más, decenas de "expertos informáticos y hackers coinciden en que cada componente de los sistemas electorales electrónicos es ridículamente vulnerable al fraude". Y luego de innumerables casos y comprobaciones concluye que los defensores del voto electrónico dicen siempre que nadie puede probar jamás que las elecciones electrónicas hayan sido trampeadas. Entonces replica Collier: "Por supuesto que ése es el gran problema. Que nunca podemos probarlo. Porque el diseño de los sistemas previene ante todo la detección de fraude. Es el crimen perfecto".
Eso es, para una democracia electoral como la nuestra, lo que estos tipos están tramando: un crimen perfecto contra la voluntad de la ciudadanía.
ADELANTO DEL LIBRO LA MARCHITA, EL ESCUDO Y EL BOMBO, DE
EZEQUIEL ADAMOVSKY Y ESTEBAN BUCH
El origen de los sonidos del peronismo
El libro de Adamovsky y Buch, que publica editorial Planeta, propone "una historia cultural de los emblemas del peronismo", desde los orígenes del movimiento hasta la actualidad. Aquí, un fragmento del ensayo dedicado al bombo.
Juan Clidas, con uno de los bombos que usó desde 1942, cuando era un
joven trabajador de Swift.
Por Ezequiel Adamovsky
A pesar de que existían precedentes, la aparición de los bombos en las manifestaciones peronistas fue considerada en su momento una novedad, un aporte del nuevo movimiento, y así quedó instalada en la memoria colectiva. ¿Cuándo y cómo comenzaron a utilizarlo los peronistas? Comencemos por las historias que circulan hoy para ver luego cuáles de ellas encuentran asidero en los documentos de la época.
Las referencias que lo ubican en un momento más tardío son las que afirman que el bombo hizo su debut en el acto de proclamación de la candidatura de Perón del 12 de febrero de 1946. Esa historia proviene de un testimonio recogido por una revista peronista de los años setenta, según la cual fue aportado por uno de los "Fortines" que se habían organizado espontáneamente para promover esa candidatura. Ese día, fortineros de diversos barrios porteños y del Gran Buenos Aires confluyeron en la intersección de las calles Cabildo y Juramento. Los muchachos del Fortín de Munro habían llevado una banda para acompasar la marcha, pero decidieron regresar a guardar sus instrumentos por temor a que se destruyeran si había disturbios. Entonces su líder, el Dr. Asdrúbal Figueredo, pidió que trajeran al menos un bombo. Así fue que un dirigente del Sindicato del Plástico, de nombre Talabán (más conocido como "Sofina"), fue enviado en taxi a traer su bombo de murga, antes de avanzar hacia la Avenida 9 de Julio, donde tuvo lugar la proclamación. Como no tenía maza, ese día lo tocó con la pata de una silla que rompieron para la ocasión.
A juzgar por sus publicaciones y sitios web, la mayoría de los peronistas cree hoy que el debut fue un poco anterior. Siguiendo la versión difundida por el historiador Fermín Chávez, se afirma que la primera vez que sonó un bombo fue en el acto que el Partido Laborista realizó en Buenos Aires el 14 de diciembre de 1945. Otros, sin embargo, se apoyan en la autoridad de Norberto Galasso para argumentar que en verdad el debut había sido muy anterior y fuera de Buenos Aires. Habría sido en Berisso, durante una visita de Perón en junio de 1944 para hablar en una concentración de los trabajadores de la carne, que espontáneamente unos muchachos con bombos se pusieron al frente de la caravana que avanzaba rumbo al palco. La fuente de esa información es el testimonio que diera en sus memorias el propio Cipriano Reyes, legendario dirigente gremial de los frigoríficos de Berisso (aunque correspondería corregir la fecha de esa visita de Perón, que en verdad fue el 10 de agosto).
Ignorando este dato, finalmente, el famoso bombista, cantante y compositor de murga Eduardo Pérez (alias "Nariz") aseguraba que fue él el primero en llevar un bombo a una manifestación peronista, y que lo hizo en Plaza de Mayo el 18 de octubre de 1945. El bombo era el que usaba con la murga "Los averiados de Palermo", con cuyos integrantes marchó ese día, llevándolo desde el Jardín Zoológico hasta el centro en el techo del tranvía; según su testimonio, fue el único que sonó en esa concentración. Aunque Nariz negaba enfáticamente que el día anterior, el mítico 17 de octubre, hubiera habido bombos, otros testigos presenciales aseguran que sí los hubo. Así lo recordaba, por caso, la escritora María Rosa Oliver, quien vio pasar ese día uno yendo de Retiro hacia Plaza de Mayo, llevado por un grupo de personas a pie que le pareció una murga de carnaval.
¿Qué podemos saber con certeza a partir de estos testimonios? Pasadas décadas, los recuerdos pueden ser muy imprecisos en lo que a fechas refiere. Dado que el bombo llegó al principio de forma más o menos fortuita y, como veremos, no fue hasta mucho más tarde considerado un emblema del peronismo, es perfectamente posible que todos creyeran ser los primeros, sin conocer los precedentes. La primera mención que he encontrado en la prensa lo registra en la manifestación del 18 de octubre de 1945 en Plaza de Mayo, así que podemos estar seguros de que a más tardar se hizo presente en esa fecha (los diarios también lo mencionan en el acto de proclamación de febrero del año siguiente). ¿Qué sabemos respecto de momentos anteriores? Los audios de las grandes concentraciones del 10 de octubre (la despedida de la Secretaría de Trabajo y Previsión) y del discurso de Perón del 17 de octubre del 45 no registran sonidos de percusión, por lo que pueden ponerse en duda los recuerdos que lo ubican allí. ¿Qué decir del precedente de Berisso del 10 de agosto de 1944?
La cuna berissense del bombo puede darse por probada. Las memorias de Cipriano Reyes en este sentido están confirmadas por las de Juan Clidas, entrevistado para este trabajo. En los tempranos años cuarenta Clidas era un joven trabajador del frigorífico Swift, activista de base en el movimiento huelguístico y, además, entusiasta miembro de la murga "Los martilleros", una de las más importantes del lugar. Recuerda haber salido con sus bombos en el acto de agosto de 1944 y nuevamente en octubre de 1945, siempre en compañía de sus compañeros de la murga (quienes, al igual que él, eran trabajadores de la carne). En la zona de Berisso y La Plata, las manifestaciones habían comenzado el día 12 de octubre del 45; desde ese momento y hasta el 17 Clidas y sus amigos salieron con varios bombos, convocando con su ritmo a la gente a agruparse para marchar a pie hacia la capital provincial. Clidas fue peronista ferviente desde entonces, acompañando innumerables manifestaciones con el sonido de sus bombos (salió por última vez en 1974). Otro informante asegura que el 17 de octubre de 1945 otra murga de allí, "Los locos de la terraza", también sacó sus bombos a las calles de Berisso.
El sonido del bombo, en fin, estuvo presente ya en 1944, apoyando al coronel Perón antes de que existiera un movimiento peronista propiamente dicho.
LA CONSTRUCCIÓN DE LA CENTRAL COMENZARÍA RECIÉN EN EL
SEGUNDO SEMESTRE DE 2017
Atucha III todavía sigue en suspenso
Los contratos definitivos se tienen que firmar en diciembre, pero en el gobierno afirman que es probable que se cierren en marzo, cuando Macri viaje a Beijing. La construcción de la quinta central se postergaría como mínimo hasta 2019.
Atucha III se sumará a las centrales nucleares de Embalse, Atucha I y Atucha II (foto).
Por Fernando Krakowiak
La construcción de la central nuclear Atucha III recién comenzaría en el segundo semestre del año próximo y el proyecto de la quinta planta quedaría en suspenso como mínimo hasta 2019. "El MOU (Memorando de Entendimiento) dice que los contratos se tienen que firmar en diciembre, pero como el presidente Macri viaja a Beijing en marzo es probable que se firmen en ese momento. Por lo tanto, Atucha III empezaría a construirse en la segunda mitad del año que viene", señaló a Página/12 una fuente oficial. El acuerdo con China es para la puesta en marcha de dos centrales, pero Argentina quiere demorar lo más posible el inicio de la quinta. "Nucleoeléctrica no está en condiciones de construir dos centrales al mismo tiempo. Por eso pedimos que haya una demora entre el inicio de la construcción de Atucha III y de la quinta central. China le comunicó a Macri en la última cumbre del G20 que aceptan 18 meses de demora, pero nosotros queremos que sean 24 meses", agregó la misma fuente.
El acuerdo con China lo cerró el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El 18 de julio de 2014, el entonces ministro de Planificación, Julio de Vido, dio el puntapié inicial al firmar con el director de la Administración Nacional de Energía de China, Xu Xinxiong, un convenio de cooperación para la construcción de una cuarta y una quinta central, que se sumarán a Embalse, Atucha I y Atucha II. A partir de entonces, se comenzaron a negociar los detalles y el 15 de noviembre del año pasado ambos países le pusieron la firma a los convenios técnicos y comerciales de Atucha III en la ciudad turca de Antalya. Además, en aquel encuentro se acordó la versión final del contrato marco entre Nucleoeléctrica y China Nacional Nuclear Corporation por la quinta central nuclear, que establecía los lineamientos generales sobre los que se deberían desarrollar a futuro los contratos comerciales y financieros para su construcción.
Atucha III será un reactor de uranio natural y agua pesada para aprovechar la experiencia y los recursos que el país tiene en esa área luego de haber concluido Atucha II. Sin embargo, el interés principal de los chinos era venderle al país su reactor PWR de uranio enriquecido y agua liviana, tecnología hacia la cual Argentina tiene decidido migrar pero de modo gradual. Para conformar a ambas partes, el acuerdo contempló financiamiento chino para la construcción de una cuarta central de uranio natural y agua pesada de 760 MW y una quinta de uranio enriquecido y agua liviana de 1000 MW.
Inicialmente estaba previsto que las obras comenzaran este año, pero luego del cambio de gobierno el ministro de Energía, Juan José Aranguren, y el subsecretario del área, Julián Gadano, confirmaron que durante 2016 no habría novedades porque se estaban revisando los contratos. Como parte de esa revisión, propusieron avanzar primero con la central que menos interés les genera a los chinos y postergar dos años la que más los seduce. No parece una oferta muy tentadora, pero aseguran que del otro lado se mostraron abiertos al diálogo y finalmente llegarán a un acuerdo.
Dentro del gobierno remarcan que la postergación de la quinta, no sólo obedece a las limitaciones de Nucleoeléctrica para avanzar con ambas centrales al mismo tiempo. También quieren ganar tiempo para buscarle una nueva ubicación a esa quinta central ya que el objetivo es no instalar otro reactor en Zarate. Por ese motivo, se creó un comité técnico liderado por la Comisión Nacional de Energía Atómica que deberá recomendar un abanico de sitios alternativos.
El gobierno también tomó la decisión de reactivar la planta industrial de agua pesada ubicada en las afueras de la ciudad de Neuquén. Hoy se dará inicio al proceso de puesta en marcha y el plan es que este mes ya se obtenga la primera gota de agua pesada. La planta produce unas 56 toneladas por año con una línea de producción. A ese ritmo es imposible que se lleguen a producir las 500 toneladas de agua pesada que demandará Atucha III. Por lo tanto, se está evaluando sumar una segunda línea de producción.
TEMAS DE DEBATE: ¿CUAL ES EL MODELO
ECONÓMICO QUE PROMUEVE EL MACRISMO?
Hacia dónde está yendo el país ahora
El gobierno nacional presentó recientemente un plan productivo supuestamente inspirado en el modelo australiano. ¿Es posible que Argentina siga los pasos de Australia? ¿Cuáles son los puntos en común y las diferencias?
Producción: Javier Lewkowicz
Comparación problemática
Por Daniel Schteingart *
Está de moda discutir qué posibles modelos tendrían que inspirar a Argentina para convertirse definitivamente en un país desarrollado. Las propuestas son variadas, pero la más reciente es la que postula a Australia como el faro de nuestro destino. ¿Es posible? ¿Es deseable?
Conocido en el mundo angloparlante como "Down Under" por su ubicación geográfica "allá abajo", Australia ha centrado su estrategia de desarrollo, sobre todo desde los años '80, en encadenamientos productivos a partir de los recursos naturales. Ese modelo, centrado en una apertura gradual y la reconversión de sectores otrora protegidos, es el principal inspirador del Plan Productivo que el gobierno nacional presentó la semana pasada.
La comparación no es totalmente novedosa. Los paralelismos entre Argentina y Australia existen desde principios del siglo XX: dos países de colonización europea, con abundancia de tierras y clima templado. El caso australiano, como el de muchos otros países desarrollados, tiene cuestiones interesantes y dignas de atención en términos de política pública, pero creer que Argentina puede ser un calco de Australia es problemática, por varios motivos:
1. Recursos por habitante. Australia tiene la mitad de habitantes que la Argentina y el triple de superficie. La densidad demográfica, ergo, es ocho veces menor. Y la dotación de recursos naturales per cápita (calculada por el Banco Mundial) es cuatro veces mayor (puesto 11 en el ranking mundial) que en Argentina (puesto 40, detrás de Venezuela, Chile y Brasil);
2. Geoestrategia. Australia fue parte del Commonwealth británico primero y un satélite de la "angloesfera" estadounidense después, tras la Segunda Guerra Mundial. Su posición estratégica como enclave "occidental" en oriente fue clave para eso. Y este alineamiento estable y constante la benefició tanto en términos de exportaciones como de sustentabilidad de sus déficits crónicos de cuenta corriente, sea a través de persistentes flujos de capitales o de transferencia tecnológica. Al extremo, algunos analistas como Erik Paul se han referido al país canguro como el "estado 51 de Estados Unidos".
3. Lo que exporta. Contrario a la argentina, la canasta exportable australiana, si bien primarizada, está más centrada en minerales que en alimentos (bienes que impactan directamente en el salario). Eso significa que el impacto del tipo de cambio en las canastas de consumo de la población es más acotado.
4. Inserción regional. En términos de geografía económica, Australia ha tenido desde la segunda posguerra una relación de complementariedad y cercanía geográfica con el Este y Sudeste Asiático, región que en su proceso de industrialización fue particularmente demandante de sus minerales.
Estas diferencias no pueden ser soslayadas a la hora de la comparación. Con todo, el modelo australiano también recurrió a la administración del comercio exterior para erigir un tejido manufacturero de cierta envergadura durante buena parte del siglo XX. Su desarrollo no prescindió de la industria y fue recién en el último cuarto del siglo XX –momento en que ya era ampliamente desarrollado– cuando la industria perdió rápidamente peso relativo en la economía, a medida que ésta se fue abriendo más al comercio exterior. En 2014, su PBI industrial per cápita fue de 3.348 dólares (cifra similar tanto a la de principios de los '70 –cuando ocupaba el sexto lugar del mundo– como al promedio europeo actual), en tanto que en Argentina es de 1.460 dólares.
¿Podemos o queremos ser Australia? La respuesta tiene que ser capaz de separar el proceso del contenido. Australia diseñó un proyecto de desarrollo y logró establecer un marco institucional estable, algo que Argentina, con sus permanentes rupturas políticas, nunca alcanzó. Pero uno de los motivos por los cuales lo consiguió es que el conflicto distributivo nunca llegó a ser de la magnitud del que experimentó históricamente Argentina. "Allá abajo", la distribución del ingreso fue más igualitaria que "aquí abajo", gracias a un compromiso entre trabajo y capital apenas iniciado el siglo XX, regulado luego por medio de mecanismos institucionalmente que permitieron ampliar derechos. Quizás ese sea un buen punto de comenzar a repensar la comparación entre los dos países.
* Doctorando en Sociología (Idaes-Unsam), becario Conicet, profesor UNQ, miembro de SIDbaires.
Una sola idea fuerza
Por Enrique M. Martínez **
Esperar del gobierno actual un modelo productivo, con identificación de sectores a priorizar, sería el resultado de no entender la matriz conceptual del neoliberalismo. La idea fuerza de la cual se desprende absolutamente toda acción posterior es la hegemonía del capital sobre cualquier otro factor de producción, en especial y con carácter acentuado, sobre el trabajo. Eso es lo que piensa cada uno de los funcionarios educados en esa mirada hacia la vida, incluyendo al Presidente de la Nación.
Es justamente por esa razón que un período de gobierno tan breve como de cuatro años se piensa dividido en dos etapas. La primera, que acaba de concluir, se concentró en transferir hacia el capital todo ingreso que se consideró se había deslizado hacia los trabajadores en el gobierno anterior, transferencia que solo tiene los límites fijados por la resistencia social. Se lo llamó sinceramiento cuando en verdad debió haber sido "recuperación de lo cedido".
El propio Presidente acaba de marcar el comienzo de la segunda etapa, a partir de niveles de pobreza que sumaron los efectos del brutal traslado de fondos a la situación recibida en 2015. Ahora el capital tiene las manos más libres para actuar y – según se dice y cree – lo hará para la mejora colectiva. ¿Cómo actuará? Buscando su beneficio, lo cual debería requerir la generación de riqueza que de algún modo todos compartiéramos.
La discusión de ese concepto no es siquiera si es conservador o no; si es equitativo o no. En el actual escenario del capitalismo hegemonizado por las finanzas, el postulado es completamente irreal. Hoy se puede, se elogia y se promueve hacer dinero solo con dinero. Hasta estamos asistiendo a una insólita batalla promovida por Estados Unidos para que sus paraísos fiscales desplacen a los de otros países. Depender de las iniciativas de los dueños del dinero, colocándoles alfombras rojas en pisos, techos y paredes lleva a recibir apenas migajas destinadas a la producción, aplicadas a la explotación de recursos naturales y a algún que otro sector donde se asegure que el salario real es tan bajo que la renta a obtener sea suculenta. Horizonte negro si los hay.
Esa mirada enteramente obsoleta es la que lleva a reiterar el error de beneficiar de manera excluyente al capital, sin obtener resultados adecuados que – aún desde una óptica reaccionaria – garanticen una mínima paz social. Los ejemplos son abundantes.
Van más allá del obvio desaguisado que se generó al considerar a un servicio público como un negocio de los productores de gas, sosteniendo que los ciudadanos deben pagar un precio que ni siquiera se sabe cómo se relaciona con el costo de producción.
Se impulsa la energía de fuentes renovables pero solo a través de grandes empresas, sin tener en cuenta a las cooperativas de servicios y a los millones de ciudadanos que podrían poner paneles solares en sus techos.
Se otorga créditos para viviendas terminadas, financiando así a la especulación, cuando debería habilitarse tierra urbana, lotearla al costo y conseguir que millones de personas accedan a un lote donde construir.
Se concentra hasta lo más elemental, perjudicando a los pequeños productores de alimentos, que sin el peso de los intermediarios podrían acceder a ingresos dignos y además liberar producción exportable por productores más grandes.
Todo se piensa como un negocio, cuando el problema de vivir es otro: es satisfacer las necesidades propias y de la comunidad. Pensar de esta última manera implicaría priorizar al trabajo y considerar al capital como subsidiario. Eso es cicuta para un neoliberal.
No hay modelo productivo. No puede haberlo. Solo se rinde culto a un Dios pagano – el capital – que ya no necesita de las fábricas o campos. Se las arregla con las mesas de dinero, en este camino suicida del capitalismo, que nos quiere arrastrar a todos. De nosotros depende evitarlo.
** Instituto para la Producción Popular.




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